
el hombre de tu vida. El padre de tus hijos. El viejo guapo que acompañase tu preciosa vejez de cascarrabias. Tendría que haber utilizado el talento ése que se supone tengo escondido en alguna parte. Dejar de disimular y demostrar lo que valgo. Tendría que, sí, tendría que. Sin embargo, voy a pasar a la historia como tu peor pareja sentimental: un tipejo que casi acaba contigo. Una pesadilla andante que no te va a costar mucho olvidar de puro cutre. Una sanguijuela que, a sus 45 bien cumplidos, se mantiene con lo que gana por las noches pinchando en un rincón. Un imbécil que, de cualquier modo, lo sigue teniendo todo para ser el hombre de tu vida.