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la verdadera identidad de pedro calleja

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Veranos de cine: Calma total

Veranos de cine: Calma total Recoger a un autoestopista no es demasiado recomendable en ninguna época del año. Tampoco en verano. Ni siquiera si el susodicho se encuentra flotando en alta mar y es guapo como un demonio. De esto sabe bastante la pareja formada por Sam Neill y Nicole Kidman, sufridos protagonistas de este thriller rodado a pleno sol por Philip Noyce y basado en una novela negra de Charles Williams.

El arisco irlandés y la rizada australiana navegan sin rumbo fijo a bordo de un yate para dos. Desean olvidarse de una tragedia familiar reciente y, de paso, hacerle la respiración boca a boca a su naufragado matrimonio. Por el camino van y se encuentran con un solitario psychokiller que les pone a cien por hora con sus juegos de mano tonta y sus labios carnosotes. Poseído por el personaje que interpreta, Billy Zane se pasa tres pueblos acosando a la futura esposa de Tom Cruise, después de arrojar por la borda el cuerpo magullado de su rival testosterónico.

A partir del minuto 55, más o menos, la principal preocupación del director consiste en mantener el suspense morboso de la trama sin marearse con el balanceo del barco (y del guión). Tanto empeño pone en la tarea, que consigue pegárnosla varias veces seguidas reutilizando trucos y sustos ya vistos y oidos en otra parte. No problem. Ultimamente la memoria estival de los cinéfagos anda algo deteriorada.

Un momento para el recuerdo onanista: Nicole desparramando su cabellera pelirroja sobre la dura cubierta del velero, poniendo morritos de ’please, no, oh my god’, mientras el bestia de Zane se entretiene despeinándose en zona peligrosa.

Calma total (Dead Calm), de Philip Noyce. Australia, 1988.
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Veranos de cine: Cuento de verano

Veranos de cine: Cuento de verano En verano cuesta tomar decisiones. Las altas temperaturas embotan los cinco sentidos. Incluso el sexto, que normalmente sirve como radar intuitivo en según qué situaciones comprometidas, permanece en trance la mayor parte del tiempo (al menos, si no recibe los estímulos adecuados). En el caso de Melvil Poupaud, el actor protagonista de este cuento cinematográfico dirigido con mano izquierda por el viejo zorro de Eric Rohmer, el asunto se complica aún más por culpa de un guión que parece haber sido escrito al mismo tiempo que era interpretado. Con la guitarra al hombro, la expresión aturdida y las pantorrillas al aire, nuestro antihéroe se planta en medio de un pueblecito de playa plagado de veraneantes. Su intención es huir de un desamor, ponerse como un cangrejo y estudiar el folclor de la zona. Tres chicas muy distintas entre sí —Amanda Langlet, Aurélia Nolin y Gwenaëlle Simon— se cruzan en su camino. Las tres son adorables y le traen de cabeza, pero él no acaba de decidirse por ninguna. En una serie de escenas descacharrantes, va pasando de una a otra como una bola de ’pimball’ descontrolada, hasta que él mismo provoca el ’tilt’ y es expulsado de la partida. ’Game Over’. Como en el caso de las leyendas urbanas, todos conocemos a alguien al que le han sucedido cosas muy parecidas. Nosotros mismos, zarandeados por los vaivenes hormonales de la adolescencia, nos hemos enfrentado a dilemas similares, de imposible resolución lógica. La magia de esta película reside en haber transformado esos momentos de duda existencial para pardillos sin remedio en brillantes engranajes de comedia neorrealista sofisticada. No se dejen engañar por lo que dicen de las apariencias. Casi nunca engañan.

Cuento de verano (Conte d’été), de Eric Rohmer. Francia, 1996.

Veranos de cine: Sé lo que hicisteis el último verano

Veranos de cine: Sé lo que hicisteis el último verano Los asesinos en serie no se van de vacaciones nunca. Prefieren mantener en vilo a los adolescentes descarriados, sobre todo si éstos tienen buena planta y les queda alguna asignatura pendiente para septiembre. Las chicas y los chicos guapos de esta película, manufacturada por Jim Gillespie respetando a rajatabla las evanescentes reglas del moderno cine de terror instauradas por el guionista de Scream-Vigila quién llama, el talentoso Kevin Williamson, cometen una imprudencia temeraria bajo los efectos de la cerveza, los porros y el desbarajuste hormonal propio de la edad. Lanzados a toda pastilla por una carretera comarcal, atropellan a un autoestopista con chubasquero y mala pinta. Tras deliverar a grito pelado qué se debe hacer en semejante circunstancia, deciden hundir el cuerpo del desdichado en las aguas del puerto. Lo que sigue resulta sencillo de adivinar: uno tras otro, los responsables del desaguisado van siendo sangrientamente despachados por un individuo armado con un garfio. Al principio, la exuberante pero pacata Jennifer Love Hewitt, conocida gracias a la serie Party of Five, trata de desentenderse del asunto poniendo cara de póquer. Luego, agobiada por los sustos, va despojándose de ropa para solaz de los espectadores más revoltosos. Su amiguita en la ficción, la también televisiva Sarah Michelle Gellar (alias Buffy, la cazavampiros), sufre una muerte espectacular que pone a prueba sus capacidades pectorales. A diferencia de los quinceañeros de los años setenta y ochenta, propensos al despendole sexual justo antes de ser troceados por el psychokiller de turno, a éstos ni siquiera se les pasa por la cabeza perder la virginidad.

Sé lo que hicísteis el último verano (I Know What You Did Last Summer), de Jim Gillespie. Estados Unidos, 1997.

Borowczyk se explica

Borowczyk se explica SURREALISMO
—El surrealismo —al igual que el cubismo, el futurismo o el expresionismo— ha ejercido tanta influencia en la sensibilidad contemporánea —y ha ido adoptando tantas características de los demás ‘ismos’— que resulta inútil tratar de aislar su huella en mi obra.

