Los ojos dibujados de Machiko flotan en la oscuridad como murciélagos. Aprieto su mano fría a través del encaje negro de un guante que arde. Esa canción nos zarandea a los dos al mismo tiempo. Más tarde, juego a trazar la línea de la costura de sus medias con el dedo desde el talón de la bota a la curva de la nalga y merodeo con lengua de lobo solitario cerca de la gargantilla ondulada de su tenso cuello que huele a polvos de arroz o de azúfre. Al final, ensalivo su pensamiento con una cita literaria: NOX EST PERPETUA UNA DORMIENDA. Sólo entonces siento la punzada de sus colmillos en mi alma barata.
© 2004