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la verdadera identidad de pedro calleja

TELEVISION

Niños preparados para el futuro

Niños preparados para el futuro

He escrito y dirigido tres documentales: "Niños preparados para el futuro con Ferran Adrià", "Niños preparados para el futuro con Paula Farias" y "Niños preparados para el futuro con Nacho Vigalondo". Se están emitiendo ahora mismo por Canal + Xtra. Es una idea de la agencia de publicidad *s,c,p,f... para Bimbo y Canal +, producida por Sofa. El lunes 13, a las 2:20, se emite el de Adrià. El viernes 17, a las 13:45, el de Vigalondo. El lunes 20, a las 4:52, otra vez el de Vigalondo. El viernes 24, a las 4:30, el de Farias. El sábado 25, a las 5:55, de nuevo el de Adrià. Y el domingo 26, a las 5:20, una vez más el de Vigalondo.

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Canal Cero: TV Sex

Canal Cero: TV Sex

Este texto lo publiqué el domingo 7 de enero de 1996, en el suplemento La Revista del diario El Mundo. Pertenece a una serie de columnas televisivas tituladas Canal Cero.

Una reciente lectura del clásico de la ciencia ficción Crash, de J.G. Ballard, me ha sumido en un extraño trance mediático. ¿Qué pasaría si la televisión se convirtiese en un compañero de juegos sexuales? Todavía no existen demasiados casos de telefilia consumada, al margen de esos performers sadomasoquistas que se cuelgan pesados aparatos de sus testículos y de esos millones de anónimos acariciadores de pantalla. Estoy seguro, sin embargo, de que en estos mismos momentos hay un montón de soñadores delante de sus teles, esperando anhelantes el momento en el que se produzca el milagro del contacto con tacto. De hecho, el auténtico desafío de los investigadores de la Realidad Virtual debería ser, precisamente, ése: poder conectar en la intimidad a las estrellas de la TV con sus admiradores más calientes.

Un primer paso sería poner a punto una serie de trucos excitantes: unas gafas electrónicas que quitasen la ropa a nuestros favoritos y favoritas, o descodificar la emisión de las películas porno del Canal + mediante impulsos corporales a través de una instalación ciberpunk subcutánea. Los ideólogos deberían ir tomando nota: la mejor forma de explicar qué es o qué puede llegar a ser la televisión interactiva y a la carta es excitando al personal. El telesexo no tiene ni punto de comparación con el teletexto.

ilustración de miguel ángel martín

Desprotegidos

Desprotegidos

Estamos desprotegidos. No podemos escapar. Por lo menos, yo. Enciendo la tele y es que me descompongo vivo. Hoy he sufrido el estreno de la nueva teleserie de Antena 3 y casi me dan los siete males juntos. ¡Qué mala es Los protegidos, reDios! Mal concebida, mal escrita, mal realizada, mal iluminada, mal montada. De los actores, no digo nada, porque ellos no tienen la culpa de tener que trabajar en semejantes condiciones. ¿Culpables? Ahí van los nombres de algunos: Ruth García y Darío Madrona (creadores, guionistas), Ignacio Mercero (productor, realizador), Emilio A. Pina (productor)... y, por encima de todos ellos, los ejecutivos de la cadena que se atreve a emitirla. Esto no es televisión de calidad. ¡Esto es un subproducto tercermundista! Es Heroes o Misfits con la musiquilla de Eduardo Manostijeras, pero hecha por un grupo de teatro amateur del instituto. Tremendo.

¡Aquí va a pasar algo!

¡Aquí va a pasar algo!

Tenemos la televisión que nos merecemos. Es decir: una de las mejores. Basta apuntar con el mando a distancia a otras latitudes catódicas y zapear concienzudamente. EEUU, Japón, Sudamérica, toda Europa. ¡Nada que hacer! No existe una programación tan mutante y divertida como la española. Quizá sean ellos los que inventan los formatos, pero nosotros les añadimos sal, pimienta y sustancias alucinógenas.

