
Os preguntaréis porqué
y la respuesta será tan vergonzosa que
tendréis que disimular
para no sentir vergüenza ajena.
Diréis: era bueno, fue
el primero, yo
soy yo gracias a él.
Y os quedaréis tan panchos.
Qué triste todo:
mi muerte, mi fracaso, vuestras opiniones.
En vez de epitafio, merezco
una patada en el culo.