Diabolik y Eva Kant en la cama con billetes
Envío el mismo sms a tres amigos cinéfagos: “¿Cura de cine favorito?” Recibo respuestas distintas. El primero recuerda al Padre Karras (Jason Miller) de El exorcista, sumido en una crisis de fe galopante; el segundo propone al Padre Berriatúa (Alex Angulo), el jesuíta pequeñito de El día de la Bestia, que busca al Anticristo a los pies de las Torres Kío; el tercero se hace el gracioso apostando por Neo (Keanu Reeves), el hacker mesiánico de Matrix y sus secuelas. Mi novia (ahora, ex), que lee este texto mientras lo escribo, señala un dato a tener en cuenta: “En el 90 por ciento de las películas españolas con más de tres actores en el reparto, aparece un cura”. No le falta razón. Hagan una sencilla prueba mental: imaginen a cualquier intérprete nacional disfrazado de cura. ¿A que les suena? Prácticamente todos han pasado por la vicaría. Desde Fernando Fernán Gómez alucinando pepinillos misioneros en Balarrasa, al cantante Raphael, arrepintiéndose de su pasado canalla en El Ángel. ¿Que a cuáles me llevaría yo a una isla desierta? Fácil: al cura pirado (Albert Plá) que canta Soy rebelde a las putas en Airbag; al cura asesino (Jess Franco) que escribe novelas porno en El sádico de Notre-Dame, y al cura recalentado (Simón Andreu) que se acuesta con Esperanza Roy en El sacerdote. Tres excomulgados.
Texto publicado en el diario El Periódico de Catalunya, en marzo de 2004.
La Atlántida de Platón era una utopía socialista marcada por la fatalidad divina. La de las novelas y películas de serie B, en cambio, parece un balneario exótico para aventureros. Lo habitan mujeres fatales y pérfidos científicos. Al final, siempre se hunde en el mar o se desvanece en el aire. No hay término medio. Ahí va un resumen urgente de incidencias catastróficas.
La Atlántida (G.W.Pabst, 1932). Segunda versión cinematográfica de la novela de Pierre Benoît. Expresionismo alemán al servicio de una historia de ‘amour fou’ más allá de la muerte. La musa Brigitte Helm encarna a la reina Antinea, devoradora de hombres rubios.
Undersea Kingdom (B.Reeves Eason y Joseph Kane, 1936). Serial yanqui al estilo Flash Gordon. El mazas Ray ‘Crash’ Corrigan viaja al reino sumergido para tratar de poner orden entre los atlantes de derechas y los de izquierdas. Todos van vestidos de romano, se desplazan a caballo, tienen mascotas robóticas y gesticulan como Chiquito de la Calzada.
La Atlántida (Gregg Tallas, 1949). La mejor adaptación del texto exótico de Benoît. La Atlántida está situada en medio del desierto. Dos legionarios pierden la cabeza por María Montez, que interpreta a una diva inmortal que colecciona amantes petrificados en la sala de trofeos de su palacio. Un clásico de la videoteca de Terenci Moix.
Fire Maidens of Outer Space (Cy Roth, 1956). Psicotronía británica para cinéfagos sin escrúpulos. Un grupo de astronautas descubre que la 13ª luna de Júpiter está colonizada por chicas en bañador que bailan la danza del apareo galáctico. No me pregunten porqué, pero son descendientes de los últimos atlantes.
El continente perdido (George Pal, 1961). El productor de La guerra de los mundos nos cuenta la historia a su manera. Un marinero griego acompaña a la princesa de La Atlántida a su casa. Allí, entra en contacto con una civilización avanzada. El malvado de turno, escoltado por un ejército de hombres-bestia, amenaza con utilizar energía atómica para apoderarse del trono. ¡Que empiece la fiesta!
La conquista de la Atlántida (Vittorio Cottafavi, 1961). Peplum para viciosos. El héroe mitológico Hércules, encarnado por el musculoso Reg Park, se enfrenta cara a cara con la pérfida monarca de La Atlántida, Antinea, interpretada esta vez por la escultural ‘pin-up’ norteamericana Fay Spain.
El conquistador de la Atlántida (Alfonso Brescia, 1965). Otra pieza de culto para los amantes de las faldas cortas, las pantorrillas duras y los argumentos surreales. El semidios Hércules (Kirk Morris) naufraga cerca de la Atlántida y descubre que un nigromante se dispone a invadir el mundo con un puñado de zombies robóticos teñidos de azul.
Santo contra Blue Demon en la Atlántida (Julián Soler, 1969). Un villano a lo Dr.No que vive en una guarida ‘high tech’ construida en las ruinas de la Atlántida. Un rayo misterioso capaz de controlar las mentes. Dos campeones de lucha libre que duermen con la máscara puesta. En efecto, amigos: estas cosas sólo pasan en México.
Los conquistadores de Atlantis (Kevin Connor, 1977). El galán Doug McClure —más conocido como Trampas, el vaquero patoso de la teleserie El Virginiano— encabeza una expedición hacia La Atlántida. Le dan la bienvenida una docena de monstruos de látex.
La isla de los hombres peces (Sergio Martino, 1978). Barbara Bach, chica Bond, top-model y esposa de Ringo Starr, el batera de los Beatles, sufre el acoso de un grupo de figurantes disfrazados de pez. Los guionistas improvisan la historia alrededor de esta premisa. Hay doctor loco, presidiarios fugados, ritos de vudú y, ¡sorpresa!, la maqueta de una ciudad sumergida que podría ser La Atlántida.
Los invasores del abismo (Ruggero Deodato, 1983). Científicos pasados por agua y exveteranos de la guerra de Vietnam naufragan en una isla y unen sus fuerzas para combatir a una banda de ‘freaks’ liderados por un individuo con el cráneo de cristal. ¿Son atlantes? ¿Son primos lejanos de Mad Max? ¿Son ‘hooligans’ de vacaciones?
Texto completo de un artículo publicado en el diario El Periódico de Catalunya, en noviembre de 2001, como apoyo a una reseña de Atlantis (Gary Trousdale y Kirk Wise, 2001).
Don Coscarelli ha escrito y dirigido tres de las películas fantásticas más originales y desconcertantes de los últimos 25 años: Phantasm (Phantasma, 1979), The Beastmaster (El Señor de las Bestias, 1982) y Bubba Ho-tep (2003). Sólo por eso, merece ocupar un puesto de honor entre los grandes del género. / Su obra, por muy escasa y excéntrica que les pueda parecer a muchos, no sólo ha logrado generar un seguimiento fanático a escala mundial, sino que cada vez interesa más a los críticos menos frívolos. / Por si fuera poco, su biografía está repleta de anécdotas curiosas y misteriosas lagunas. ¿No es esto motivo suficiente para redirle un homenaje en toda regla? / Pues eso.
PESADILLA ADOLESCENTE. Rememoro. Año 1980. Tengo 16 años. Estoy sentado en una butaca de un cine de barrio de Carabanchel Bajo, en la zona sur de Madrid. / Se encienden las luces de la sala. Acabo de ver Phantasma y todavía no sé si me ha gustado o no. / De camino a casa, decido que la película no tiene ni pies ni cabeza. Que su director, un tal Coscarelli, debe de ser uno de esos tipejos sin escrúpulos que fabrican taquillazos en serie sin respetar las reglas básicas del terror postmoderno al estilo de John Carpenter, Tobe Hooper o George A. Romero. / Un bluf, vamos. / Pero pasan lo días y no puedo dejar de pensar en el Hombre Alto, las Esferas Taladradoras y los Enanos de la 4ª Dimensión. Ay. / Al finalizar el año, Phantasma ya se ha convertido en una de mis películas fantásticas favoritas de la temporada. / De todas las temporadas. / En apenas unos meses, he pasado de la incredulidad más conservadora a la fascinación más irracional. / ¿Cómo se explica esto? / No lo sé. Aún hoy soy incapaz de determinar con exactitud qué tiene de especial Phantasma. / ¿Será algo relacionado con su extraño ritmo narrativo? ¿Con su estética hortera de pesadilla colorista? ¿Con su putrefacto aroma a espíritu adolescente pre-Kurt Cobain? Mmmm. / Vayamos por partes.
NIÑATO PRODIGIO. Don Coscarelli nace en Trípoli (Libia), el 17 de febrero de 1954. Su padre, Donald Coscarelli, pertenece a las Fuerzas Aéreas Norteamericanas. Su madre, Kate Coscarelli, ha sido periodista antes de casarse. / A finales de los años 50, la familia al completo se instala en Long Beach (California). Allí crece el pequeño Don, junto a su hermana, la futura doctora en psiquiatría Anne Coscarelli. / Don se pasa los días y las noches filmando cortometrajes en súper-8, protagonizados por sus amigos y vecinos. Con alguno de estos cortos, gana un par de premios en la televisión local. / A principios de los 70, después de que su solicitud para estudiar cine en la UCLA sea rechazada, Don invierte los ahorros de su familia en un largo independiente: Jim The World’s Greatest, coescrito y codirigido junto a su amigo Craig Mitchell (el mismo que, en 1983, remontará y redoblará una serie Z de 1959, The Hideous Sun Demon, transformándola en una subparodia delirante titulada What’s Up, Hideous Sun Demon).
NIÑATO PRODIGIO 2. Jim The World’s Greatest, que se rodó con un presupuesto de 250.000 dólares, llega a las salas de exhibición en 1975. La distribuye Universal. Con sólo 19 años, Coscarelli se convierte así en el cineasta más joven de la historia que logra estrenar una opera prima con el apoyo de un estudio importante. / Jim The World’s Greatest describe las desventuras de un adolescente maltratado por un padre alcohólico que también abusa de su hermanito pequeño. / 1976. Segundo largo. Kenny & Company. Distribuido por 20th Century Fox. Todo un éxito en Japón. Recrea las divertidas andanzas de tres amiguetes quinceañeros que empiezan a hacerse mayores. Ya sabéis: el primer beso, el primer cigarrillo, la primera pelea… / A estas alturas, Don, con 22 años, sigue disfrutando de su estatus de niñato prodigio de la industria. / 1979. Tercer largo. Phantasm (Phantasma). 300.000 dólares de presupuesto. Recauda millones en todo el mundo. Un dato: en España la ven 1.340.102 espectadores (15 años más tarde, El día de la Bestia, de Alex de la Iglesia, por poner un ejemplo comparativo, será vista por 1.416.712 personas). / 1982. Cuarto largo. The Beastmaster (El Señor de las Bestias). Distribuido por Metro Goldwyn Mayer. Guión inspirado ligeramente en una serie de novelas de la escritora Andre Norton (1912-2005), coescrito por Coscarelli y su amigo Paul Pepperman (responsable de los efectos especiales de Phantasma y ayudante de dirección en Kenny & Company).