Sucedió con el primer Gran Hermano y con algunas fases —y frases— de la segunda temporada de Supervivientes. Pasa, una noche sí y otra también, con los coloquios chiripitifláuticos de Crónicas Marcianas, Tómbola y El Vagamundo. Acaba de pasar hace un par de semanas con la emisión-piloto de Confianza Ciega. Me refiero al chispazo eléctrico, a ese no-sé-qué irracional que nos engancha a la pequeña pantalla. Los programas que, como éstos, combinan astutamente realidad, ficción y parasicología social afectan al hipotálamo y desordenan las neuronas. Producen un placer indescriptible y vergonzante. Ni el cine ni la literatura ni el teatro ni la gastronomía llegan tan lejos. La hipocresía es lo único capaz de anular su poder de seducción. Curiosamente, los intelectuales siguen negándose a reconocer que sólo la tele provoca este tipo de sensaciones. Allá ellos.

Operación Triunfo pertenece a este grupo de fenómenos mediáticos. Los teleadictos más curtidos alucinamos viéndolo. Parece una versión interactiva de la serie Fama; un experimento metalingüístico digno del primer Orson Welles, el de la emisión radiofónica de La guerra de los mundos; una gran broma que todo el mundo ha acabado tomándose en serio.

Los chicos y chicas que estudian en la Academia tienen pinta de actores que interpretan personajes de ficción. Sus diálogos suenan huecos y emocionantes al mismo tiempo. Nina hace de profesora severa con el convencimiento de una esquizofrénica que se disfraza de Darth Vader. Me da que éste es el primer concurso de talentos de la historia del medio televisivo que adopta el esquema de un falso documental emitido en directo. O algo muy, muy parecido.

La originalidad de OT también se mide por su capacidad de reacción ante las críticas adversas. Atentos a lo que se ha ido publicando semana tras semana en las páginas de humor conspiranoico de LA LUNA, los responsables del programa se han sacado de la manga amnistías navideñas y oportunas repescas. Tampoco han dudado en montarse una mercadotecnia multimillonaria e invitar al plató a estrellas del artisteo en época de promoción. Han demostrado ser astutos, ágiles y oportunistas: tres de las virtudes que caracterizan a la mejor televisión del siglo XXI.

Por último, lo que más me seduce de OT como espectador y ciudadano ávido de emociones fuertes son sus efectos secundarios: 1) La inminente aparición de copias conformes en otros canales televisivos como concursos de modelos, actores y futbolistas; 2) La irrupción de decenas de cantantes clónicos en el mercado discográfico español: lo único que les diferenciará serán sus nombres de pila; 3) La proliferación de academias privadas similares a la descrita en el programa, una de ellas dirigida por la mismísima Nina; 4) El abandono masivo de los estudios universitarios en favor de estas academias de perfeccionamiento artístico; y 5) El resurgimiento del movimiento punk a través del karaoke. Aquí va a pasar algo. ¡Por fin!

Artículo publicado en el suplemento La Luna del diario El Mundo, en su edición del viernes 15 de febrero de 2002.

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Fernando Chinarro: El abuelo superpop

Fernando Chinarro: El abuelo superpop

Gaby tocaba un saxofón pequeñito, Fofó cantaba canciones surrealistas, Miliki volcaba cubos llenos de pintura desde lo alto de un andamio y Fofito se olvidaba de echar la llave a la jaula de los leones. Adivinen quién acababa entre rejas, harto de serenatas, rodeado de fieras hambrientas y manchado de la cabeza a los pies: ¡El Sr.Chinarro! Caracterizado de guardia urbano, médico, bombero o vecino, su destino siempre estaba marcado por el batacazo. Durante más de 10 temporadas, de 1972 a 1983, los payasos del Gran Circo de TVE pusieron a prueba la paciencia de este personaje con todo tipo de bromas pesadas. "Me llegaron a disfrazar de mosquito —recuerda el afectado— en un episodio en el que me iba reduciendo de tamaño por culpa de un experimento".