ALQUIMIA
—Todo artista es un artesano y un alquimista. Pero alquimista en el sentido de que es capaz de mezclar cosas muy distintas y obtener algo totalmente inesperado. El alquimista utiliza métodos no científicos.

ANIMACION
—El cine en general, todo el cine, es animación. El cine de imagen real es cine de animación fotográfica. En última instancia, un trozo de película sólo es una sucesión de imágenes fijas. Si sustituyes esa fotos por dibujos se obtiene el mismo resultado. A principios de siglo, el cine era llamado ‘fotografía animada’.

Opiniones citadas por Daniel Bird en un texto publicado en el programa de una exposición sobre Borowczyk celebrada en junio de 1998 en el Museo Nacional de Fotografía, Cine y Televisión de Londres.

AUTODIDACTA
—No fui a ninguna escuela de cine. Estudié en la Academia de Bellas Artes de Cracovia. Empecé a hacer películas sin querer, utilizando una cámara de 16mm que compré a los 14 años. La vi expuesta en un escaparate, abierta, con su mecanismo a la vista. Me fascinó. Empecé a experimentar con ella. Cuando vi las primeras imágenes rodadas por mí, todas las nociones de técnica que tenía se esfumaron en el aire.

ESCUELAS
—La técnica es algo que puede aprenderse rápidamente. La escuela puede servir para eso, pero es más interesante utilizarla como punto de encuentro con otras personas que compartan tus pasiones. En general, se aprende más en los pasillos y escaleras de una escuela que en las aulas. Suele ser ahí donde se gesta el futuro del arte

MOVIMIENTO
—Sigo fascinado por las imágenes en movimiento: para mí son como esculturas mecánicas. (…) Mis primeras películas eran manchas y formas que se movían en un universo musical.

MONTAJE
—Para montar bien no hace falta ir a la escuela. Basta con tener una cosa clara: un segundo de película tiene 24 fotogramas.

REALIDAD
—Rodar no es la parte interesante del proceso creativo cinematográfico. A mí lo que realmente me interesa es el resultado final, lo que tiene que proyectarse en una pantalla. (…) Incluso en el caso de que uno quiera realizar películas convencionales, creo que siempre es necesario ‘dibujarlas’ antes, ya sea directamente sobre el celuloide o utilizando decorados y actores. (…) La fotografía realista es demasiado simple. El proceso creativo se reduce casi a cero. Si uno decide utilizar fotos en vez de dibujos para hacer una película, lo que tiene que hacer es crear otra realidad, deformarla, reinventarla. (…) Lo más difícil es evitar la reproducción mecánica de la naturaleza. Tiene que haber algo más, y no estoy hablando sólo de temperamento, personajes y argumento. Por encima de todo debe haber un concepto de lo que significa hacer cine.

LIBERTAD
—El arte verdadero exige libertad y sinceridad. (…) Ningún cineasta tiene este tipo de libertad. (…) Ser un cineasta cuya obra debe ser vista significa que se está obligado a trabajar dentro de unos parámetros controlados por degenerados circuitos de exhibición. (…) Las películas no se consideran obras de arte, sino mercancía industrial. (…) Hasta los más grandes cineastas están obligados a disimular sus ideas en las películas que hacen si no quieren perder ciertos privilegios.

CRITICA
—¡Ay, los críticos! Por regla general, los críticos cinematográficos son gente muy limitada. No parecen estar muy interesados por las ideas. O quizás no estén preparados para entenderlas. (…) La crítica de cine es como un circo.

ERODISNEY
—¿Por qué no buscáis erotismo en las películas de Walt Disney? Escoged cualquiera y os daréis cuenta de que nunca falta. Por ejemplo, en “Blancanieves y los 7 enanitos”. ¿Por qué no buscáis sexo ahí? Se puede sentir el deseo reprimido a la legua. ¿No es asqueroso? Deseos que no pueden expresarse. Yo nunca he hecho películas de ese tipo.

PORNOGRAFIA
—La pornografía, para mí, no existe, aunque esté presente en todas partes. ‘Pornografía’ es un término legal, no una definición crítica o artística. En cada país se entiende de una manera distinta. (…) La diferencia entre un porno casero y una de mis películas está en el montaje. Me da igual rodar a un hombre comiéndose una manzana que a una pareja follando. (…) Prácticamente en todas las películas de la historia del cine sale una pareja abrazándose. La oposición de los sexos es una constante. ¿Pero dónde está el límite? Puedes filmar la pierna de una mujer en plano general sin que nadie piense nada raro; fílmala en primer plano y habrá alguien que opine que eso es obsceno.

FEMINISMO
—¿Feministas? Pensaba que ya habían desaparecido. Las que conocía ya han crecido, se han casado y ahora organizan cenas en casa. Bromas aparte, creo que las mujeres ocupan un lugar privilegiado en mis rodajes; mucho más importante que el que ocupan en rodajes de películas que no son ni la mitad de polémicas que las mías. (…) En el fondo, siempre me he colocado del lado de los personajes femeninos. Admiro su energía y su heroísmo a la hora de ver realizados sus deseos, sean cuales sean estos deseos.

GENEROS
—El cine de géneros me asquea. Está basado en la repetición de viejos esquemas. Para mí, eso es pornográfico. En este tipo de cine siempre hay buenos y malos. Yo tengo mi propio punto de vista al respecto. (…) Además, siento animadversión por las etiquetas. John Ford dijo una vez en una rueda de prensa: ‘Hola, soy John Ford y hago películas del Oeste’. Muchos han tratado de obligarme a que yo diga algo parecido: ‘Hola, soy Walerian Borowczyk y hago películas eróticas’. Lo malo es que nadie distingue entre películas del Oeste reaccionarias y películas del Oeste progresistas.

ABSTRACCION
—El cine no es literatura. El cine es apariencia. Mi manera de contar una historia no es la misma que la de un escritor. Para mí, el movimiento es creación. Es una lástima que no pueda hacer películas completamente abstractas. Después de todo, a la gente le encanta ver fuegos artificiales y eventos deportivos. El cine todavía no ha llegado a ese punto.