PARENTESIS ANIMALESCO. En The Beastmaster (El Señor de las Bestias), Marc Singer encarna a Dar, un guerrero bárbaro capaz de comunicarse con los animales, y Tanya Roberts es Kiri, una macizorra prehistórica. Ambos, en compañía de dos hurones, un águila y un tigre negro, se enfrentan a todo tipo de monstruos, hechiceros, brujas y muertos vivientes. La película es trepidante, simpática y fresca. Mucho más que la mayor parte de productos similares de Fantasía Heróica post-Conan. / Costó 9 millones de dólares, pero sólo recaudó 3 en taquilla. Por fortuna para sus productores, al cabo de unos años, la película se convertiría en un superhit de los canales de televisión por cable. / Existen dos secuelas y una teleserie, que nada tienen que ver con nuestro querido Don.
NIÑATO PRODIGIO 3. Acelero un poco y resumo. / A mediados de los 80, Coscarelli está a punto de dirigir Miedo azul (Silver Bullet, 1985), adaptación de El ciclo del hombre-lobo, de Stephen King, pero abandona el proyecto por no ser capaz de entenderse con el productor Dino DeLaurentiis, que le acabaría endosando el marrón a Daniel Attias. / 1988. Quinto largo. Phantasm II (Phantasma, el regreso). Primera secuela de la Saga Phantasma. / 1989. Sexto largo. Survival Quest. Una película de supervivencia en parajes agrestes, protagonizada por Lance Henriksen, Dermott Mulroney y Catherine Keener. Sin éxito. / 1994. Séptimo largo. Phantasm III: Lord of the Dead (Phantasma, el pasaje del terror). Tercera entrega de la Saga Phantasma. / 1998. Octavo largo. Phantasm IV: Oblivion. Cuarta entrega de la Saga Phantasma. / 2002. Noveno largo. Bubba Ho-tep. / 2005. ¿Décimo largo? Incident On and Off a Mountain Road. Primer episodio de la teleserie Masters of Horror, producida por la cadena Showtime, integrada por otras doce entregas realizadas por individuos del calibre de John Carpenter, Tobe Hooper, Dario Argento, Joe Dante, John Landis, Mick Garris, Takashi Miike, Roger Corman, Stuart Gordon, Larry Cohen, Lucky McKee y William Malone. / ¡Uf! ¿Nos detenemos un poco para retomar el aire?
PARENTESIS FAMILIAR. Kate Coscarelli, la madre de Don, que falleció en 1999, además de ser diseñadora de producción, figurinista y maquilladora en muchas de las películas de su hijo, desarrolló una sorprendente carrera paralela como escritora de best-sellers románticos. / Vendió millones de libros. / ¡Alucina, vecina!
CONFESIONES DE UN PHAN FATAL. Traca final. La Saga Phantasma no se parece a ninguna otra saga cinematográfica. A pesar de rodarse a lo largo de dos décadas, con presupuestos mínimos y cambiantes, las cuatro películas conservan una coherencia sorprendente. Todas están escritas y dirigidas por el propio Don. Es más: todas están protagonizadas por los mismos actores, que van envejeciendo a la vez que sus personajes. Unos actores que —y esto sí que es raro— prácticamente no han hecho más cine que éste. / Resumo la línea argumental phantasmagórica: Mike (A. Michael Baldwin), un adolescente huérfano, descubre accidentalmente que El Hombre Alto (Angus Scrimm), el sepulturero local, que utiliza como armas letales unas bolas de metal voladoras con ganchos que perforan el cráneo de sus víctimas y succionan su sangre, se dedica al tráfico de cadáveres con la 4ª Dimensión (o algo así). Mike se lo cuenta a su hermano mayor, Jody (Bill Thornbury), y a su amigo Reggie (Reggie Bannister), el heladero ambulante. Entre los tres, tratan de boicotear los planes de dominación interestelar del malvado Hombre Alto, sin demasiado éxito. / ¿Lo mejor de Phantasma y sus secuelas? Fácil: docenas de imágenes impactantes, surreales, oníricas. Un envoltorio fascinante. Un humor raro. Un tono general como tristón y pesimista, con muchas segundas lecturas simbólicas. /// Lo mismo cabe decir, pero con bastante más sentido del humor, de Bubba Ho-tep, ambientada en un geriátrico para ancianos chiflados. El guión, basado en un relato de Joe R. Lansdale, enfrenta a una momia egipcia resucitada contra un envejecido Elvis Presley (genial interpretación de Bruce Campbell) y un afroamericano pirado que asegura ser John F. Kennedy (Ossie Davis). Las secuencias oniricas y alucinógenas están a la altura de un David Lynch. / Y no escribo más porque no me queda espacio.
LO ÚLTIMO. ¿Qué cabe esperar de Incident On and Off a Mountain Road, retitulada por Manga Films como Esculturas humanas, la película de una hora de duración que se presenta en la Fantasiazko Eta Beldurrezco Zinemaren XVII Astea, también basada en un relato de Lansdale? Brrr. Os lo adelanto: un montón de golosinas visuales y un pellizco de originalidad metagenérica. La protagonista, Ellen (Bree Turner), se pierde en una zona boscosa de montaña y se pelea contra una criatura monstruosa que responde al nombre de Moonface (John DeSantis). / No temáis. Nada es lo que parece. / Confiad en Don.
Artículo publicado en el número 36 del fanzine 2000maniacos, fechado en invierno de 2006 y editado con motivo de la celebración de la Fantasiazko eta Beldurrezko Zinemaren XVII Astea / XVII Semana de Terror de San Sebastián.
LAS CHICAS DEL POM POM. Mírenlas bien. Llevan la falda corta y la sonrisa larga. Saltan alrededor de un estribillo que parece improvisado. Son guapas, jóvenes, fogosas. Ejecutan rutinas gimnásticas que se dirían coreografiadas por el primo gay de Pepito Grillo. Animan al equipo del instituto, al campeón de la liga profesional o a quien haga falta. Son un producto genuinamente norteamericano. Carne de cañón feminista. Burla de sí mismas. Una institución pop que necesita urgentemente un lifting de credibilidad intelectual.
El cine las adora, porque quedan bien en cualquier parte. Las hay que añaden chispa a historias sin importancia; las hay que se mojan el culo y acaban escaldadas; las hay que pasaban por allí con el chillido puesto y la pierna levantada por encima de la cabeza. La más recordada de los últimos años es Angela, el pizpireto objeto de deseo del protagonista de American Beauty. Mena Suvari le prestaba presencia y mohín adolescente al personaje. Kevin Spacey se volvía loco recordándola, imaginándosela inmersa en una bañera de pétalos de rosa. La crisis de los 40 parecía menos dura teniendo en la cabeza a semejante musa de los sueños húmedos. Aunque fuese la mejor amiga de tu propia hija. Aunque resultase ser una niña disfrazada de starlette X.
La obra maestra de Sam Mendes hizo mucho por rehabilitar la imagen cinematográfica de las cheerleaders. Tanto, que las carteleras están ahora a punto de llenarse de películas protagonizadas por nenas vestidas para animar. No todas responden al tópico sexista de siempre. Las fantasías machistas, a veces, producen monstruos con cerebro.
Los distribuidores españoles le han puesto un título blandengue a Sugar & Spice. Llamando Ingenuas y peligrosas a esta ópera prima de la australiana Francine McDougall, escrita y producida por mujeres, se arriesgan a espantar a los cinéfagos con prejuicios. Y es una lástima, porque la película seduce, apuesta, pega duro, provoca pensamientos políticamente incorrectos. Se inscribe sin esfuerzo en ese curioso subgénero formado por las comedias inteligentes con envoltorio azucarado. Es pura dinamita teen.
SONRÍAN, ESTO ES UN ATRACO. Mena Suvari vuelve a enguantarse los pompones de cheerleader. Encarna a Kansas, una de las integrantes del Equipo A, animadoras oficiales de la Lincoln High School. Hace de chica dura. Su madre (Sean Young) está cumpliendo condena en la cárcel. La mejor amiga de Kansas responde al pueblerino nombre de Diane. Es la jefa del grupo y acaba de quedarse embarazada del capitán del equipo de football (James Marsden). El papel lo interpreta Marley Shelton, promesa incandescente del Hollywood veinteañero a quien hemos tenido el placer de ver antes en Un San Valentín de muerte.
Kansas y Diane reciben el apoyo de sus compañeras: la fan fatal Cleo (Melissa George); la beata Hannah (Rachel Blanchard) y la inteligente Lucy (Sara Marsh). Después de revisar en vídeo las mejores escenas de Le llaman Bodhi y Reservoir Dogs, deciden organizarse y, atención, convertirse en atracadoras de bancos. Premisas argumentales como ésta son las que inyectan adrenalina al cine comercial del siglo XXI.
Otra película con pompones y tópicos dados la vuelta es A por todas (Bring It On), de Peyton Reed. Se centra en la celebración de una competición interestatal de cheerleaders, con todo lo que esto conlleva: entrenamientos, envidias, estrategias, líos amorosos y pinceladas de erotismo bajo la ducha. Kirsten Dunst, que acaba de cumplir los 19, hace de capitana del equipo campeón, Los Toros. Su principal preocupación en el filme consiste en mantener el título sin que salgan a relucir los trapos sucios del pasado.
La rubia Kirsten, la niña vampirizada de Entrevista con el vampiro que nos quitó el aliento con su trabajo al borde del pasmo erótico en Las vírgenes suicidas, se ha metamorfoseado en una estupenda actriz cómica. Lo demostró en la pasada entrega de los premios cinematográficos de la MTV, donde se atrevió a parodiar a la mismísima Madonna. Aquí brilla con luz propia, tirando de un argumento que promete más chicha de la que tiene.
En un territorio bastante más resbaladizo se mueve But I’m a Cheerleader (literalmente: ¡Pero si soy una animadora!), de Jamie Babbit. A su prota, Megan (Natasha Lyonne), la obligan a pasar una temporada en un campamento de reprogramación heterosexual. ¿Los síntomas de su enfermedad?: los almohadones de su cama están estampados con flores pintadas por Georgia O’Keefe; su cuarto está decorado con posters de Melissa Etheridge; cuando besa al capitán del equipo fantasea con sus compañeras. ¿Qué pasa? Lo han adivinado: esta chica es lesbiana.
BARBIES TRASH. But I’m a Cheerleader hubiese necesitado a un John Waters para llegar al fondo de la cuestión. En su lugar, Babbit hace lo que puede. Megan las pasa canutas en el camping hetero, rodeada de sargentas y educadoras raras (una de ellas, interpretada por la mega drag RuPaul). Allí conoce a su media naranja, Graham (Clea DuVall), una jovencita con cara de pocos amigos que la ayuda a salir del armario y a colgar los pompones. Todo en clave de parodia baja en calorías.