Fue Gaby el que se empeñó en llamar Sr.Chinarro al actor Fernando Chinarro, en un juego de identidades confundidas digno de Lewis Carroll. "La gente que me pedía autógrafos no se creía que yo me llamase realmente así. Les parecía un apellido poco corriente. A los niños, en cambio, no les sorprendía nada". Son estos mismos niños, hoy en la treintena, los que han convertido a este madrileño de 68 años en un icono generacional capaz de codearse con cortometrajistas y músicos de post-rock. "Me solicitan mucho para rodar cortos y óperas primas. Los chicos me recuerdan como un personaje entrañable. Han crecido viéndome en la tele: con los payasos en los 70, con Alaska en La bola de cristal y de conserje en la serie Querido maestro".

Precisamente hoy se estrena uno de estos filmes realizados por novatos con nostalgia retropop. Se titula Peor imposible: ¿Qué puede fallar? La dirigen David Blanco y José Semprún, amantes de la comedia clásica y la acción doméstica. Cuenta la peripecia de un estudiante freak (Víctor Clavijo) que celebra su vigésimo cumpleaños en compañía de una novia apetitosa (Elsa Pataky), un hermano liante (Guillermo Toledo), un fiambre recalcitrante (Ildelfonso Tamayo), un mafioso peligroso (Pere Ponce) y montones de colegas desatados. "Yo hago de abuelo —dice Chinarro—. Al final, me quedo con las chicas, la droga y el dinero".

A Fernando también hemos podido verle en la comedia juvenil Gente Pez, de Jorge Iglesias, con guión del historietista Mauro Entrialgo, y en varios cortometrajes de Kepa Sojo, Gabriel Velázquez, Dany Campos y Tucker Dávila, que darán el salto al largo en cuanto se despeje la crisis del sector. "La industria del cine está delicada —se queja Chinarro, que es miembro de la Unión de Actores desde su creación y del comité seleccionador de cortos nominados al Goya—. Es imposible competir con los americanos. Cada vez resulta más difícil estrenar en condiciones".

El área de influencia de Fernando Chinarro como fetiche alternativo se extiende también al territorio de la música indie nacional. Antonio Luque, un sevillano sin grasia que lleva una década al frente del grupo Sr.Chinarro, es un tipo excéntrico que compone e interpreta temas que afectan a las glándulas de crecimiento de los seres humanos. Sus discos, editados por Acuarela, son los preferidos de los críticos serios. "Una vez fui a un concierto suyo en la sala El Sol —confiesa Chinarro, el actor—. Yo estaba afónico y no pude hablar con ninguno de los miembros, pero conocí a una chica que creo que era la novia del cantante. Me confirmó que él era un gran fan de Los payasos de la tele y que por eso el grupo se llamaba así. La música era un poco rara, la verdad, pero me gustó".

Artículo publicado en el suplemento La Luna del diario El Mundo, en su edición del viernes 19 de julio de 2002.

Betty Superstar

Betty Superstar

Hay quien se excita sexualmente viendo dibujos animados. Es así. Podrá parecer extraño, pero no deja de tener su lógica, visto lo lejos que hemos llegado en esto de la cultura basura para minorías freakies. De hecho, a estas alturas del siglo XXI, la cultura basura ya ha dejado de ser basura y los freaks nos hemos transformado todos en expertos de la fenomenología mutante. Volviendo a lo de antes: ¡La animación pone que da gusto! Y no me refiero sólo a la japonesa. El programa televisivo Toon Toon, que se emite semanalmente por Canal 33, dedica siempre unos minutos de su emisión a las entrevistas con famosos. Al estar el programa enteramente dedicado a los dibujos animados para postadolescentes y adultos sin prejuicios, las preguntas giran en torno a conceptos tan interesantes como “¿De qué sexo es la Pantera Rosa?” o “¿Con quién te irías a la cama, con Wilma Picapiedra o con Betty Mármol?”

