Curva sobre curva sobre curva. No existen esquinas en este cuerpo demoledor. Todo en él subir y bajar. Lentamente. Bajar y subir. Hasta agotarse. Montañas rusas. Pero rusas de verdad. Y montañas. Montañas de cuento nevadas de talco. Parece que toco la superficie de un mar en calma cuando extiendo el polvo blanco sobre su piel.
© 2004