Este pedazo de subgénero tiene precedentes tan dispares como Rebeldes temerarios, con Daryl Hannah; Johnny Superstar, con Uma Thurman; No puedes comprar mi amor, con Amanda Peterson, y la teleserie Buffy, la cazavampiros, con Sarah Michelle Gellar. En Tierra prometida, Tracy Pollan interpretaba a una ex cheerleader pija sin futuro. Igual que Jessica Lange en Cuando me enamoro. Ambas compartían sus aburridas existencias con los fracasados capitanes del equipo de football del instituto. Mucho más jugosas resultan Debbie Does Dallas, clásico del porno yanqui de los 70 con la efímera Bambi Woods cepillándose a toda la plantilla de los Dallas Cowboys. O Satan’s Cheerleaders, una gore-movie del montón con animadoras endemoniadas. De los últimos estrenos relacionados con el tema, el punto de vista más agresivo ha sido el de Oliver Stone, que describe a las animadoras como prostitutas cocainómanas en Un domingo cualquiera. Al otro lado de la balanza se sitúa el personaje de Brooke Langton en Equipo a la fuerza, que sólo logra sacar a Keanu Reeves del trance místico en los minutos finales del partido. Cuestión de pompones.
Artículo publicado en el suplemento La Luna del diario El Mundo, en su edición del viernes 6 de julio de 2001.
De Mario Bava a Michele Soavi. De Barbara Steele a Sabrina Siani. Del gótico latino al gore caníbal. El cine fantástico italiano cumple 50 años y 2000maníacos se apunta a las celebraciones con un texto de información mutante cocinado a fuego lento. ¡Lancémonos de cabeza a la gran olla de agua hirviendo! Saldremos todos con los cuerpecillos blandos, al dente, listos para ser devorados vivos por una horda de zombies putrefactos.
Lo que sigue es una improvisación teórica sobre lo que diferencia a la cinematografía fantástica italiana del resto de cinematografías fantásticas. El texto se complementa con varios listados de películas agrupadas por estilos, autores y subgéneros. Se supone que, combinando todos los listados, obtendréis una visión global del tema que nos ocupa. Los listados también pueden serviros como guía para organizar vuestros propios ciclos caseros en vídeo y dvd. Nosotros lo hicimos y seguimos igual de gilipollas que antes.
Escrito lo escrito, que empiece la ponencia.
Los italianos llaman cine de horror al cine de terror. Les parece más apropiado, más contundente, más llamativo. Curiosamente, en la lengua transalpina, horror se escribe sin hache, y sin hache, la verdad, no hay quien se tome demasiado en serio la palabra. Fijáos bien en ella:
ORRORE.
Dos oes como pechos desnudos de campesina bien alimentada, tres erres hartas de vino armando bronca; una e final que huele a perfume de mujer recién desenterrada. La palabra orrore parece una marca, un logotipo, un neón luminoso que se apaga y se enciende. Es como la versión petarda de horror. Significa lo mismo, pero no lleva puesto ningún disfraz intimidatorio. Va a pelo, en cueros. Desnudita, joven y guapa.
Al cine fantástico italiano le pasa un poco lo mismo que a la palabra orrore. Las películas de terror y ciencia ficción producidas en el país en forma de bota con tacón alto se caracterizan por adoptar tonos mucho más esteticistas, morbosos e incrédulos que las inglesas, francesas, españolas o alemanas. En ellas, el contenido nunca es tan importante como la apariencia.
Según algunos cinéfagos fundamentalistas, ni siquiera deberíamos hablar de cine fantástico italiano, teniendo en cuenta que la mayor parte de las películas de este género producidas en Italia sólo utilizan el ingrediente sobrenatural como excusa para filmar imágenes delirantes y construir decorados barrocos.
Por regla general, el cine fantástico italiano prefiere la carne al espíritu. El mal suele estar encarnado por psicópatas asesinos y cadáveres reanimados. Seres en tres dimensiones, sólidos, descuartizables. Los vampiros, hombres-lobo y demás monstruos románticos de leyenda apenas tienen cabida en las historias de terror imaginadas por los guionistas de allá.
Con frecuencia, las criaturas de apariencia inhumana y comportamiento antinatural, resultan ser, en realidad, producto de fenómenos científicamente explicables. O incluso manifestaciones alucinadas de algún desorden mental u obsesión colectiva. En cualquier caso, en el cine fantástico italiano, lo físico siempre acaba imponiéndose a lo espiritual.
Pongo un ejemplo significativo: los engendros diabólicos de "Demoni" y "Demoni 2" no dan miedo por su condición infernal o su perversa simbología religiosa, sino por el uso práctico que hacen de sus garras y colmillos. Da igual de donde procedan, lo cierto es que muerden, destripan y amputan.
En el otro extremo del espectro de la hermosura, también los fantasmas y aparecidos del cine de orrore se caracterizan por su rotundidad física. De hecho, suelen estar encarnados por mujeres espectaculares, hambrientas de sexo y adictas al cuerpo a cuerpo. Brujas o poseídas apetitosas, que no dudan en mostrar a cámara sus encantos curvilíneos desde ángulos más que favorecedores.
Puede sonar a tópico, pero los dos principales motores temáticos del cine fantástico italiano son el sexo y la muerte. Ninguna otra cinematografía ha logrado combinarlos con tanto desparpajo. Asesinos que matan obedeciendo impulsos sexuales; muertos que resucitan con la líbido alborotada; chalados que duermen abrazados al cadáver de sus novias... No existe fantasía necrófila (o necrófaga) que escape al interés de los cineastas italianos de serie B o Z.
Esta mezcla entre sexo y muerte, que suele generar productos malsanos y anticomerciales en otras cinematografías, en Italia casi siempre se sirve envuelta en colorines y comercialidad. De hecho, lo que realmente distingue a una película italiana de terror de una de cualquier otro sitio es su presentación. Desde el título a los decorados, pasando por el poster, las frases de promoción, los pseudónimos de los directores y actores, la belleza de las actrices, los montajes improvisados, los movimientos de cámara, los efectos especiales, las imágenes explícitas y todo lo demás. El cine fantástico italiano entra por los ojos y engancha por la entrepierna.
Otra obviedad para terminar: el cine lo inventaron los franceses, pero el cine de género al estilo europeo es cosa de los italianos. Exceptuándoles a ellos, nadie se ha empeñado tanto por renovar las fórmulas populares del espectáculo de entretenimiento. Desde finales de los 50 a mediados de los 80, los realizadores italianos se han apuntado a todas las modas y tendencias cinematográficas. Muchas, las han inventado ellos mismos.
Por eso no resulta extraño comprobar cómo lo fantástico, en el cine italiano de género, suele estar mezclado con el giallo, el policiaco urbano, la aventura exótica, el gore ultrarrealista, el cine del Oeste, las recreaciones históricas, los superhéroes de cómic, el erotismo de fotonovela, la psicodelia pop y hasta el panfleto izquierdista de arte y ensayo.
¡Pero basta ya de palabrería pedante! Estoy viendo a Manuel Valencia acercándose a mi cripta con un garrote en las manos. Supongo que quiere que acabe este texto cuanto antes. Voy a hacerle caso. Terminaré haciéndome a mí mismo una serie de preguntas esenciales sobre cine fantástico italiano. Las responderé lo más breve y sinceramente posible. Después, trataré de esquivar los golpes. Todavía me quedan unos segundos...
¿Maestros del cine fantástico italiano? Freda, Bava, Argento y Fulci. Éste último, con reparos. El más grande de todos: Bava.
¿Principales etapas del cine fantástico italiano? Riccardo Freda fue el pionero, junto a Mario Bava. Ambos iniciaron el filón del terror gótico al estilo latino, a finales de los años 50 y principios de los 60. Después, en los 70, se impuso el giallo con psicópata. El impulsor de esta corriente fue Dario Argento. En los 80, apareció el gore hiperrealista y alucinado de Lucio Fulci. Pero a mí casi me gustan más las películas que rodaron los supuestos imitadores.
¿Qué supuestos imitadores? Cineastas todoterreno, tipo Duccio Tessari, Antonio Margheriti o Sergio Martino, y realizadores con ramalazo arty, como Giulio Questi, Aldo Lado o Luigi Bazzoni. De todas formas, en el futuro, se hablará más de películas concretas que de directores o subgéneros. Aún quedan joyas por descubrir.
TOP 10 HORROR GÓTICO Cuando Freda y Bava realizaron las primeras películas fantásticas del cine italiano, a finales de los 50, lo hicieron aprovechando el filón comercial abierto por los filmes de la productora británica Hammer. Lo que pasa es que, en vez de copiarlos descaradamente, añadieron detalles estéticos y argumentales de su propia cosecha. El horror gótico italiano suele estar ambientado en castillos y viejos caserones. Abundan los fantasmas vengativos, los personajes que se vuelven locos, las mujeres soñadoras, las telarañas, los candelabros, las salas de tortura… Y las tensiones psicosexuales.
I vampiri
(Riccardo Freda, 1956)
Fotografiada y codirigida por Mario Bava. La película que puso de moda el horror gótico en Italia. Una serie de asesinatos, supuestamente cometidos por un vampiro, pone a la policía tras la pista de un científico loco.
La maschera del demonio / La máscara del demonio
(Mario Bava, 1960)
El clásico de los clásicos. En glorioso blanco y negro. Auténtica poesía necromántica. Una bruja vengativa regresa de entre los muertos para atormentar a los descendientes de sus verdugos. Con la mítica Barbara Steele.
Il mulino delle donne di pietra / El molino de las mujeres de piedra
(Giorgio Ferroni, 1960)
Un viajero se enamora de una joven que vive en un molino repleto de estatuas. El padre de la chica se dedica a asesinar campesinas para utilizar su sangre como remedio contra la extraña enfermedad que sufre su hija. Estilazo.
L’orribile segreto del dottor Hichcock
(Riccardo Freda, 1962)
Descerebre máximo. Un doctor aficionado al follisque con cadáveres, duerme a sus mujeres antes de practicar el sexo con ellas. Lo malo es que, a veces, se le va la mano con la dósis anestesiante. Gótico necrófilo a todo color.
La frusta e il corpo
(Mario Bava, 1963)
El fantasma de un aristócrata sádico (Christopher Lee) vuelve de la tumba para seguir maltratando a su amante masoquista (Daliah Lavi). Un delirio para gourmets, con una composición de planos y unos colores indescriptibles.
Danza macabra
(Antonio Margheriti, 1964)
Un tipo decide pasar la noche en un castillo encantado para ganar una apuesta. De pronto, se le aparece una mujer fantasma con hambre sexual atrasada. Es Barbara Steele, tan afilada como en "La máscara del demonio".
Amanti d’oltretomba
(Mario Caiano, 1965)
Los corazones de una mujer adúltera y su amante jardinero laten al unísono metidos en frascos de formol. La hermana buena de la esposa traicionera se vuelve loca escuchando los latidos. Doble papel para Barbara Steele.
Il Boia Scarlatto
(Massimo Pupillo, 1966)
Un castillo repleto de modelos en bañador. Varios fotógrafos. Un par de guionistas cutres. Un exactor loco perdido que se cree la reencarnación de un sádico verdugo de la Edad Media disfrazado de superhéroe. El no va más.
Operazione paura
(Mario Bava, 1966)
El fantasma de una niña asesinada por un psicópata. Campanas que repiquetean cuando alguien muere de forma violenta. Una de las películas menos conocidas de Bava. Inspiró a Fellini en "Historias extraordinarias".