VOYEURISMO
—Soy ‘voyeur’ como pueda serlo cualquier persona. El cine y la televisión incentivan el ‘voyeurismo’. Yo solo hago películas; los demás las miran.

Extractos de una entrevista publicada en la revista Cinema Papers (nº 50, febrero-marzo, 1985). La autora es Susan Adler. El texto está incluido en la maravillosa página web de Marc Morris dedicada a Jess Franco, Radley Metzger, Jean Rollin y Walerian Borowczyk: www.vidmarc.demon.co.uk/mondo-erotico


Este texto, al igual que el titulado El gabinete erótico del Doctor Borowczyk se publicó en el fanzine 2000maniacos, en el número 24, fechado en diciembre de 2001

Veranos de cine: Tiburón

Veranos de cine: Tiburón Todos tenemos amigos y amigas que no se acercan al borde del mar ni aunque les aseguren una cita con la chica del biquini a rayas o con el chico del musculo juguetón. No se trata de la comprensible alergia que tenemos unos pocos al sol del mediodía, la arena pegajosa, la sal del océano y el gordo del transistor, sino algo mucho más atávico: es miedo al bicharraco mayúsculo que surge de las profundidades y nos devora una pierna y el relleno del paquete. Los cinéfagos treintañeros sufren más que otros esta cojera del carácter. Y todo porque de pequeños les llevaron a ver una película protagonizada por un puñado de hombres solos enfrentados a un tiburón que buscaba compañía (y se la comía) en las playas de Nueva Inglaterra. Su director, Steven Spielberg, recién salido de la edad del pavo, se marcó un triple de espaldas a la canasta con esta monster-movie con corazón de best-seller. Las primeras escenas son las que más hunden en la butaca, sobre todo por el acompañamiento musical y la cámara que entra y sale del agua haciéndose la interesante. El escualo ronda a una guapa bañista en pelotas, deja que el dum-dum-dum-dum de la banda sonora suba de volúmen y ataca por sorpresa. Los señores encargados de darle su merecido a la bestia son el sheriff Roy Scheider, el cazador Robert Shaw y el ictiólogo agorero Richard Dreyfuss. Todos ellos alucinan cada vez que asoma el morro su presa, pegándole bocados al barco en el que navegan o enseñando sus tres filas de dientes. Gracias al buen hacer de los expertos en efectos especiales, el tiburón parece más grande a medida que pasa el tiempo. No veáis lo que ha crecido en 25 años.

Tiburón (Jaws), de Steven Spielberg. Estados Unidos, 1975.

Veranos de cine: El verano de Kikujiro

Veranos de cine: El verano de Kikujiro A los niños les gustan los sinvergüenzas. Encuentran en ellos al padre que no tienen: una versión grande de sí mismos, carente de prejuicios, canalla porque sí. Cuando un niño se topa con un sinvergüenza a su medida, la diversión no tiene fin. Al pequeño Masao, que tiene nueve años y se ha quedado solo, le toca compartir el mejor verano de su corta existencia con el señor Kikujiro, un tipo patizambo y sonriente que no habla y se entretiene con cualquier cosa. Kikujiro en realidad se llama ’Beat’ Takeshi, también conocido como Takeshi Kitano. Es un actor cómico de registro extraterrestre y un realizador depurado que firma películas de culto para occidentales listos. El camino que recorren juntos Masao y Kitano Kikujiro se despliega lentamente por un paisaje de ’gags’ escondidos, melodías minimalistas y mariposas generadas por ordenador. Parejas de ’motards’ de dibujo animado se entretienen inventando juegos tontos, como moscas zumbonas atraídas por la miel, y sátiros calvos les sacan la lengua. Los protagonistas, atrapados en un ’filme’ que parece una comedia muda ralentizada por los colores, imitan a Jackie Coogan y Charlie Chaplin, sólo que en clave de farsa cruel. Al final, como siempre, está el mar. Y una madre distante a la que va a ser muy difícil alcanzar. El niño y el adulto se despiden intercambiando un guiño de complicidad. Yo les recuerdo con gigantescas hojas de ’taro’ sobre sus cabezas. Me da la risa mientras seco mis lágrimas.

El verano de Kikujiro (Kikujirô no natsu), de Takeshi Kitano. Japón, 1999.

Interstella 5555: Daft Punk & Leiji Matsumoto se citan en Aldebarán

Interstella 5555: Daft Punk & Leiji Matsumoto se citan en Aldebarán LOST IN SPACE. La música electrónica y los dibujos animados japoneses se llevan bien. Fueron creados el uno para el otro. Sofisticados. Repetitivos. Ciberpunkos. "Interstella 5555" vuelve a poner de relieve la pertinencia de esta afirmación. El proyecto en sí es el resultado de una estrecha y larga relación amorosa: la del duetto gabacho de retrotechno progresivo Daft Punk con el veterano dibujante de manga y animador de culto Leiji Matsumoto. Lo que les ha salido está a medio camino entre una simpática película de ciencia ficción adolescente y un astuto encadenado pseudonarrativo de videoclips.

MINIMAL E-MAIL. Fascinados por el invento, los tripulantes de la nave FAKE me ponen en contacto vía correo electrónico con Thomas Bangalter y Guy-Manuel De Homem-Christos, la doble cara oculta y humanoide de Daft Punk. Les envío un cuestionario largo y tontorrón, para que se rían. Los tíos me responden con monosílabos y lugares comunes. ¿Os gustan los dibujos animados? "Sí". ¿Cuáles? "Tex Avery, Hanna-Barbera, Ralph Bakshi, South Park. Demasiadas cosas". ¿Sois fans de Leiji Matsumoto? "Sí". ¿Por? "Tiene un trazo elegante, sencillo y seguro al mismo tiempo". ¿Vuestro personaje Matsumoto favorito? "Capitán Harlock". Habrá sido la rehostia hacer "Interstella 5555" con el creador del Capitán Harlock ¿no? "Claro". Y así, hasta el final del documento. Tendré que dármelas de listo y tirarme el rollo para rellenar el espacio en blanco. Me sobran recursos. ¡Bio va!

