
Que imagine morderme el cuello mientras lee
Drácula de
Bram Stoker. Que se toque el chandal si yo me toco el pijama a muchos kilómetros de aquí. Que sonría como
Hypocrite haciendo zapping con los calcetines puestos sobre el sofá. Que me escriba un cuento erótico en dos ordenadores portátiles al mismo tiempo. Que me mire con ojos de gata cuando regrese con esencia de rosas en la maleta. Que no desaparezca. Que no.