Machiko vestida de Campanilla Fugada. Me entretengo en los detalles. Cabello rubio, ondulado, tocado por un casquete de perlas en alas de mariposa. Gargantilla de hilos transparentes trenzados con obsesión matemática. Vestido blanco, corto, entallado, sin mangas, bordado en los bordes con escritura roja indescifrable. Medias también blancas, de red prieta, hasta el muslo, prendidas a unas ligas con broche plateado. Zapatos de plataforma sólida, de empeine abierto, anudados a los tobillos en un lío de cordones trepadores. Tres cosas más: boquita carmín sangre, sombra de ojos tumba, uñas de cera constelada. Preciosa. Keiko también lleva siete muñequeras rojas con remaches metálicos de punta roma. Se las compré yo. Así nos conocimos. Ayer.