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la verdadera identidad de pedro calleja

Pon una cheerleader en tu vida

Pon una cheerleader en tu vida

LAS CHICAS DEL POM POM. Mírenlas bien. Llevan la falda corta y la sonrisa larga. Saltan alrededor de un estribillo que parece improvisado. Son guapas, jóvenes, fogosas. Ejecutan rutinas gimnásticas que se dirían coreografiadas por el primo gay de Pepito Grillo. Animan al equipo del instituto, al campeón de la liga profesional o a quien haga falta. Son un producto genuinamente norteamericano. Carne de cañón feminista. Burla de sí mismas. Una institución pop que necesita urgentemente un lifting de credibilidad intelectual.

El cine las adora, porque quedan bien en cualquier parte. Las hay que añaden chispa a historias sin importancia; las hay que se mojan el culo y acaban escaldadas; las hay que pasaban por allí con el chillido puesto y la pierna levantada por encima de la cabeza. La más recordada de los últimos años es Angela, el pizpireto objeto de deseo del protagonista de American Beauty. Mena Suvari le prestaba presencia y mohín adolescente al personaje. Kevin Spacey se volvía loco recordándola, imaginándosela inmersa en una bañera de pétalos de rosa. La crisis de los 40 parecía menos dura teniendo en la cabeza a semejante musa de los sueños húmedos. Aunque fuese la mejor amiga de tu propia hija. Aunque resultase ser una niña disfrazada de starlette X.

La obra maestra de Sam Mendes hizo mucho por rehabilitar la imagen cinematográfica de las cheerleaders. Tanto, que las carteleras están ahora a punto de llenarse de películas protagonizadas por nenas vestidas para animar. No todas responden al tópico sexista de siempre. Las fantasías machistas, a veces, producen monstruos con cerebro.

Los distribuidores españoles le han puesto un título blandengue a Sugar & Spice. Llamando Ingenuas y peligrosas a esta ópera prima de la australiana Francine McDougall, escrita y producida por mujeres, se arriesgan a espantar a los cinéfagos con prejuicios. Y es una lástima, porque la película seduce, apuesta, pega duro, provoca pensamientos políticamente incorrectos. Se inscribe sin esfuerzo en ese curioso subgénero formado por las comedias inteligentes con envoltorio azucarado. Es pura dinamita teen.

SONRÍAN, ESTO ES UN ATRACO. Mena Suvari vuelve a enguantarse los pompones de cheerleader. Encarna a Kansas, una de las integrantes del Equipo A, animadoras oficiales de la Lincoln High School. Hace de chica dura. Su madre (Sean Young) está cumpliendo condena en la cárcel. La mejor amiga de Kansas responde al pueblerino nombre de Diane. Es la jefa del grupo y acaba de quedarse embarazada del capitán del equipo de football (James Marsden). El papel lo interpreta Marley Shelton, promesa incandescente del Hollywood veinteañero a quien hemos tenido el placer de ver antes en Un San Valentín de muerte.

Kansas y Diane reciben el apoyo de sus compañeras: la fan fatal Cleo (Melissa George); la beata Hannah (Rachel Blanchard) y la inteligente Lucy (Sara Marsh). Después de revisar en vídeo las mejores escenas de Le llaman Bodhi y Reservoir Dogs, deciden organizarse y, atención, convertirse en atracadoras de bancos. Premisas argumentales como ésta son las que inyectan adrenalina al cine comercial del siglo XXI.

Otra película con pompones y tópicos dados la vuelta es A por todas (Bring It On), de Peyton Reed. Se centra en la celebración de una competición interestatal de cheerleaders, con todo lo que esto conlleva: entrenamientos, envidias, estrategias, líos amorosos y pinceladas de erotismo bajo la ducha. Kirsten Dunst, que acaba de cumplir los 19, hace de capitana del equipo campeón, Los Toros. Su principal preocupación en el filme consiste en mantener el título sin que salgan a relucir los trapos sucios del pasado.

La rubia Kirsten, la niña vampirizada de Entrevista con el vampiro que nos quitó el aliento con su trabajo al borde del pasmo erótico en Las vírgenes suicidas, se ha metamorfoseado en una estupenda actriz cómica. Lo demostró en la pasada entrega de los premios cinematográficos de la MTV, donde se atrevió a parodiar a la mismísima Madonna. Aquí brilla con luz propia, tirando de un argumento que promete más chicha de la que tiene.

En un territorio bastante más resbaladizo se mueve But I’m a Cheerleader (literalmente: ¡Pero si soy una animadora!), de Jamie Babbit. A su prota, Megan (Natasha Lyonne), la obligan a pasar una temporada en un campamento de reprogramación heterosexual. ¿Los síntomas de su enfermedad?: los almohadones de su cama están estampados con flores pintadas por Georgia O’Keefe; su cuarto está decorado con posters de Melissa Etheridge; cuando besa al capitán del equipo fantasea con sus compañeras. ¿Qué pasa? Lo han adivinado: esta chica es lesbiana.

BARBIES TRASH. But I’m a Cheerleader hubiese necesitado a un John Waters para llegar al fondo de la cuestión. En su lugar, Babbit hace lo que puede. Megan las pasa canutas en el camping hetero, rodeada de sargentas y educadoras raras (una de ellas, interpretada por la mega drag RuPaul). Allí conoce a su media naranja, Graham (Clea DuVall), una jovencita con cara de pocos amigos que la ayuda a salir del armario y a colgar los pompones. Todo en clave de parodia baja en calorías.

Este pedazo de subgénero tiene precedentes tan dispares como Rebeldes temerarios, con Daryl Hannah; Johnny Superstar, con Uma Thurman; No puedes comprar mi amor, con Amanda Peterson, y la teleserie Buffy, la cazavampiros, con Sarah Michelle Gellar. En Tierra prometida, Tracy Pollan interpretaba a una ex cheerleader pija sin futuro. Igual que Jessica Lange en Cuando me enamoro. Ambas compartían sus aburridas existencias con los fracasados capitanes del equipo de football del instituto. Mucho más jugosas resultan Debbie Does Dallas, clásico del porno yanqui de los 70 con la efímera Bambi Woods cepillándose a toda la plantilla de los Dallas Cowboys. O Satan’s Cheerleaders, una gore-movie del montón con animadoras endemoniadas. De los últimos estrenos relacionados con el tema, el punto de vista más agresivo ha sido el de Oliver Stone, que describe a las animadoras como prostitutas cocainómanas en Un domingo cualquiera. Al otro lado de la balanza se sitúa el personaje de Brooke Langton en Equipo a la fuerza, que sólo logra sacar a Keanu Reeves del trance místico en los minutos finales del partido. Cuestión de pompones.

Artículo publicado en el suplemento La Luna del diario El Mundo, en su edición del viernes 6 de julio de 2001.

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2 comentarios

Stefy -

ser cheerleader es lo mejor q me ha pasado en la vida y estoy muy contenta de serlo ya q represento a mi colegio y es una gran oportunidad.me gusta mucho ser cheerleader

Stefy -

ser cheerleader es lo mejor q me ha pasado en la vida y estoy muy contenta de serlo ya q represento a mi coegio y es una gran oportunidad.me gusta mucho ser cheerleader
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