Sobre la hipotética masculinidad o femineidad del felino creado por DePatie y Frelenz no se ha puesto de acuerdo nadie: Cicciolina piensa que es una chica; Andreu Buenafuente asegura que es un tío; Pedro Almodóvar sugiere que podría ser una drag-queen, y a Santiago Segura ni le va ni le viene. En el conflicto entre Wilma y Betty, sin embargo, la cosa está clara: la que se lleva la palma por amplia mayoría de votos es la morenita. De Alex de la Iglesia a Jess Franco, de Jeff Miles a Mucho Muchacho, de Nacho Vidal a Roberto Malone, todos la consideran más morbosa que su vecina rubia y aburguesada.

Lo más sorprendente del affair Wilma vs. Betty es que ninguno de los encuestados parece extrañarse lo más mínimo por la contundencia sexual de la pregunta. De hecho, a lo largo de más de cuarenta programas, los responsables de Toon Toon afirman que eso de imaginarse a uno mismo ensayando posturas del Kama Sutra con éstos u otros personajes animados está a la orden del día. Sin ir más lejos, en el libro Deviant Desires. Incredibly Strange Sex (Juno Books, 2000), de Katherine Gates, dedicado a todas las desviaciones eroticofestivas imaginables, aparecen reseñados los flurverts, que son aquellas personas que practican sexo entre sí disfrazadas de animales de peluche o personajes antropomórficos de dibujo animado. También los aficionados al manga esconden en su interior a genuinos gourmets del cartoon subido de tono. Basta con darse una vuelta por Internet para descubrir miles de páginas web especializadas en hentai, que es el término que engloba al manga y al anime de temática erótica o pornográfica.

Las imágenes hentai se caracterizan por conservar esa estética tan característica de los tebeos y dibujos animados japoneses: adolescentes con rasgos infantiles y grandes ojos, órganos sexuales sugeridos o desmesurados (según si los dibujos están censurados o no), líneas cinéticas muy marcadas y un acabado romántico-kitsch subido de tono. En las galerías hentai se lleva mucho el sadomasoquismo light, aunque las Lolitas con grandes pechos siguen siendo el trofeo más codiciado por los adictos veteranos.

La última sensación en materia de sexo animado lleva el sello de Private. Se vende en formato dvd y se titula 2funky4U (algo así como Demasiado guarro para ti). Según sus promotores, se trata de la primera película X de la historia del cine enteramente generada por ordenador (con técnicas digitales en 3-D). El estilista bizarro Michael Ninn, autor de títulos de culto como Shock, Latex, Diva y sus múltiples secuelas, figura como director del invento. Barbara Brown es la autora del guión, protagonizado por unos afroamericanos —Darrell ‘The Black Bone’ Johnson y Chlovee ‘The Curve’ Crawford— que buscan financiación para rodar un porno. La única persona que parece dispuesta a ayudarles es la jefa mafiosa Big Mama, una gorda repelente que les pide sexo a cambio de la pasta. Enseguida se unen a la fiesta varios sementales cachas, un par de Barbies neumáticas y un enano superdotado que responde al apodo de Biggy Small.

¿Que si funciona? Sí y no. Las escenas hardcore tienen una especie de textura gomosa que descoloca; los pechos de las chicas, más grandes que sus propias cabezas, poseen vida propia, y a los penes sólo les falta hablar. Por lo demás, después de 65 minutos de mete y saca al estilo 2funky4U, lo único que le apetece a uno es engancharse a un videojuego de supervivencia sexual tipo Lara Croft: Tomb Fucker. Lo malo es que todavía no está inventado.

Artículo publicado en la sección Reciclaje del suplemento Cultura/s del diario La Vanguardia, en enero de 2003.

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