Il plenilunio delle vergini
(Paolo Solvay, 1973)
Un experto en magia negra viaja a Transilvania en busca de un anillo diabólico y cae en las garras de una perversa condesa adicta a todos los vicios. Con la espléndida y desnudísima Rosalba Neri.
TOP 10 GIALLI En italiano, giallo significa amarillo. Ese era el color de los lomos de las novelitas de serie negra publicadas por la editorial Mondadori en los 60 y 70. La palabra acabó definiendo al género. En cine, giallo (gialli, en plural) es la palabra que sirve para definir la versión italiana del thriller policiaco protagonizado por psicópatas asesinos.
La ragazza che sapeva troppo
(Mario Bava, 1962)
Thriller en blanco y negro con toques góticos, rodado en Roma, protagonizado por una turista inglesa acosada por un asesino. El nacimiento del giallo.
Sei donne per l’assassino / Seis mujeres para el asesino
(Mario Bava, 1967)
Guapas modelos. Un killer con gabardina y guantes negros. Violentos contrastes de color. Una puesta en escena exquisita. Puro artificio.
L’uccello dalle piume di cristallo / El pájaro de las plumas de cristal
(Dario Argento, 1969)
Un escritor es testigo de un intento de asesinato en una galería de arte. El giallo que sentó las bases del género. Imitaron hasta el título animalesco.
Una lucertola con la pelle di donna / Una lagartija con piel de mujer
(Lucio Fulci, 1971)
Apasionante giallo psicodélico con efectos especiales de Carlo Rambaldi. Florinda Bolkan toma drogas y alucina con asesinatos sexuales.
Una farfalla con le ali insanguinate / Una mariposa con las alas ensangrentadas
(Duccio Tessari, 1971)
Compleja reconstrucción del asesinato de una joven en un parque. Cámara nerviosa y montaje asociativo de imágenes. El giallo favorito del Dr. P.K. Lieja.
La tarantola dal ventre nero / La tarántula del vientre negro
(Paolo Cavara, 1971)
Policía depresivo busca culpable de asesinatos en serie. Traumas psicosexuales y guapísimas actrices: Claudine Auger, Barbara Bach...
La morte accarezza a mezzanotte / La muerte acaricia a medianoche
(Luciano Ercoli, 1972)
Giallo tramposo sobre un asesino que mata con un guante cubierto de pinchos. Protas españoles: Simón Andreu y Susan Scott (alias de Nieves Navarro).
Non si sevizia un paperino / Angustia de silencio
(Lucio Fulci, 1972)
La espectacular Florinda Bolkan se enfrenta a una horda de paletos en este giallo sobre un cura que asesina niños. Mejor que "La mala educación".
I corpi presentano tracce di violenza carnale
(Sergio Martino, 1973)
Estudiantes acosadas por un asesino anónimo. Crímenes memorables. Orgía hippie. Final en una bonita casa de campo. Con Tina Aumont y Suzy Kendall.
Suor Omicidi / La monja homicida
(Giulio Berruti, 1979)
Crímenes en el convento. Una excusa para acosar y despelotar discretamente a la exmusa felliniana Anita Ekberg.
TOP 10 GIALLI DE ARTE Y ENSAYO
Blow-up / Blow-up, deseo de una mañana de verano
(Michelangelo Antonioni, 1966)
Un fotógrafo reconstruye con sus fotos un crimen del que ha sido testigo sin darse cuenta. La película que inspiró a Argento su primer giallo.
Col cuore in gola
(Tinto Brass, 1967)
El francés Jean Louis Trintignant hace de policía seducido por una Lolita de bande dessinée interpretada por Ewa Aulin. Efectos de cómic.
La morte ha fatto l’uovo
(Giulio Questi, 1968)
Realización ultrapop, con guiños a Godard y Antonioni. Gina Lollobrigida, Jean Louis Trintignant y Ewa Aulin juegan al giallo en una granja de pollos.
Un tranquillo posto di campagna
(Elio Petri, 1968)
Artístico thriller campestre con toques de ninfomanía fantasmagórica. Protagonizado por Franco Nero, Vanessa Redgrave y Gabriella Grimaldi.
La corta notte delle bambole di vetro
(Aldo Lado, 1971)
Un muerto nos cuenta las últimas horas de su vida. Misteriosisimo giallo con escenas y situaciones que se adelantan 28 años al Eyes Wide Shut de Kubrick.
Il profumo della signora in nero
(Francesco Barilli, 1974)
Excéntrica combinación de giallo parricida, película de sectas y delirio esquizofrénico con remate caníbal.
Profondo rosso / Rojo oscuro
(Dario Argento, 1975)
Un músico y una medium se enredan en una excéntrica trama criminal. La película más elaborada de Argento. Repleta de trucos ópticos.
La casa dalle finestre che ridono
(Pupi Avati, 1976)
La campiña italiana. Dos chicas raras. Un pintor obsesionado por visiones sanguinolentas. La película que convirtió a Avati en un maestro moderno.
Tenebre
(Dario Argento 1982)
Todos los tópicos argumentales y estéticos del giallo al servicio de una rocambolesca trama literaria rodada, en muchos momentos, a pleno sol.
La sindrome di Stendhal
(Dario Argento, 1996)
La morbosilla Asia Argento sufre un pasmo renacentista en Florencia. De pronto, un psicópata empapa de sangre el argumento. Rarorraro.
TOP 5 HORROR FANTASTICO
Lisa e il Diavolo / El diablo se lleva a los muertos
(Mario Bava, 1972)
Rodada en Toledo. Una especie de versión satánica de “Diez negritos”, de Agatha Christie. La protagonista (Elke Sommer) es una turista que pasa la noche en una mansión habitada por gente muy rara. Telly Savalas hace de Satanás. Uno de los trabajos más atmosféricos y barrocos de Bava.
Suspiria
(Dario Argento, 1977)
Una estudiante de ballet ingresa en una escuela de danza regentada por brujas. La primera sinfonía macabra de su director. Los crímenes se suceden a un ritmo hipnótico y están filmados con un talento inusual. Película de colores, ruidos y sensaciones primarias. La historia no cuenta. En 1980, Argento filmaría “Inferno”, una propuesta muy similar a ésta.
Paura nella città dei morti viventi / Miedo en la ciudad de los muertos vivientes
(Lucio Fulci, 1980)
Gore de Arte y Ensayo con apariencia de serie Z inmunda. Citas a Lovecraft y montaje aleatorio. Fulci ignora las reglas de la narratividad cinematográfica tradicional y se interna en el territorio de la improvisación grotesca.
Macabro
(Lamberto Bava, 1980)
Una mujer pierde la razón después de sufrir un grave accidente de tráfico. Su única obsesión consiste en acostarse con la cabeza de su amante muerto. La conserva en un frigorífico. Morbo y claustrofobia. Dirigida por el hijo de Mario Bava.
Dellamorte Dellamore / Mi novia es un zombie
(Michele Soavi, 1994)
Amores de ultratumba y humor surrealista. Gore postmoderno y de Arte y Ensayo, con guión de Tiziano Sclavi, creador del personaje de cómic Dylan Dog. Protagonizada por Rupert Everett, en el papel de un enterrador que pasa las noches descabezando zombies.
TOP 5 GORE ZOMBIE Y CANIBAL
Zombi 2 / Nueva York bajo el terror de los zombi
(Lucio Fulci, 1979)
Un barco repleto de zombies llega a la Gran Manzana. Un grupo de aventureros viaja a las Antillas para atajar lo que parece ser una plaga infecciosa. Fulci coloca la primera piedra de su catedral gore.
Buio Omega
(Joe D’Amato, 1979)
Una macabra historia de amor entre un joven desequilibrado y una chica muerta en avanzado estado de putrefacción. Guión de Pupi Avati. Malsana e inolvidable.
Cannibal Holocaust
(Ruggero Deodato, 1980)
Una película adelantada a su tiempo. Su argumento gira en torno a las películas supuestamente filmadas por un grupo de jóvenes aventureros sin escrúpulos que se internaron en la jungla en busca de caníbales. Confusión de formatos y gore ultrarrealista.
Zombi holocaust
(Marino Girolami, 1980)
Científicos locos que fabrican muertos vivientes en medio de la selva tropical. Indígenas adictos a la carne humana. Aventureros con instinto homicida. Una de mis antipelículas favoritas.
Demoni / Demons
(Lamberto Bava, 1985)
Los protagonistas de una película desencadenan una maldición infernal que traspasa la pantalla del cine donde se exhibe el filme. Docenas de demonios atacan a los espectadores. En la secuela, los bichos salen del televisor. Un hito del gore surrealista.
TOP 10 CIENCIA FICCION
Caltiki, il mostro immortale
(Riccardo Freda, 1959)
Una historia lovecraftiana sobre una expedición que descubre un templo milenario habitado por un dios monstruoso. Codirigida por Mario Bava. Superentrañable.
Il pianeta degli uomini spenti
(Antonio Margheriti, 1961)
Un guión interesante, buenos actores, decorados fascinantes. Una de esas películas de ciencia ficción de todo a cien que no se olvidan fácilmente. A redescubrir cada año.
L’ultimo uomo della terra
(Ubaldo B. Ragona, 1964)
Adaptación de la novela de Richard Matheson “Soy leyenda”, con Vincent Price en el papel de un superviviente postnuclear que lucha contra una raza de vampiros mutantes.
La decima vittima / La víctima número 10
(Elio Petri, 1965)
Según una novela de Robert Scheckley sobre un concurso televisivo en el que participan diez asesinos. Protagonizada por Marcello Mastroianni y Ursula Andress. Megakitsch.
2+5 missione Hydra / Encuentros en las galaxias
(Pietro Francisci, 1966)
La space opera más desenfadada y encantadora de la historia del cine de ciencia ficción de serie Z. Científicos, alienígenas, chicas guapas, espías rusos y planetas desconocidos.
Terrore nello spazio / Terror en el espacio
(Mario Bava, 1965)
Rodada en un plató español, con cuatro planchas de metal, dos columnas romanas de cartón piedra y una docena de trajes de buzo. Una historia de vampiros que se anticipa 25 años a “Alien, el octavo pasajero”.
Le orme
(Luigi Bazzoni, 1975)
Una mujer sin memoria. Una isla mediterránea. Una niña inquietante. Extraña historia de locura y abducción fotografiada por Vittorio Storaro.
Starcrash: Scontri stellari oltre la terza dimensione / Star Crash
(Luigi Cozzi, 1978)
Clon chiripitifláutico de “La guerra de las galaxias”. Con Caroline Munro y David Hasselhoff disfrazados de cantantes de tecnopop.
Alien 2 sulla Terra / Alien 2
(Ciro Ippolito, 1980)
Exploitation descarada del éxito de Ridley Scott. Toda la acción transcurre en los túneles de una cueva extraterrestre. El monstruo surge de una piedra azul que brilla en la oscuridad.