INSERT NAME. Hay mucho tecnopetarda suelto en la escena electrónica contemporánea. Viajar de manera virtual a espacios exteriores de ciencia ficción está al alcance de cualquier enteradillo. Oferta sónica o química no falta. En todas partes surgen genios capaces de crear estímulos musicales que incitan al devaneo cósmico. Francia lleva varias temporadas seguidas dando la alternativa a esta clase de talentos. La pareja oculta detrás del andamiaje prefabricado y hortera de Daft Punk juega en el equipo titular.

INSERT CODE. Thomas y Guy-Manuel rondan la treintena, son pijos y se conocieron en el colegio. (Paréntesis cotilla: la novia de Thomas es la actriz Élodie Bouchez, por eso mucha gente le odia, le envidia o le odia y le envidia al mismo tiempo.) Musicalmente, les gusta el pop de los 60, el rock progresivo de los 70, la disco music de los 80, el house de los 90 y el techno chiripitifláutico del siglo XXI. Mezclándolo todo, se sienten felices. Su primer álbum, "Homework" (1999), gustó mucho a los críticos; el segundo, "Discovery" (2001), algo menos. Ambos se vendieron bien. Canciones como "Da Funk" y "Around the World" se bailaron en todos los rincones del planeta. Spike Jonze y Michel Gondry dirigieron los videoclips de estos himnos. Los de "One More Time", "Aerodynamic", "Digital Love" y "Harder, Better, Faster, Stronger", los singles de "Discovery", se hicieron bajo la supervisión de Leiji Matsumoto.

CLICK HERE TO ENLARGE. ¿Leiji? ¿Matsumoto? Les explico. Nipón nacido en 1938. Dibujante de tebeos y creador de teleseries y largometrajes animados. Uno de los grandes del manganime de los años 70/80. Especialista en SP SciFi. O sea: Ciencia Ficción al estilo Space Opera. (Atentos a las mayúsculas.) ¡Epopeyas Galácticas! ¡Héroes Atormentados! ¡Grandilocuencia Romántica! Por ahí van los tiros. Esos son los ingredientes básicos de las mejores series/películas de su filmografía: "Starblazer", "Acorazado Yamato", "Galaxy Express", "La reina de los 1.000 años" y ¡tachán, tachán! "Capitán Harlock". "Era nuestro dibujo animado favorito —confiesan Daft Punk—. Nos enganchamos con cinco o seis años. En Francia no se llamaba Capitán Harlock, sino Albator. Sigue siendo una de nuestras referencias estéticas".

THE PIRATEEN EXPERIENCE. Parche, cicatriz, melena, uniforme, espada, botas, levita, calavera. Harlock es un pirata espacial de caracter taciturno y oscuro que sobrevive en un universo regido por la desidia. Surca el vacío estelar a bordo de la nave Arcadia, que parece un gigantesco barco/tren/submarino. Su tripulación está formada por freaks. Las mujeres que más le gustan son estilizadas bellezas de cabellera rubia hasta los pies, desesperadamente lánguidas y ultraterrenas. Algo de todo esto se detecta en "Interstella 5555".

STAR TREK REVISITED. Resumo la trama de "Interstella 5555". Un tipejo secuestra a los integrantes de un grupo extraterrestre, les traslada a la Tierra, les lava el cerebro y los transforma en un producto de marketing. Decidido a liberar a sus ídolos, un guaperas misterioso, fan de la antigua banda, atraviesa la galaxia a bordo de su nave en forma de guitarra eléctrica. El amor secreto que siente por la bajista le sirve de gasolina. "Es una historia sencilla —recalcan los Daft Punk—. La escribimos pensando en Matsumoto. Aventuras, romanticismo, planetas extraños. De paso, mostramos el aspecto que menos nos gusta del negocio musical: los montajes, los premios, la manipulación de los medios". ¡Oído mensaje!

PARIS-TOKYO-ALDEBARAN. El título completo de "Interstella 5555" pone que da gusto: ""Daft Punk & Leiji Matsumoto’s Interstella 5555: the 5tory of the 5ecret 5tar 5ystem". ¿Se han fijado en la chulería de los cincos sustituyendo a las eses? La peli podría definirse como una especie de extended version de los 4 clips de "Discovery" (que están incluidos en la primera mitad). El resto es material inédito. Como no hay diálogos, el argumento está sugerido por las imágenes. "Antes de grabar "Discovery" ya pensábamos en la película —siguen los Daft Punk—. Siempre fue un álbum conceptual. Tuvimos que lanzarlo en el 2001 por imperativos comerciales. Muchos podrán redescubrirlo ahora en su auténtica dimensión. El gran secreto del disco era "Interstella 5555". Por fin, el círculo se ha cerrado". ¿Tiempo de elaboración? "28 meses. Conocimos a Matsumoto en el verano del 2000. Empezamos a trabajar en otoño". ¿Método? "Continuos viajes de ida y vuelta. París-Tokyo. Tokyo-París. Centenares de e-mails y llamadas de teléfono". ¿Satisfechos? "Mucho".

Antes de acabar, la pregunta estrella: ¿Similitudes entre música electrónica y animación nipona? "Son lenguajes artísticos universales que están en perpetua evolución y transformación". OK. No más. Para salir, pulsen la tecla ESC.

Texto publicado en la revista FAKE número 2. Año 2003.

