Camina despacio del salón a la cocina, de la cocina al baño, del baño al dormitorio. Desnuda y rencorosa. Se asoma al jardín rozando con los pezones la madera del marco de la ventana. No va a hablarme en todo el día. Desde la cama, sin embargo, percibo una expresión conciliadora en las curvas de su culo respingón.
© 2004