Contamination / Contaminación: Alien invade la Tierra
(Luigi Cozzi, 1980)
Un marciano con un solo ojo pretende conquistar el planeta Tierra empezando por un remoto rincón de América del Sur. Descarada pero fascinante (o viceversa).
Texto publicado en el número 32 del fanzine 2000maniacos, fechado en invierno de 2004.
UN PAÍS DE DOS ROMBOS. Por culpa del cine de barrio, la música pop y la moda retro, hoy muchos creen que la España de los 70 era divertida. ¡Suecas en biquini! ¡Alfredo Landa en calzoncillos! ¡Discotecas tapizadas de terciopelo rojo! Todo mentira. O casi. En aquella época, la gente corriente vivía al margen de la realidad, lejos de Europa y del mundo, ajena a la evolución libertaria de las costumbres y pendiente de una televisión en blanco y negro con más carta de ajuste que programación.
Así son, en apariencia, los protagonistas de Torremolinos 73: Alfredo y Carmen. Una pareja de recién casados en la treintena, sin hijos, vendedor de enciclopedias él y ayudante de peluquería ella. Dos españolitos de a pie que no llegan a fin de mes. Pero las apariencias engañan. Acuciados por las deudas, aceptan la insólita propuesta que les hace don Carlos, maquiavélico editor y hombre de negocios sin escrúpulos. De la noche a la mañana, a cambio de una sustanciosa suma de dinero, se convierten en protagonistas de sus propias películas X, rodadas en casa con una cámara de súper-8. Creen estar contribuyendo a una hipotética enciclopedia audiovisual del erotismo, de distribución exclusiva en los países escandinavos. No son conscientes de que, al otro lado de la frontera, se están convirtiendo en estrellas del porno. Sobre todo Carmen, que enseguida cuenta con una legión de admiradores.
Mientras Alfredo comienza a fascinarse por el mundo del cine, y por la obra de Ingmar Bergman en particular, su ardiente esposa aprovecha para tratar de quedarse embarazada. ¿Conseguirá Alfredo rodar su primer largo como director? ¿Recibirá Carmen la visita de la cigüeña? ¿Seguirá don Carlos llenándose los bolsillos? Éstos son algunos de los ingredientes que aderezan Torremolinos 73, una comedia disparatada y agridulce que, ¡sorpresa sorpresa!, está basada en un caso real.
MISTERIO TRIPLE X. Cuatro años ha tardado Pablo Berger, que debuta en la dirección, en sacar adelante el proyecto. Él mismo nos explica cómo surgió la idea: "Leí un artículo en una revista americana en el que se mencionaba a un tal Alfredo López, un español que rodó un porno de arte y ensayo a principios de los años 70. Al parecer, tuvo mucho éxito en Dinamarca, sobre todo gracias a la actriz principal, Carmen García. Poco a poco, empecé a obsesionarme con el tema y fui recopilando información. El guión de Torremolinos 73 se inspira en la historia de estos pioneros del cine porno, pero no se puede decir que sea su biografía oficial, porque hay mucho de leyenda urbana alrededor de estos personajes". El archivo personal de Berger incluye media docena de fotografías borrosas, una peliculita en súper-8 con imágenes de una mujer (quizá Carmen) saliendo del mar, una copia en vídeo de lo que podría ser el famoso porno (cortesía de la Filmoteca Danesa) y decenas de testimonios de personas que dicen haber conocido a los auténticos Alfredo y Carmen. Por ejemplo, el de José María Íñigo, que les invitó a Estudio Abierto y se quedó perplejo cuando le comunicaron que preferían conservar el anonimato. O el de Massiel, que coincidió con ellos en una fiesta en Boccacio, en i975. "Conservo una foto de esa noche —señala— en la que sale Carmen, con el pelo tapándole la cara. Era una chica corriente, con una belleza vulgar, como de barrio. Ninguno podía imaginar que se dedicase a rodar porno. ¡Era impensable!". Berger niega haber logrado ponerse en contacto con los auténticos Alfredo y Carmen, pero asegura que, durante el rodaje, sintió la presencia de ambos. "Gente que lleva viviendo muchos años en Torremolinos se acordaba de ellos, sobre todo de Carmen, y de unos extranjeros que se paseaban por ahí con capas negras y antifaces. Sin embargo, ningún hotel de la zona conserva sus registros. Mientras rodaba algunas escenas, me imaginaba a Alfredo haciendo lo mismo 30 años antes".
Fueron Jesús Palacios, Jordi Costa y Álex Mendíbil, expertos en cultura trash, los primeros que relacionaron los nombres de Alfredo y Carmen con una oscura serie Z titulada Aventuras y desventuras de una viuda muy cachonda, que se estrenó en i978 con la etiqueta de Clasificada S. En las listas del Ministerio no aparece este título, pero existen varios fotocromos impresos en los que se ven imágenes del filme de Alfredo mezcladas con otras de El Séptimo Sello de Bergman. "Imagino que algún distribuidor español remontó sin permiso el material original y le puso otro título para disimular", sugiere Berger.
En Torremolinos 73, el papel de Alfredo está interpretado por Javier Cámara, y el de Carmen, por Candela Peña. Ambos consiguen inspirar ternura, humor y genuino erotismo doméstico. Hay que verles disfrazados de enfermera y butanero en los numeritos picantes que se montan en casa. "A Javier lo veo como una especie de Jack Lemmon con toques de Peter Sellers y Alfredo Landa –asegura Berger–. Y Candela consigue ponerme los pelos de punta. Pasa de la tragedia a la comedia en unos segundos. Además, sexualmente hacen muy buena pareja. ¿Que si salen desnudos? Sí, varias veces, pero como diría un productor de los años 70, son desnudos que exige el guión". Juan Diego se encarga de transformar al personaje de don Carlos en un cínico encantador y una sanguijuela con estilo, pero la gran revelación se llama Fernando Tejero, amigo cachondo de Alfredo que se mete en el negocio del cine X, aunque especializándose en zoofilia.
PORNO CHIC. Pablo Berger es bilbaíno. Aún no ha cumplido los 40. Debutó en 1988 con un corto que hoy está considerado de culto: Mama. Curiosamente, también fue éste el primer trabajo cinematográfico de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechavarría. En los 90, estudió cine en Nueva York gracias a una beca del País Vasco y una carta de recomendación de Almodóvar. Acabó dando clases de dirección en la New York Academy. En su currículo figuran varios cortos en inglés, un par de spots y un clip para el grupo japonés Sophia. Regresó a España para escribir y dirigir Torremolinos 73. "El guión es divertido y personal al mismo tiempo –señala–. Yo soy un poco como Alfredo. La película habla de varias pasiones: la pasión por el cine, la pasión amorosa y la pasión por los pequeños detalles que nos hacen felices día a día sin darnos cuenta".
Torremolinos 73 también es la primera coproducción hispano-danesa de la Historia. La parte española está a cargo de Tomás Cimadevilla, de Telespán 2000, responsable de El otro lado de la cama, el mayor éxito de taquilla del pasado año. Los socios de Dinamarca pertenecen a Nimbus, productora de dos estupendos Dogmas: Celebración y Mifune. "Es como si se confundiese la realidad con la ficción –afirma Berger–. Una de las cosas que más ilusión me haría, además de hacerme famoso en Copenhague, sería enterarme de que los auténticos Alfredo y Carmen vinieron al estreno de incógnito y que salieron contentos del cine. Sería el final perfecto".
Artículo publicado en el suplemento La Luna del diario El Mundo, en su edición del viernes 25 de abril de 2003.
El pasado viernes 8 de septiembre, después de pasar una semana hospitalizado por problemas respiratorios, falleció, a los 41 años de edad, en Barcelona, a causa de un paro cardiaco, el actor porno y estrella del cabaret Holly One. Figura emblemática, durante las últimas dos décadas, del canalleo noctámbulo ibicenco y barcelonés, Holly ha provocado, con su inesperada desaparición, una gran conmoción en el mundillo del entretenimiento erótico para adultos.
Numerosas personalidades de la industria del porno, colegas de profesión, artistas de vanguardia, intelectuales de ideología ‘trash’ y miles de fans anónimos llevan varios días expresando, a través de los medios de comunicación más diversos, su profundo pesar por la desaparición de un personaje único en su género, carismático a rabiar, pero del que, paradójicamente, apenas se conocen datos fidedignos sobre su vida privada.
Simpático, dicharachero y sin complejos, Holly One siempre supo mantener al margen del escrutinio público sus intimidades. Haciendo buen uso de su metro veinte de estatura, sus ojos saltones, sus manitas de niño, su voz de pito y su acento de Torrebruno, logró construirse un disfraz perfecto, a prueba de chismosos. “Era muy discreto, a pesar de lo mucho que le gustaba hablar —asegura el realizador Jose María Ponce, pionero del porno en nuestro país—. Nunca llegué a saber exactamente si era italiano, suizo o austríaco”.
Los datos que figuran en el pasaporte de Holly One indican que su nombre verdadero era Oliviero Migliore, y que nació en Zurich, Suiza, el 12 de abril de 1965. Él, sin embargo, insistía en ser considerado italiano de nacimiento, quizás por haberse criado en Milán. Allí fue donde consiguió sus primeros trabajos remunerados: primero, como camarero, y luego, aprovechando su físico poco convencional, como figurante especial para anuncios publicitarios.
“Yo debía tener unos 18 años cuando empecé a trabajar de ‘gogó’ en discotecas italianas y europeas —me contó el propio Holly en una de nuestras primeras entrevistas—. A España llegué a mediados de los 80. Una amiga me regaló un viaje a Ibiza por mi cumpleaños. Me encantó la isla y decidí quedarme. Era la época dorada de Ibiza. Había famosos de Hollywood por todas partes. Roman Polanski me consiguió un trabajo de ‘gogó’ en la discoteca Ku. Luego, también fui relaciones públicas y animador de fiestas en Pachá y Amnesia. A principios de los 90, el dueño de Amnesia me ofreció un trabajo en Barcelona, en la discoteca Fibra Óptica. Y aquí me quedé. He trabajado en Otto Zutz, la Atlándida de Sitges, Versalles, Chevalier, Bisou…”.
Más o menos por esta época, Holly conoció a la que se convertiría en su hada madrina: Juani de Lucía, dueña de la mítica sala Bagdad, situada en la confluencia de la calle Nou de la Rambla con la avenida del Paral-lel. El Bagdad, que abrió sus puertas en 1976, fue el primer club de sexo en vivo de España. Por su escenario han pasado ‘strippers’, transformistas y ‘freaks’ sexuales legendarios. Allí se han formado algunas de las estrellas del porno nacional con proyección internacional, como Nacho Vidal, Toni Rivas o Sophie Evans. Aún hoy, conserva su indeleble estatus de viejo templo del sexo europeo.
“Nos conocimos en una peluquería —me explicabva Holly en aquella misma entrevista—. Yo me estaba poniendo rastas. Ella entró, nos miramos y surgió el flechazo. Me enamoré al instante de esa mujer maravillosa y simpatiquísima. Enseguida nos hicimos amigos”.