Veranos de cine: La ley del deseo

Veranos de cine: La ley del deseo Recordábamos ayer a Anita Ekberg y Marcello Mastroiani remojándose en la Fontana di Trevi en La Dolce Vita. También el cine español cuenta con una escena tan excitante, simbólica y estival como aquella. La protagoniza Carmen Maura, exhultante de alegría debajo de un manguerazo de agua fresca, a las tantas de la madrugada, en plena movida madrileña, ante las miradas atónitas de un funcionario del ayuntamiento, una hija beata de la Virgen y un hermano director de cine. Es una imagen que no se olvida porque afecta más a las tripas que al cerebro, remueve sentimientos más que conciencias: pega donde más nos gusta que duela. Almodóvar tiene la culpa de que buena parte del resto de esta película inimitable alcance la misma intensidad. El es quien coloca a Eusebio Poncela en el vértice de un triángulo amoroso marcado por el melodrama kitsch. Un triángulo cuyos ángulos de base están ocupados respectivamente por un dulce muchacho de pestañas largas, Miqui Molina, todo mimos y rizos, y un fan fatal de las situaciones límite, Antonio Banderas, insoportable de carisma. Que del roce entre estos tres hombretones surjan las chispas necesarias para prender la mecha del deseo feroz, es una cuestión de temperamento cinematográfico. Y aquí hay para dar y tomar. Lo de menos, como siempre, son los resortes mecánicos de la historia: quién lo hizo, cuándo, porqué y cómo. Mucho más interesante resulta tomarle la temperatura al mogollón del asunto. De 42 grados centígrados no baja. Quema. Ay.

La ley del deseo, de Pedro Almodóvar. España, 1986.

Sam Raimi: Mis Posesiones Infernales

Sam Raimi: Mis Posesiones Infernales Acabo de cumplir los 41. Soy un tío con suerte. En su día, tuve el privilegio de descubrir a Sam Raimi en un cine de barrio. Fue a principios de 1984. Recuerdo que, por puro capricho de freak en etapa de formación, una tarde decidí saltarme las clases universitarias y dejar plantada a mi novia pecosa para ir a ver una película de terror de la que nada sabía.

Se titulaba Posesión infernal. Crucé medio Madrid hasta llegar a la única sala en la que aún se explotaba comercialmente, situada en una zona poco recomendable. Pagué mi entrada, elegí butaca, clavé los ojos en la pantalla y, al cabo de menos de 90 minutos, salí a la calle transformado en otra persona. Más desprejuiciada. Más postmoderna.

Enseguida me enteré de que Posesión infernal era el disfraz que le habían puesto los distribuidores españoles a Evil Dead, la opera prima de un veinteañero de las afueras de Detroit que había invertido todos sus ahorros y los de sus colegas en el proyecto. Uno de los grandes éxitos de la temporada en los festivales de Cannes y Sitges,

En el número 2 de mi fanzine SerieB, que se puso a la venta en abril de 1984, incluí una reseña crítica de la película. En ella me atrevía a afirmar que Raimi había inventado una nueva forma de hacer cine de terror; que Evil Dead poseía la misma energía fundacional que La noche de los muertos vivientes o La matanza de Texas.

20 años después de haberlo escrito, aquel texto entusiasta me sigue emocionando. ¡Qué olfato! ¡Qué sinceridad! ¡Qué ganas de armar bronca! Por si fuera poco, la existencia misma del libro que ahora mismo estoy prologando confirma la validez de mis viejas convicciones de fan fatal, lo que me hace doblemente feliz.

En junio de 1987, entrevisté a Raimi por primera vez. Sucedió en París, durante la celebración del XVI Festival International du Film Fantastique et de Science-Fiction, organizado por los hermanos Alain y Robert Schlockoff, cabecillas de la legendaria revista especializada Écran Fantastique. Los tíos alucinaron cuando les expliqué que había hecho el viaje desde Madrid sólo para conocer al autor de Evil Dead.

Raimi presentaba en el certamen Evil Dead 2, que fue acogida por los cientos de freaks que llenaban la sala del Grand Rex con alaridos, danzas desenfrenadas y lanzamiento de objetos contundentes al escenario. El propio realizador incitó a la masa enloquecida simulando una aparatosa caída antes de presentar la sesión.

Previamente, ambos habíamos tratado de mantener una conversación sobre dibujos animados y literatura de terror, pero no conseguimos entendernos demasiado bien. Sam no tenía ni idea de quién era Tex Avery, aunque conocía la mayor parte de sus cartoons para MGM y Warner. También aseguraba que, cuando rodó el primer Evil Dead, todavía no había leído nada de H.P. Lovecraft. Me pareció rarísimo.

Tras la experiencia parisina, entrevisté a Raimi en diversas ocasiones, siempre en el marco del Festival de Sitges. Todos los encuentros incluyeron comentarios sobre Lovecraft, Avery, Chuck Jones, Bugs Bunny, el Pato Lucas, los 3 Stooges y cien mil temas por el estilo. Estaba claro que ya llevaba la lección bien aprendida.

El tiempo ha colocado al responsable de Evil Dead en el lugar que le correspondía. Es decir, en lo más alto, por encima de Quentin Tarantino, Peter Jackson, Guillermo del Toro y Alex de la Iglesia, por poner cuatro ejemplos de cineastas con pedigrí freak. Este libro, en el que se repasa su obra con obsesiva minuciosidad, aparece en el mejor momento: inmediatamente después de que Raimi haya logrado alcanzar, con Spider-Man 2, el grado máximo de su talento cinéfilo y cinéfago.

Léanlo de un tirón. En un solo plano secuencia.

Prólogo del libro “Sam Raimi. De la transgresión al neoclasicismo” (Calamar Ediciones/Festival de Sitges 2004), con textos de Quim Casas, Desirée de Fez, Hernán Migoya, David G. Panadero, Miguel A. Parra, Joan Pons y Ángel Sala.

