Las formas de las mujeres
del pasado
perduran en el tiempo,
ajenas a la evolución de las costumbres.
Esa adolescente tiene
cuerpo de ánfora
griega;
las caderas
de su madre reposan
sobre dos columnas dóricas;
mi prima
parece sacada
de un fotograma de cine
mudo;
la niña del pijama,
sin pijama,
es una princesa guerrera
de trenzas rubias,
muslos fuertes,
tobillos anchos:
lleva el vientre tatuado.
Pasean por la calle
pin-ups
de calendario
de la Segunda
Guerra Mundial,
musas surrealistas,
groupies de rock’n’roll,
panteras negras
de pasarela,
muchachitas tristes del Este
perdidas para siempre.
Coexisten curvas de épocas distantes
en cuerpos de todos los tamaños,
de todos los colores.
De todos.
© 2004