A mediados de los noventa, Holly One ya se había convertido en uno de los principales reclamos del Bagdad. Dos números suyos se hicieron especialmente famosos: el del consolador humano y el de Estrella, la gorda. “La primera vez que vi a Holly sobre un escenario fue en la fiesta del XX aniversario de la sala Bagdad, en 1996, con Cicciolina como estrella invitada —rememora María Bianco, exactriz y ex productora porno, musa de toda una generación de pornófilos españoles y foráneos—. Hacía su famoso número erótico con Estrella, una chica espectacular que pesaba casi 150 kilos. Holly se perdía, literalmente, entre sus carnes. Se encajaba entre las dos tetas, simulaba que se metía dentro de la vagina y desaparecía. Era extrañísimo, pero muy divertido”.
También Pepe Navarro se quedó estupefacto con el número de Holly con Estrella. Tanto, que decidió invitarlo a Esta noche cruzamos el Mississippi. De la noche a la mañana, el pequeño contorsionista sexual del Bagdad se transformó en un famosete de la televisión basura, junto a La Veneno y otros ‘freaks’ similares. Entre sus declaraciones catódicas más recordadas figuran perlas como: “Me he acostado con más de 1.000 mujeres” y “Tengo unos genitales que pesan tres kilos”.
Holly hizo el amor con cinco mujeres distintas en su primera incursión en el cine porno, que se tituló Pequeñito pero matón (Santiago Ventura, 1996). A lo largo de los años, llegaría a trabajar junto a muchas de las grandes estrellas del género, como Rocco Siffredi, Nacho Vidal, Luca Damiano o Joe D’Amato. Su escena de sexo improvisado junto a la actriz británica Kelly, en Violadas en Barcelona por Rocco y Nacho (Rocco Siffredi, 2000), forma parte de la historia reciente del ‘gonzo’ (la rama más agresiva del porno contemporáneo).
“Lo mejor de Holly One está en sus películas —opina el escritor y periodista cinematográfico Jordi Costa, fan declarado del actor y autor de una de sus mejores entrevistas, publicada en las páginas del ‘fanzine’ Mondo Brutto hace un par de años—. Cuando Holly aparecía en una escena de sexo, nunca sabías qué podía pasar. Era el elemento perturbador, la anomalía simpática del porno español”.
El realizador Narcís Bosch trabajó con Holly en muchas de sus mejores películas. El premio más importante que recibió Holly en vida, la Ninfa al Mejor Actor de Reparto del VIIII Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona, lo recibió por su labor en Bulls & Milk, de Bosch, al lado de la actriz Alba del Monte. “Para mí, Holly llegó a ser una especie de talismán —asegura el director—.Procuré meterle en todas mis películas. Unas veces ‘follaba’ y otras no. Por desgracia, tuve que dejar de ofrecerle escenas de sexo explícito. En algunos países, como Francia o Estados Unidos, están mal vistas las escenas de sexo en las que participan personas, digamos, ‘especiales’. Es una lástima”.
En sus entrevistas más recientes, a Holly le gustaba hablar de sus ‘otros’ trabajos interpretativos: los publicitarios (Heineken, Flex, Águila, Visa Electrón, Canal Satélite Digital) y los cinematográficos (Don Jaume el Conqueridor, Cactus, Faust…. o Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, donde hizo de figurante). Retirado del porno desde hacía un año, pasó sus últimos meses de vida trabajando de relaciones públicas del Bagdad, disfrazado de ‘segurata’ cachondo.
Artículo publicado en el diario El Mundo, el domingo 17 de septiembre de 2006.
Artista gráfico, animador de culto, cineasta minoritario y erotómano empedernido. El talento polimórfico de Walerian Borowczyk ilumina algunos de los rincones más oscuros de la cultura europea de los últimos 50 años. No hace falta ser una bestia incontinente ni una monja cachonda para disfrutar viendo sus películas. Eso sí, se recomienda leer estos textos sosteniendo el fanzine con una sola mano.
INTRODUCCION A LA GALAXIA BORO. El misterio que rodea la vida y la obra de Walerian Borowczyk aumenta con el paso y el peso de los años. Para empezar, uno siempre se hace un lío escribiendo su nombre. ¿Va antes la C o la Z? ¿Es necesario poner la W en medio de su apellido? ¿Cómo se pronuncian tantas consonantes seguidas? Lo mismo sucede a la hora de encuadrarle en un apartado creativo concreto. ¿Es mejor cartelista que cineasta? ¿Están a la misma altura sus cortos animados que sus largos eróticos? ¿No será su condición de ‘auteur’ un montaje de los críticos franceses? Tratar de encontrar las respuestas adecuadas a éstas y a otras preguntas relacionadas con el Universo Borowczyk resulta complicado, pero no imposible.
Existen dos tipos de admiradores del trabajo de Borowczyk. Unos y otros adoptan con frecuencia posturas irreconciliables. Están los que, con suma maña arqueológica, han logrado ver sus cortometrajes de animación. Casi todos ellos destacan el poderío estilístico y crítico de los mismos, y lo mucho que han influenciado a artistas como Jan Svankmajer y los hermanos Quay. Alejados de tanta pedantería intelectualoide se encuentran los fans fatales de su mal llamada filmografía comercial: curtidos devoradores de celuloide retro enganchados al erotismo fetichista de títulos como "La Bestia" e "Interior de un convento". En los últimos tiempos, además, ha surgido un tercer movimiento teórico que combina ambos puntos de vista, descifrando las claves libidinosas de las piezas en miniatura y redefiniendo las virtudes formalistas de los largometrajes.
No sabemos qué opina el propio Borowczyk de esta febril actividad estudiantil. Lleva tanto tiempo retirado del circuito, cultivando una imagen de excéntrico malhumorado e ignorando retrospectivas y homenajes, que cuesta imaginárselo ilusionado por algo. Una cosa está clara: debería sentirse orgulloso de haber llegado al siglo XXI convertido en un radiante objeto de deseo cinéfago.
HISTORIA DE UN PECADOR ANIMADO. Walerian Borowczyk nació el 21 de octubre de 1923, en Kwilcz, Polonia. Estudió Bellas Artes en Cracovia. A los 16 años se compró una cámara de 16 milímetros, atraído por la complejidad de su mecánica interna. Rodó sus primeros cortos de animación casi sin pretenderlo, de forma autodidacta. No los exhibió hasta principios de los 50, aprovechando el éxito obtenido como diseñador gráfico. En 1957 comenzó a colaborar con el también ilustrador Jan Lenica (1928-2001) en una serie de cortometrajes animados que marcaron época y rompieron con la tradición marionetista polaca representada por Ladislaw Starewicz (1882-1965) y Jiri Trnka (1912-1969). La repercusión internacional de estos cortos les abrió a ambos las puertas de la escena artística europea.
Instalado en París desde 1959, Borowczyk siguió realizando cortometrajes de vanguardia a un ritmo frenético, al mismo tiempo que iba estrechando lazos con artistas, ideólogos y escritores afines a sus gustos personales: gente como André Breton (1896-1966), que siempre le consideró un surrealista sin carnet; André Pieyre de Mandiargues (1909-1992), de quien posteriormente adaptaría varios textos al cine, y Chris Marker (1921), el autor del mediometraje de culto “La Jetée”, con quien colaboró en diversos proyectos.
En 1967, Borowczyk estrenó su primer largometraje, una pieza de animación titulada “Théâtre de Monsieur et Madame Kabal”, que recibió premios en varios festivales especializados. La influencia de Ionesco, Jarry, Beckett y Arrabal se hizo patente también en su siguiente película larga, la primera rodada por completo en imágen real, “Goto, isla del amor”, estrenada un año más tarde. Ya en 1971, el tercer título importante de su filmografía, “Blanche”, apuntaló el prestigio crítico del cineasta polaco.
DEL CINE DEL ABSURDO AL CINE DE BOUDOIR. Conozco a muchos degustadores de perlas raras que no dudarían ni en segundo en colocar un punto y final a este texto después del párrafo impreso más arriba. Para ellos, todo lo que Borowczyk hizo después de “Blanche” tiene un interés más bien relativo. Eso opinan, al menos, casi todos los enciclopedistas cinematográficos serios que he consultado. Pocos le perdonan al ‘enfant terrible’ de la animación para adultos su posterior y perseverante dedicación al ‘eurotismo’ de arte y ensayo.
Encasillado a su pesar, a Borowczyk le costó lo suyo mantenerse en activo desde 1974 a 1991, periodo en el que realizó una docena de largos y un par de piezas televisivas. Afortunadamente para él, al menos tres de estos trabajos, “Cuentos inmorales”, “La Bestia” e “Interior de un convento”, figuran en el ranking de los títulos más populares del género erótico. El resto de su producción, gracias al interés demostrado por cinéfagos de todas las latitudes, está siendo ahora mismo rescatado del olvido a través de retrospectivas, pases televisivos y ediciones en vídeo y DVD para coleccionistas.
Lo curioso del caso es que, por mucho que insistan sus detractores o sus fans más esquinados, el estilazo de Borowczyk se manifiesta en todas y cada una de sus películas, sean éstas largas o cortas, de imagen real o de animación. Incluso en un bodrio tan descarado como “Emmanuelle 5” puede uno encontrar huellas de auténtico genio. Resumiendo mucho, y para no machacar conceptos que aparecen mejor explicados en el apartado filmográfico, diré que a mí me gusta su cine porque está exquisitamente concebido: es un cine de montaje, contrastes y encuadres; de texturas, fragmentos y objetos; de cuerpos, movimientos y miradas; de guiños literarios, voces en off y pausas espaciotemporales. Un genuino placer para los sentidos.
Este texto, al igual que los titulados Filmografía comentada de Walerian Borowczyk y Borowczyk se explica se publicaron en el fanzine 2000maniacos, en el número 24, fechado en diciembre de 2001
Las películas de Borowczyk tienen algo especial. Nada más echarles un vistazo, uno se da cuenta de que son suyas. Es por su manera de rodar, de encuadrar y de montar. El tío compone los planos como un fotógrafo obsesionado por los pequeños detalles. Coloca a sus actores como muebles en una tienda de antigüedades. A las mujeres desnudas les corta la cabeza, las piernas, los brazos, para fijarse sobre todo en las partes sexies de su anatomía. Monta las imágenes por contraste asociativo: a un plano general le suele seguir un primer plano de un objeto. Utiliza con frecuencia la cámara al hombro y el desenfoque casual. Está obsesionado con el erotismo de Fin de Siglo, los objetos de anticuario, los catálogos, las repeticiones, los archivos, los marcos y la música clásica. Le encanta la ropa de cama blanca, los bordados, los corsés, las túnicas romanas, los espejos, las duchas y los baños. Autodidacta y metomentodo, él mismo suele encargarse de la dirección artística, los decorados, el montaje y hasta la fotografía de sus películas, además de escribirlas y realizarlas. Entre los colaboradores que le han sido más fieles cabe destacar al encargado de vestuario Piet Bolscher (“Blanche”, “Cuentos inmorales”, “Tres mujeres inmorales”, “L’armoire”, “Dr.Jekyll et les femmes”), que trabajó igualmente con Costa-Gavras y Robbe-Grillet, y los directores de fotografía Guy Durban (“Théatre de Monsieur & Madame Kabal”, “Goto, isla del amor”, “Blanche”, “Cuentos inmorales”), autor también de un magnífico texto sobre Mandiargues publicado en la primera reedición de “Le Musée noir”, y Bernard Daillencourt (“Cuentos inmorales”, “La Bestia”, “Tres mujeres inmorales”), el operador de cámara oficial de David Hamilton en “Bilitis”, “Laura, las sombras del verano” y “Tiernas primas”.