Veranos de cine: Dirty Dancing

Veranos de cine: Dirty Dancing Pasar las vacaciones en compañía de los padres es una lata. Sobre todo a ciertas edades. A Jennifer Grey, que acaba de salir de la adolescencia con muchas asignaturas pendientes, no le hace ninguna gracia encerrarse en un campamento ocupacional para familias felices durante todo un verano, pero cualquiera le dice algo a papá. En Catskills, a principios de los años sesenta, en pleno subidón Kennedy, todo está diseñado para comer, beber, hacer deporte, tostarse al sol y participar en las eliminatorias del campeonato estatal de carreras de sacos. Neoyorquinos y neoyorquinas de sueldo medio-alto hipotecan sus ganas de vivir doblegándose a un chiripitifláutico programa de actividades de ocio comunitario. Entre una y otra actividad, eso sí, hay quien aprovecha la confusión para crecer de golpe. Eso le sucede a nuestra protagonista con cara de ratón. Sin querer o queriéndolo mucho, lo mismo da, descubre la puerta falsa que conduce al lado salvaje de la vida. De la mano de Patrick Swayze, animador turístico y gigoló eventual necesitado de afecto, dinero y respeto, la chica se inicia en los misterios del baile prohibido: una mezcla de swing, rock’n’roll, lambada, frota-frota y kung-fu, que se practica de noche y en la clandestinidad. Como resulta ser una alumna aventajada, Jen pronto forma pareja danzante con Pat, después de echarle una mano a una joven que acaba de abortar y hacerse amiga de los negros. Al final, en vez de recibir una bronca por su comportamiento libertario, sus progenitores deciden afiliarse al Partido Demócrata. A la hermana pequeña le da un patatús. Feliz final para un final feliz. Todo es posible en Hollywood.

Dirty Dancing (Dirty Dancing), de Emile Ardolino. Estados Unidos, 1987.
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Veranos de cine: De repente, el último verano

Veranos de cine: De repente, el último verano Hay un verano caníbal escondido en un invernadero tropical. Es un verano definitivo, drástico, del que nadie quiere acordarse. Ni siquiera la pneumática Elizabeth Taylor, titubeante sobre sus zapatos de tacón de aguja, enloquecida por una pulsión sexual que no entiende o que entiende demasiado bien, encerrada en un manicomio sin cerraduras. En su busca llega un médico con cara de hombre triste, Montgomery Clift, traumatizado por un carisma de actor maldito que le pesa también al otro lado de la pantalla. Los dos tratan de echarse una mano compartiendo escenas de terapia y confesiones de perfil. Se saben guapos y se notan rotos. Por eso lamen sus heridas. Por eso se quieren sin decirlo. Les vigila desde lo alto de un trono-ascensor Katharine Hepburn, apergaminada, cosida como una cicatriz a su personaje de matriarca sureña sin sangre en las venas. Ella es la que abre las puertas del jardín interior y describe una a una todas las flores del mal que guarda en él. Allí, entre la densa vegetación, va despejándose la incógnita que envenena el texto teatral escrito por Tennessee Williams (transformado por Gore Vidal en un guión de cine que parece una enredadera de frases elegantes). De las páginas de un diario surge un flashback ambientado en el sur de España, protagonizado por un hijo consentido, canalla, gay, que acaba devorado por una jauría de chaperos adolescentes. Son estas escenas delirantes, psicotrónicas, blanquinegras y racistas las que reconcilian con los clásicos a los cinéfagos vacacionales. ¡Viva la muerte!

De repente, el último verano (Suddenly, Last Summer), de Joseph L. Mankiewicz. Estados Unidos, 1959.

Veranos de cine: La matanza de Texas

Veranos de cine: La matanza de Texas El tonto del pueblo se parte de risa. Le faltan todos los dientes menos uno. Se tira al suelo para hacer el baile de la croqueta mientras mantiene en posición vertical una botella de güisqui casero. Las moscas zumban a su alrededor como ventiladores cascados. Alguien ha decidido desenterrar a los muertos del cementerio y ponerles a bailar la tarantela. Turistas y periodistas fotografían la carne putrefacta. Los flashes de sus cámaras compiten en desigualdad de condiciones con un sol que parece de otro mundo. Los policías del estado contemplan la escena con palillos en la comisura de los labios. Estamos en la Norteamérica Profunda: quien entre aquí que abandone toda esperanza. Así comienza este clásico del cine de terror postmoderno protagonizado por un puñado de jovenzuelos en viaje de placer por el Infierno. Todos van emparejados y calentorros menos el chico de la silla de ruedas, capaz de sacar de quicio a cualquiera. Por el camino recogen a un autoestopista pirado que se corta la mano con un cuchillo y quema pólvora sobre una polaroid. Tras marcar la furgoneta de los chicos con un símbolo de horror cósmico, el chiflado desaparece en una tormenta de carcajadas. Luego llega lo peor. Los miembros de una familia de carniceros degenerados se convierten en anfitriones de los incautos excursionistas. La función comienza con un golpe de maza en la sien y sigue con una chavala colgada de un gancho para reses. Después se celebra un juego nocturno de persecuciones y un banquete psicodélico de carne cruda. La cosa acaba con un prolongado grito de pánico y un runrún asesino. El killer esconde su estúpida mueca tras una máscara de piel humana. Sólo el cuerpo de la última presa, la que se escapa, mantiene las constantes vitales; en su mente hace tiempo que se apagó la luz. Click.

La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre), de Tobe Hooper. Estados Unidos, 1974.

