
Una promesa.
Una
inmensa
promesa
incumplida
que voy a tener que cumplir en solitario.
No me queda
más
remedio
que seguir amando.
Amor incomprensible.
Amor impracticable.
Amor para campeones del mundo.
No me queda más remedio
que aprender
a quererte.
Ni mejor ni más ni ahora ni en un futuro fantástico.
No.
Quiero quererte
de verdad.
Estudiarlo a fondo.
Aplicarme en ello.
Entrenar duro.
Deseo bucear en ese océano de mariposas
en el estómago
que nos envolvió
el primer día y todos los siguientes.
Cerrar los ojos y cubrirme
con la manta de tus cabellos
extendidos sobre la cama.
Saberme amado
como nunca,
del todo
y para siempre.
Quiero amarte porque sé
hacerlo.
Porque sé.
Y si no estás,
será que Tokio nunca nos quiso.