
Yo me hago un master en rancheras si es preciso, vida mía, para que vuelvas conmigo. Me hinco de rodillas ante el altar de todas las iglesias, prometiéndote amor eterno. Le pongo el nombre que tú quieras a la preciosa hija que tengamos, con tal de que te quedes a mi lado, corazón. Ya no te miento más. Ni te engaño ni te ignoro ni te robo. Para que no te vayas, me pongo el mejor traje de mariachi y no te dejo dormir hasta las mañanitas. Que quiero hacerte sonreir con mil palabras. Mirarte hasta que se te caigan las cosas de las manos. Y si decides marcharte de todos modos, igual me hago un master en rancheras, para pasar el duelo como los machos: llorando tequila en un infierno de reproches.