Veranos de cine: A pleno sol

Veranos de cine: A pleno sol Ripley tiene talento para la simulación. Alain Delon, además, es guapo como un demonio. El personaje de ficción le debe a su creadora, la escritora Patricia Highsmith, un carácter voluble y camaleónico, de superviviente nato aunque acomplejado. El actor de la película dirigida por René Clément posee pegamento epidérmico, y con eso le basta. Su fuerza está en lo que se percibe a simple vista: cuerpo, ojazos, piel morena. Si combinamos al uno con el otro, obtenemos un prodigio de seducción, fotogénico e ingenioso, vanidoso e insaciable, perfecto para ejercer de corazón de las tinieblas en un thriller afrancesado rodado, curiosamente, a pleno sol. Nada más entrar el protagonista a formar parte de la vida de sus compañeros de reparto, percibimos el sordo rumor de la tragedia. Delon escucha, calla y calcula. La muy angelical Marie Laforet y el nada ambiguo Maurice Ronet, pareja de hecho y cohecho, le siguen la corriente, encandilados por la fingida autenticidad de su invitado parasitario. Ella le susurra canciones de casi amor; él ronronea de gusto enseñando las plumas. Los tres disfrutan del mar, el sexo y el sol —como diría Serge Gainsbourg— a bordo de un velero mecido por las olas del Mediterráneo. Sin previo aviso, la tormenta estalla bajo un cielo azul, luminoso, en medio de una apoteosis de brillos y silencios. No hacen falta nubes, lluvia, truenos ni centellas para ponernos los pelos de punta. El pobre asesina al rico de un golpe seco y toma su lugar en el mundo. La sangre se diluye en el agua lo mismo que en la conciencia del asesino (y en la de los mudos espectadores del drama). Delon se transforma en un bello tenebroso sin zonas oscuras, que a punto está de salirse con la suya.

A pleno sol (Plein Soleil). Francia-Italia, 1959.

¡Peligro! Miss Muerte

¡Peligro! Miss Muerte Sí. Vale. Es cierto. A casi todos los que ensuciamos regularmente las páginas de 2000maniacos con nuestros escritos y dibujillos se nos ve un poco el plumero con el tema del Tío Jess. Cualquier cosa relacionada con él y con su mundo, nos altera el ritmo cardiaco. A veces, hasta da la impresión de que sobrevaloramos su talento como cineasta por pura frivolidad cinéfaga. Más que fans, parecemos discípulos suyos; miembros lobotomizados de una secta; sobrinillos revoltosos e irresponsables. Pero no. Para nada. Qué va.

Aficionados ajenos a nuestro ámbito de influencia afirman que, de todas las películas que ha hecho Franco hasta la fecha, sólo una de cada 15 puede considerarse realmente buena. ¡Una entre 15! Y no digo yo que no. Según este severo porcentaje, de los 200 largometrajes que integran por el momento la filmografía del Tío Jess, al menos 12 merecerían el calificativo de títulos de culto. Sorprendente cifra. Sobre todo si consideramos el hecho de que poquísimos cineastas de prestigio, muertos o vivos, tienen el privilegio de contar con 12 joyitas en su haber.

RED DE REDES. “Miss Muerte” (1965) figura entre las doce películas estupendas del Tío Jess. De hecho, creo que ocupa un lugar muy destacado, junto a otras favoritas mías como “Venus in Furs” (1969), “Vampyros Lesbos” (1970) o “Gritos en la noche” (1961). Yo la vi por primera vez en 1982. El 22 de abril, para ser más preciso. Un jueves por la tarde. En el Cine Narváez de Madrid. Recuerdo que la sesión formaba parte de una retrospectiva de terror ibérico programada en Imagfic 82 (III Festival Internacional de Cine Imaginario y de Ciencia Ficción de la Villa de Madrid, que aquel año se celebró del 16 al 24 del citado mes).

Por aquellos tiempos, yo llevaba ya siglos siguiéndole la pista a Jess Franco. Al igual que muchos otros freaks de mi edad, entré en contacto con su particular universo cinematográfico a través de las revistas especializadas de los 70. Enseguida sentí simpatía por el personaje. Me fascinaban las barbaridades que se escribían sobre él y alucinaba en colores mirando las fotos de sus películas. Luego, al filo y al hilo de los 80, fue Carlos Aguilar (antes, durante y después de faneditar su fanzine Morpho) quien acabó de consolidar mi pasión franquista, llenándome de información, orientación y entusiasmo de género.

LLAMEN A LOS BOMBEROS. El caso es que “Miss Muerte” me volvió loco. El texto que le dediqué en el número 3 de mi fanzine Serie-B (noviembre de 1984) refleja bastante bien el estado incandescente en que me dejó su visionado. Selecciono unos párrafos de aquel texto para que os hagáis una idea: "Ataviada con un collant que le enmarca todo el cuerpo desnudo y está sugestivamente decorado por un motivo arácnido que anida su centro mismo en el sexo de la joven, Nadia/Miss Muerte/Estella Blain pertenece a una rara categoría de Mujer Fantástica: mezcla de Jekyll y Hyde en femenino, mujer-araña de largas y envenenadas uñas, maniquí revivido con fines perversos y Bella con alma de Bestia. (…) AniMAL de puro instinto, su sola presencia teje una red hipnótica de la que es difícil desprenderse, y que el propio Franco supo reforzar utilizando convenientemente los elementos de la cinemática, la decoración y el estilo cutre acordes con la literatura parda en la que tanto el personaje central como la película han tomado esencia y origen".

Han pasado más de veinte años desde que improvisé sobre un teclado las palabras entrecomilladas de más arriba. Ni siquiera estoy muy seguro de lo que quieren decir, pero me alegra haberlas reciclado aquí con tanto morro. “Miss Muerte” resiste bien el paso del tiempo. No es una de esas películas caducadas que uno está obligado a consumir extremando las precauciones. Revisarla de cuanto en cuanto supone un auténtico placer para los sentidos; descubrirla ahora sin previo aviso debe de ser ya la hostia.

VALE TUDO. “Miss Muerte” se estrenó en 1965. En relación con el resto de la filmografía de Jess Franco, cumple una función de puente o bisagra entre dos periodos creativos distintos. Cierra una etapa e inaugura otra nueva, combinando características estilísticas y temáticas de ambas.

Por un lado, conserva detalles góticos, expresionistas, fantásticos, de serie negra o policiaco francés, ya presentes en anteriores filmes anteriores como "Gritos en la noche" (1961), "La mano de un hombre muerto" (1962) o "Rififí en la ciudad" (1963); por otra parte, incorpora montones de guiños al mundo cómic, el cine de agentes secretos, la sensibilidad del pop-art y el erotismo de arte y ensayo: cuatro de las referencias-clave en títulos posteriores como "Cartas boca arriba" (1966), "Lucky, el intrépido" (1967) o "Necronomicon" (1967).

