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la verdadera identidad de pedro calleja

Tiana y el sapo

Tiana y el sapo

Ayer, viernes 5 de febrero de 2010, publiqué este texto informativo sobre The Princess and the Frog, en el suplemento Metrópoli del diario El Mundo. Me reí mucho viéndola en la mejor de las compañías.

Con su nueva producción, Tiana y el sapo, Disney recupera el espíritu, las formas, la música y el sentido del humor del mejor cine animado de los años noventa. Y lo hace prescindiendo de andamiajes y oropeles digitales en 3 dimensiones, echando mano de técnicas y fórmulas tradicionales convenientemente puestas al día. A los mandos de todo el proyecto encontramos a los guionistas y realizadores Ron Clemens y John Musker, responsables creativos de clásicos modernos del género como La Sirenita y Aladdin. De la banda sonora se encarga Randy Newman, compositor habitual de las películas de Pixar, quien, en esta ocasión, cuenta con la colaboración del letrista Glenn Slater, famoso por su trabajo en La Sirenita junto al músico Alan Menkes.

La música ocupa un lugar muy destacado en Tiana y el sapo. No sólo por estar el film ambientado en Nueva Orleans, en la década de los locos años veinte, en plena efervescencia del jazz y los ritmos bailables, sino por la docena de números musicales que se incluyen en el metraje, interpretados todos ellos por los propios protagonistas de la historia, sean éstos humanos o no. El resultado final de la propuesta se acerca mucho al estilo y la estética popularizadas en el siglo XX por los célebres espectáculos de Broadway, sólo que añadiéndole a la receta una buena dósis de comicidad disparatada.

La sufrida protagonista de Tiana y el sapo es Tiana (doblada en inglés por Anika Noni Rose, vista en Dreamgirls), una joven afroamericana de familia humilde que trabaja sin descanso para poder hacer realidad su sueño (y el de su fallecido padre): regentar un restaurante chic. La madre de Tiana se llama Eudora (Oprah Winfrey) y se gana la vida cosiendo para familias ricas. Una de estas familias es la de los La Bouff. Precisamente, una de las mejores amigas de Tiana es Charlotte (Jennifer Cody), la hija del señor La Bouff (John Goodman). Charlotte es una típica flapper girl de los años del Charleston: una jovencita alocada y caprichosa, siempre vestida a la última moda, que sueña con casarse con un príncipe.

El príncipe de esta historia procede de un país europeo ficticio, Maldonia, y responde al exótico nombre de Naveem (Bruno Campos). Sus tres principales pasiones son el jazz, la juerga y las mujeres. Lógicamente, nada más poner un pie en Nueva Orleans, Naveem se mete en líos y acaba transformado en un sapo por culpa de las malas artes de un brujo experto en vudú, el Doctor Facilier (Keith David), que es algo así como el hijo que hubiesen podido tener el Capitán Garfio y Cruella De Vil.

El príncipe sapo Naveem le pide a Tiana que le dé un beso en la boca para anular el hechizo de Facilier, pero las cosas no salen como estaban previstas y la joven también se convierte en rana. Entran entonces en escena tres personajes secundarios descacharrantes: el cocodrilo Louis, que toca la trompeta como Louis Armstrong; la luciérnaga de los pantanos Ray, que está enamorado de una estrella, y la sacerdotisa vudú Mama Odie, que no ve tres en un burro.

El guión de Tiana y el sapo se basa en el libro La princesa rana, de E.D. Baker, que a su vez era una versión en clave femenina de una fábula tradicional popularizada por los hermanos Grimm en el siglo XIX. “Nuestra protagonista es una mujer independiente que mira hacia el futuro ​—señala el correalizador Ron Clemens—. Tiene las ideas claras. Sabe lo duro que es ganar dinero trabajando día y noche. No sueña con príncipes azules ni hadas con varita mágica. Es una mujer moderna. Una pionera, valiente y decidida. No es la típica chica guapa y desvalida de los cuentos”.

La única vez que Tiana se permite soñar despierta es cuando canta la canción Almost There y se imagina cómo será su restaurante, en una de las secuencias más brillantes del film, inspirada por el diseño gráfico de los carteles publicitarios de los años veinte. Otro momento impactante es el número musical fantasmagórico del Doctor Facilier, que recuerda un poco al del Hombre del Saco de Pesadilla antes de Navidad.

“Hemos disfrutado mucho recreando el Nueva Orleans de la época dorada del jazz —afirma el correalizador John Musker—. Recopilamos centenares de fotos de aquellos años. Todo lo que sale en la película está basado en la realidad: las casas, la ropa, los muebles, los coches de caballos, los barcos de vapor... y la cabalgata del Mardi Gras”.

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