La rumana de la esquina
no ha cumplido los 17.
Cada mañana la veo en el mismo
sitio, quieta
junto al semáforo de Consell
de Cent amb Balmes.
¿Pidiendo? ¿Vendiendo? ¿Esperando?
No lo sé.
La trenza de su pelo alcanza
la curva última
de su espalda, justo
donde nace
un culo secreto envuelto en faldas.
Me pregunto y no
me pregunto cuántas
prendas de ropa
encima de otras prendas
de ropa lleva encima
esta niña que nunca
nunca me dará los buenos días.
© 2004