‘THÉATRE DE MONSIEUR & MADAME KABAL”. Francia, 1962-1967.
Primer y único largometraje animado de Borowczyk. Enteramente dibujado por él. Un hombrecillo inofensivo y una mujer arpía (el señor y la señora Kabal) protagonizan una serie de sketches domésticos de inspiración surrealista. Automatismo y asociación de ideas al servicio de un humor audiovisual de alta graduación. Al principio y al final de la función, el propio director-dibujante irrumpe en la pantalla. “Me llaman Boro”, le dice a la Sra. Kabal. Un detalle curioso: el metraje está salpimentado con postales de Fin de Siglo e imágenes reales de chicas en bañador.
‘GOTO, L’ÎLE D’AMOUR’. Francia, 1968.
Versión española: “Goto, isla del amor”. Por un lado, es una divertida alegoría política antitotalitaria a lo "Ubu Rey", de Alfred Jarry; por el otro, una fascinante recreación del cine mudo con ramalazo nórdico. En una isla ficticia habitada por seres humanos cuyos nombres comienzan con la letra G, un condenado a muerte es amnistiado por capricho del monarca. Sin querer, este personaje descubre que la Reina (encarnada por Ligia Branice, musa y pareja sentimental de Borowczyk) mantiene relaciones sexuales con su profesor de equitación. Los acontecimientos se precipitan: hay suicidios, asesinatos, ajustes de cuentas y hasta una resurrección surrealista. La escena de los funerales inspiró una muy similar en la película "Institut Benjamenta", de los hermanos Quay.
‘BLANCHE’. Francia, 1971.
Versión española: “Blanche”. Filigrana medieval en clave shakespeariana, inspirada por “Mazepa”, de Juliusz Slowacki, un texto publicado en 1889. La protagonista vuelve a ser Ligia Branice, disfrazada de joven y frágil esposa de un noble octogenario (Michel Simón, en su penúltima aparición en pantalla) que la mantiene encerrada en su castillo. En el transcurso de una fiesta, la chica sufre el acoso del Rey, el paje del Rey y, lo que es peor, su propio hijastro. La cosa acaba con un baño de sangre. Borowczyk filma a los actores de perfil o de frente, encuadrados dentro de ventanas y marcos arquitectónicos, acentuando la sensación de falta de perspectiva propia de las pinturas del siglo XIII.
‘CONTES INMORAUX’. Francia, 1974.
Versión española: “Cuentos inmorales”. Largo compuesto por cuatro historias independientes. “La marée” es una adaptación literal de un relato de Mandiargues: un adolescente (Fabrice Lucchini) obliga a su primita (Lise Danvers) a que le practique una mamada mientras sube la marea. En “Thérèse Philosophe”, una quinceañera beata (Charlotte Alexandra) se masturba con un pepino después de excitarse con los objetos y libros antiguos que encuentra en una habitación donde ha sido encerrada como castigo por llegar tarde a casa. “Erzsébet Báthory” es una detallada descripción de las actividades cotidianas de la condesa húngara del siglo XV que acostumbraba a bañarse con la sangre de jóvenes campesinas. Paloma Picasso, la hija del pintor, encarna al personaje. La última historia se titula “Lucrezia Borgia”. Está ambientada en la Roma de 1498. Recrea un excitante ‘ménage-à-trois’ entre la célebre envenenadora (Florence Bellamy), su padre el Papa Alejandro VI, y su hermano el Cardenal César Borgia. Borowczyk disfruta recreando diferentes épocas históricas con cuatro brochazos decorativos, y se relame de gusto acariciando con el objetivo de la cámara los cuerpos femeninos de actrices y figurantes, en primerísimos planos detalle, forzando el encuadre, improvisando sobre la marcha. Los montajes de las escenas de masturbación y las de las duchas colectivas ponen cardiaco a cualquiera.
‘DZIEJE GRZECHU’. Polonia, 1975.
Versión española: “Historia de un pecado”. Se basa en un folletín de 1906 escrito por Stefan Zeromski. Narra las desventuras de una joven ingenua (Grazyna Dlugolecka) que se enamora de un escritor y, por su culpa, sufre todo tipo de calamidades. A saber: mata a su propio hijo, se prostituye, se deja chulear por unos indeseables y acaba sacrificándose por amor. Es la única película larga que Borowczyk dirigió en su país natal, y la única que aún no he podido ver. Participó en el Festival de Cannes. Algunos críticos la describen como un melodrama fetichista sin prejuicios.
‘LA BÊTE’. Francia, 1972-1975.
Versión española: “La Bestia”. En 1972, el productor Anatole Dauman contrató a Borowczyk para que rodase un final impactante para la película de Alain Fleisher “Les rendez-vous en forêt”, protagonizada por Catherine Jourdan, maciza descubierta por Alain Robbe-Grillet en “L’Eden et après”. Fleisher no dejó que nadie manipulase su trabajo, pero Boro aprovechó el encargo para rodar un mediometraje inspirado por una antigua leyenda gabacha (la misma que late, por cierto, debajo del guión de la recién estrenada “El pacto de los lobos”, de Christophe Gans). Con el título de “La véritable histoire de la Bête de Gévaudan”, la pieza estuvo a punto de formar parte de “Cuentos inmorales”. Al final, se utilizó como clímax orgasmatrónico de "La Bestia". La protagonista es una guapa heredera anglosajona (Lisbeth Hummel) que está a punto de casarse con un aristócrata francés. Mientras se soluciona el papeleo religioso, la joven pasa unos días en la mansión del novio, excitándose con los caballos, las lecturas y las malas compañías. Cuando ya no puede más de calentura, se imagina el choque sexual entre una antepasada de su futuro marido (Sirpa Lane) y una Bestia peluda y libidinosa. Borowczyk aprovecha este astuto giro de guión para combinar las imágenes del corto con las del largo. La excitación sube y el monstruo, armado con un pene de 45 centímetros, acaba inundándolo todo de esperma.
‘LA MARGE’. Francia, 1975.
Versión española: “Una mujer de la vida”. La obsesión sexual de un hombre de negocios felizmente casado por una prostituta caprichosa. Extraña adaptación cinematográfica de la novela con la que Mandiargues ganó el Premio Goncourt en 1967. En la película, él es Joe Dallesandro, ‘sex-symbol’ de la Factory de Andy Warhol, y ella es Sylvia Kristel, en pleno subidón de autoestima tras el éxito de “Emmanuelle”. Boro traslada la acción de Barcelona a París, filma a los actores como si fuesen estatuas de carne, y se entretiene enfocando y desenfocando objetos en primerísimo plano. En las escenas de folleteo suenan canciones de 10cc y Pink Floyd. En su momento, no gustó a nadie. A mí siempre me ha parecido una rareza: tiene un tono depresivo que hipnotiza.
‘INTERNO DI UN CONVENTO/INTÉRIEUR D’UN COUVENT’. Francia/Italia, 1977.
Versión española: “Interior de un convento”. Los “Paseos romanos” de Stendhal le sirven de pretexto al director para encerrarse entre los muros de un convento italiano repleto de jovencitas en celo. Nada puede hacer la Madre Superiora para sofocar la rebelión sexual que se avecina. La institución religiosa parece un colegio mayor de los que salen en las historietas de la revista ‘Kiss’. Las novicias bailan semidesnudas en la capilla, se toquetean los pechos en el confesionario y reciben a sus amantes en la sala de bordar. Por las noches, las más audaces mezclan plegarias con masturbaciones, crucifijos con consoladores, estampitas de la Virgen con dibujos de penes erectos. Una monja toca el violín desnuda, y otra, también desnuda, practica yoga delante del reclinatorio. Sin duda, ésta es la película más jugosa y jocosa de toda la filmografía de Borowczyk. La única en cuyo reparto estelar coinciden sus dos fetiches femeninos: Ligia Branice y Marina Pierro. Una lección de manejo de cámara al hombro y un prodigio de montaje asociativo.
‘LES HÉROÏNES DU MAL/TROIS FEMMES INMORALES’. Francia, 1978.
Versión española: “Tres mujeres inmorales”. Femineidad, sexo y venganza a través de la historia. Una nueva vuelta de tuerca a la fórmula inaugurada en 1974 con “Cuentos inmorales”. La protagonista del primer ’sketch’, ambientado en el Renacimiento Italiano, es Margherita (Marina Pierro), la ’fornarina’, modelo y amante del pintor Rafael. Después de divertirse mucho posando y follando en el estudio del artista, seduce a un banquero para robarle las joyas. Al final, reparte pastelitos envenenados y regresa con su novio campesino. La segunda mujercita inmoral se llama Marcelline (Gaëlle Legrand). Es una pizpireta Lolita de Fin de Siglo. Se pasa las horas muertas jugando con un conejito blanco en el jardín de su casa, recalentándose las tetitas al sol. Una mala tarde, azuzados por una sirvienta envidiosa, los padres de la niña cocinan a la mascota peluda y se la comen. Para vengarse, Marcelline entrega su virginidad a un matarife negro. Luego, con un cuchillo de carnicero, les corta el pescuezo a mamá y papá. El argumento se basa en el relato "Le sang de l’agneau", de Mandiargues, incluido en el libro "Le Musée noir". Marie (Pascale Christophe), una burguesa parisina de finales de los 70, sufre un secuestro con violación en la tercera y última parte de la película. Su perro, un doberman negro, la rescata y, de paso, asesina al pesado de su marido. Lo mejor: el ambiente sensual del primer episodio y la atmósfera ’hamiltoniana’ del segundo, rota con una salvaje pincelada gore.
‘COLLECTIONS PRIVÉES’. Francia/Japón, 1979.
Versión española: “Colecciones privadas”. El productor Pierre Braunberger convence a tres erotómanos de moda para que le fabriquen tres mediometrajes a medida. Just Jaeckin naufraga en una isla en compañía de varias sirenas caníbales (la más guapa es Laura Gemser). Shuji Terayama se enreda en una psicodélica fábula de fantasmas tocapelotas. Walerian Borowczyk adapta a Guy de Maupassant con la soltura acostumbrada. Su ’sketch’, titulado "L’armoire", ilustra con demasiada economía de medios una anécdota sin importancia. Un señorito aburrido (Yves-Marie) acude a un cabaret para acostarse con una corista (Marie-Catherine Conti). Después de pagar y follar, descubre que la mujer ha escondido a su hijo en un armario.
