
Gia, Gianna se sienta en una silla de madera, frente a la ventana, con las piernas abiertas. Inclina el cuerpo hacia delante, reposando los codos sobre sus rodillas dobladas en ángulo recto. No descansa, más bien vigila. Gia, Gianna ha venido de muy lejos a toda velocidad. Tiene un plan. Algo secreto. Yo, que la observo en silencio, sólo sé que sus ojos se aclaran en los días de lluvia. Gia. Gianna.