El talco del invierno cubre las aristas del paisaje. Camino por el sendero que lleva del cementerio al pueblo. Mis huellas se quedan congeladas detrás de mí, oscuras y hondas. Regreso al hogar después de una larga ausencia. Aunque soy el mismo, parezco otro: más fuerte, más feo, más triste. Desde aquí, no distingo bien el tejado de la casa de Tatiana. Espero que me haya perdonado.
© 2004