Ignoro cómo satisfacer tanta queja de silencio largo. Me paso las noches en vela tratando de entrar en su pensamiento igual que en su cuerpo. Luego acabo rendido ante la evidencia: las ojeras de secretaria le sientan bien a esa cara de niña consentida que siempre quiere más, que siempre pide más, que siempre calla y juzga y condena.
© 2004