‘LULU’. Francia, 1980.
Ascensión y caída de una mujer de la vida (Anne Bennent) que acaba liándose con el mismísmo Jack el Destripador (Udo Kier). Los dos textos dramáticos más conocidos de Frank Wedekind se convierten en manos de Borowczyk en un experimento escénico a contracorriente: los personajes entran y salen de plano como si estuviesen encerrados en una casa de muñecas, los actores pronuncian sus diálogos por control remoto y las escenas de sexo provocan escalofríos. Rarita de cojones.
‘DR.JEKYLL ET LES FEMMES/LE CAS ÉTRANGE DU DR.JEKYLL ET MISS OSBOURNE’. Francia, 1981.
La versión cinematográfica más enloquecida y rabiosa de la novela corta de Stevenson. Udo Kier interpreta al Dr.Henry Jekyll. Marina Pierro es su novia Fanny Osborne. Para celebrar el compromiso matrimonial entre ambos, se organiza una cena en casa del primero. La velada se convierte en una orgía de sangre y sexo a medida que un misterioso personaje, Mr.Hyde (Gérald Zacberg), va ensartando uno por uno a todos los invitados con su monstruoso miembro de color rojo. Patrick Magee interpreta a un general psicótico y Howard Vernon es un científico chapado a la antigua. Cuando el espectador ya se ha acostumbrado a la música electrónica, los espacios cerrados, los diálogos de besugo, los flashes de luz azul y los estallidos de violencia irracional que salpican el metraje, Borowczyk acelera el ritmo en el tramo final y transforma las últimas secuencias en un maremagnum de imágenes alucinógenas. Henry Jekyll y Fanny Osborne se sumergen en una bañera llena de droga, pierden el control y se devoran el uno al otro.
‘ARS AMANDI/L’ART D’AIMER’. Italia/Francia, 1983.
Versión española: “El arte de amar”. Roma, año 8 antes de Cristo. Claudia (Marina Pierro) es una ardiente mujer necesitada de afecto, sobre todo cuando su marido centurión está en el frente. Se pasa el día entrando y saliendo de una gigantesca bañera-pecera transparente, intercambiando confidencias con su sirvienta negra. Por las noches, recibe las visitas de un joven amante, pupilo del mismísimo Ovidio. Antes de que el esposo cornudo vuelva a casa, la bella sin alma tiene tiempo de soñar con toros folladores y montar orgías con esclavos nigerianos. Borowczyk vuelve a recrear con imágenes y sonidos uno de sus periodos históricos favoritos. Tomando como pretexto los versos didáctico-amorosos de Ovidio, se marca un ejercicio de estilo aderezado con escenas de comedia, sexo y violencia doméstica. La película no sigue una línea narrativa concreta, combina el sueño con la realidad, los pasajes contemplativos con la acción sinvergonzona. Para complicar aún más las cosas, los distribuidores italianos añadieron insertos porno en algunas secuencias. El epílogo, ambientado en los años 80, resulta un tanto forzado.
‘EMMANUELLE 5’. Francia, 1985.
Un trabajito de encargo que Boro dejó a medio terminar. Emmanuelle (Monique Gabrielle) presenta en el Festival de Cannes su último pornete de aventuras, titulado “Love Express”. Las escenas de esta película dentro de la película tienen el toque Borowczyk, sobre todo las que están ambientadas en un harén, el resto es cosa de su asistente Thierry Bazin. Más cercana a un bodrio de la productora Eurociné que a un episodio de la saga de Emmanuelle.
‘CÉRÉMONIE D’AMOUR’. Francia, 1987.
Adaptación cinematográfica de uno de los últimos y más sofisticados textos de Mandiargues: la novela “Tout disparaîtra”. Un joven anticuario (Mathieu Carrière) conoce a una misteriosa mujer (Marina Pierro) en el Metro de París. Juntos visitan la iglesia de Saint-Germain-des-Prés antes de encerrarse en un ‘boudoir’ lleno de mariposas vivas. Allí, la mujer se transforma en un súcubo sexual y el hombre se entrega a sus más bajas pasiones. El lenguaje literario lo impregna todo. Las imágenes parecen sacadas de una ensoñación simbólica. Boro despliega su arsenal estilístico con la meticulosidad de un viejo profesor, sin concesiones a la galería. Esta es, probablemente, su película más personal.
BOROWCZYK EN LAS DISTANCIAS CORTAS
Estos son los cortometrajes más destacados de la filmografía de Borowczyk. No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Al final, incluimos dos encargos televisivos.
“Byl Sobie Raz…” (“Érase una vez…”), 1957
Líneas y formas sobre celuloide acompañadas por música clásica. Primera colaboración entre Boro y Jan Lenica.
“Nagrodzone Uczucie” (“Sentimiento recompensado”), 1957
Pintura y pintor naïf mezclados en un flashback circular. Boro y Lenica participan en el Festival de Cine de Cannes.
“Dom” (“La casa”), 1958
Descripción surrealista de una casa por dentro y por fuera. Boro y Lenica ganan 10.000 dólares en el Festival de Cine Experimental de Bruxelas.
“Les Astronautes” (“Los astronautas”), 1959
Mezcla de collage e imagen real. Codirigido por Chris Marker.
“Encyclopédie de grand-maman en 13 volumes” (“La enciclopedia de la abuela en 13 volúmenes”), 1963
Un repaso a la evolución de los medios de transporte a través de viejos grabados: automóvil, ferrocarril, globo…
“Renaissance” (“Renacimiento”), 1963
Una habitación destruida se reconstruye fotograma a fotograma.
“Les Jeux des anges” (“Los juegos de los ángeles”), 1964
Manchas rojas y traqueteo de tren. Una fábrica donde se descuartizan ángeles. Alegoría de los campos de concentración.
“Les felins”, 1964.
Boro se encargó de los créditos animados de esta película de René Clément, con Alain Delon y Jane Fonda.
“Le Dictionnaire de Joachim” (“El diccionario de Joachim”), 1965
Un personaje dibujado explica con gestos el significado de diversas palabras. 20 años más tarde, Bill Plympton ha hecho cosas muy parecidas.
“La vie de château”, 1965
Boro se encargó de los créditos animados de esta película de Jean-Paul Rappeneau, con Catherine Deneuve y Philippe Noiret.
“Rosalie”, 1966
Adaptación en imagen real de un relato de Guy de Maupassant, protagonizado por la musa y esposa de Borowczyk, Ligia Branice, una mujer de expresión renacentista y dicción marciana.
“Gavotte”, 1967
Divertimento con enanos disfrazados y música de Rameau.
“Une Collection particulière” (“Una colección particular”), 1973
Documental sobre la colección personal de objetos eróticos de Borowczyk. Texto escrito y declamado por el escritor André Pieyre de Mandiargues.
“Almanach des adresses des demoiselles de Paris” (“Almanaque de direcciones de las señoritas de París”), 1989.
Episodio de 25 minutos perteneciente a la teleserie “Serie Rosa”, coproducida por TVE. Picardías cortesanas de inspiración popular. Con Jean Mylonas como el Marqués de Sade.
“Le Lotus d’Or” (“El loto de oro”), 1991.
Episodio de 25 minutos perteneciente a la teleserie “Serie Rosa”, coproducida por TVE. Adaptación de un clásico del erotismo oriental escrito por Jin Ping Mei. Con Chun Yan Ning y Yoki Tani.
Este texto, al igual que los titulados El gabinete erótico del Doctor Borowczyk y Borowczyk se explica se publicaron en el fanzine 2000maniacos, en el número 24, fechado en diciembre de 2001.
Este tío es la monda. Llega con su cara de hogaza y sus andares de chancla, con su cuerpo de botellín y su bañador de saldo, con su verborrea de ligón de boîte y sus dientes de ratoncito Pérez, se marca unas planchas de órdago en la piscina que menos cubre, y consigue atraer las miradas de media docena de macizas en biquini. Cosas de magia patogia, de cine malo, de serie zeta, de surrealismo cañí o de todo a la vez: vaya usted a saber.
Hay expertos en sociología parda que han sido capaces de explicar el gancho cinematográfico de Alfredo Landa, Andrés Pajares y hasta, rizando mucho el rizo, la familia Ozores al completo. Pero nadie, repito, nadie se ha atrevido a poner en su sitio al más psicotrónico de todos los cómicos de la Transición y el Destape: el señor Fernando Esteso.
No resulta fácil fijarse en las sutilezas del juego interpretativo de este mago del humor. En la tele y en el cine siempre salía arropado por secundarios pasados de cocción, recortado de cualquier manera contra un croma cutre. Sin embargo, detrás de su gesto de cachondo que improvisa sin parar, formado en la implacable escuela de las salas de fiesta para empresarios y secretarias, late un no-sé-qué de payaso triste que encoge el corazón.
Su performance al borde del agua, en esta película inolvidable de 1976, es como un documental de fauna ibérica llevado a sus más insolentes extremos. Gracias a Fernando, todos los machitos estivales que exhibimos michelín y quemaduras en el chiringuito de turno conservamos la esperanza de compartir tumbona con señoras de tan buen ver como Helga Liné, Mirta Miller y Susana Estrada.
Pepito Piscinas, de Luis María Delgado. España, 1976.
Las historias para no dormir no necesitan parajes de ultratumba para quitarnos el sueño y el habla. De eso sabe mucho Chicho Ibáñez Serrador, más conocido como el Rey Midas de la mejor TVE de nuestras vidas. En su segundo largometraje como cineasta con vocación internacional, tras el muy perturbador y sexy La residencia, no salen criptas iluminadas por la luz de la Luna ni caserones en sombra con esqueletos escondidos en la alacena. A diferencia de las típicas víctimas propiciatorias del cine de terror gótico, los protagonistas de su película, un biólogo preocupado por el medio ambiente y su embarazadísima esposa pecosa, se enfrentan a un puñado de casas blancas y un sol de justicia en una pequeña isla mediterránea. Durante la primera media hora de sus vacaciones, todo parece transcurrir con normalidad: hay niños silenciosos que juegan en grupo y lagartijas que huyen del excrutinio ajeno dejando tras de sí trozos de sus colas. Lo que empieza a provocarles un imperceptible rechinar de dientes, lo mismo que a la mayor parte de los espectadores más desprevenidos, son las alcobas vacías, los bares cerrados y el ambiente de siesta perpetua en el que está inmerso el conjunto. Se diría que el primo español de Stephen King ha pasado por aquí. La razón de tanta sinrazón llega disfrazada de alegoría progre. Hartos de sufrir las consecuencias de los actos irracionales de los adultos (guerras, contaminación, capitalismo salvaje), los niños del lugar han decidido rebelarse. Pirañas, Titos, Panchos, Javis, Beas, Desis y Quiques están dispuestos a cambiarle el color al verano azul comiéndose crudos a sus propios padres. Ni Chanquete se salva.
¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador. España, 1976.