No entiendo a las mujeres,
pero las fotografío.
En eso
aventajo a los demás
hombres,
que
ni las entienden ni las fotografían.
Entender a una mujer significa entender
todo lo demás:
el amor, la vida, la muerte,
el mundo.
Pocos son capaces.
Fotografiarlas, en cambio, sólo
es una cuestión de
práctica.
Para hacerlo bien, resulta útil
tener
ojo: ojo
fotográfico.
Yo lo tengo.
Me sobra.
Sé mirar a las mujeres
con absoluta transparencia,
valorando instintivamente la singularidad
de sus desnudos.
Uno por uno.
Porque no hay dos desnudos
iguales, como no hay
dos mujeres iguales.
© 2004