Franco contó con un presupuesto más alto de lo habitual para rodar “Miss Muerte”, que en Francia se tituló “Dans les griffes du maniaque” (“En las garras del maníaco”). La película no dejaba de ser una simple coproducción de serie B como tantas otras de la época, aunque las presencias del productor gabacho Serge Silberman y del coguionista Jean-Claude Carrière, colegas y colaboradores ambos de Luis Buñuel, le añadiesen cierto toque de prestigio al proyecto.

LA ARAÑA QUE ARAÑA. El argumento de "Miss Muerte" es de los que se resisten a ser resumidos. Empieza con una fuga. El asesino Bergen se escapa de una cárcel austriaca para no evitar ser ejecutado por sus crímenes. Huye en medio de una tormenta de mil demonios y acaba refugiándose en un siniestro castillo. Allí vive y trabaja el Dr. Zimmerman, un científico chiflado que fue discípulo del Dr. Orloff (personaje protagonista de "Gritos en la noche" y otras muchas pelis del Tío Jess). Aprovechando el aturdimiento del fugitivo, el matasanos utiliza una absurda máquina inventada por él para transformarlo en un esclavo sin cerebro.

La acción se traslada inmediatamente a una sala de conferencias. Está celebrándose una Convención Médica. Zimmerman expone sus teorías acerca del control mental. Todos se ríen de él. El viejo se disgusta tanto con la reacción de sus colegas, que acaba palmándola, víctima de un ataque cardiaco. Su hija Irma, que ha presenciado todo el suceso, jura vengarse de los principales responsables de la tragedia.

Después de simular un accidente mortal, lavarle el cerebro al ayudante de su padre y operarse la cara con sus propias manos, Irma ordena a Bergen que secuestre a Nadia, una stripper de cabaret que está causando sensación con un numerito erótico en el que interpreta a un personaje llamado Miss Muerte. Cumplido el encargo, Irma transforma a la chica en una asesina implacable, con el fin de enviarla al encuentro de los tres científicos que más se burlaron de su padre.

MATARILE RILE RILE. El primer científico, interpretado por el actor suizo Howard Vernon (protagonista de “Gritos en la noche” y un centenar largo de películas de Franco), es seducido a bordo de un tren. Miss Muerte le araña el rostro con sus uñas envenenadas y lo arroja al vacío sin contemplaciones. El segundo sufre el acoso de la guapa asesina en medio de una densa niebla, antes de recibir la puntilla fatal. El tercero se huele la tostada y logra reducir a la agresora antes de que actúe contra él. La propia Irma tiene que intervenir para rescatar a su esclava y cargarse al listillo.

Después de quedarse a gusto, Irma lo organiza todo para eliminar a Miss Muerte, que se ha convertido en una criatura incontrolable. Bergen, fascinado por la belleza de la cabaretera, decide liberarla en vez de matarla. Se lía un poco la cosa e irrumpe en escena el novio de Nadia, acompañado por el jefe de policía (¡el Tío Jess en persona!).

Tras el tiroteo de rigor, llega el plano final, que tiene truco: Nadia/Miss Muerte, recién rescatada y con expresión inquietante, acaricia con sus uñas la cara de su novio. ¿Es un gesto amoroso o una ambigua amenaza? ¿Quién controla ahora la mente de esta jovencita? ¿La dulce stripper o su doble perversa?

REMIX MUERTE. Como habéis podido comprobar, el guión de “Miss Muerte”, coescrito por Carrière y el propio director, combina thriller policiaco, ciencia ficción, terror gótico y erotismo chic. Parece una novelita barata de quiosco o un fumetto italiano per adulti. Quedaría bien incluso en formato de fotonovela de género. El tema de la mujer que va aniquilando uno por uno a todos los hombres que odia, recuerda, quizás demasiado, al argumento de “The Bride Wore Black”, la célebre novela de Cornell Woolrich (escrita con el pseudónimo de William Irish) que fue adaptada al cine por François Truffaut en 1968.

Para trasladar a la pantalla esta explosiva mezcla genérica, Franco no tuvo reparos en añadir a muchas escenas un ligero tono de comedia cinéfaga, acentuando aún más, si cabe, la originalidad y el descaro de toda la propuesta. Ése fue uno de sus grandes aciertos. También acertó compaginando planos de composición expresionista, al estilo de Orson Welles, con secuencias pseudonaturalistas rodadas en exteriores, que están a medio camino entre la Nouvelle Vague y el policiaco europeo de toda la vida. Para filmar todas estas imágenes, el Tío Jess tuvo la suerte de poder contar con el talento del director de fotografía Alejandro Ulloa.

Otro apartado destacado de “Miss Muerte” es su reparto, encabezado por dos supermujeres sobradas de morbo: la argentina Mabel Karr, que fue esposa en la vida real del actor español Fernando Rey, interpreta a la vengativa Irma con una concentración casi obsesiva, y la cantante y actriz francesa Estella Blain, que acabó suicidándose muchos años después de intervenir en esta película, encarna, con inquietante fantasmagoria y descarado erotismo, al personaje doblemente fascinante de Nadia/Miss Muerte.

Hay más, pero mejor lo descubrís vosotros mismos viendo la magnífica edición en dvd de “Miss Muerte”, editada por Mondo Macabro/Boum Productions con el título inglés de “Diabolical Doctor Z”. Un consejo: fijáos bien en las escenas de cabaret jazzístico. ¡Son hipnóticas!

Pedro Calleja


Coproducción Francia-España.
Año: 1965.
Productoras: Hesperia Films/Speva Films/Cine-Alliance
Productores: Serge Siba (Serge Silberman), Michel Safra y Henri Baum.
Director: Jesús Franco.
Guión: Jean-Claude Carrière y David Khune (el Tío Jess).
Director de Fotografía: Alejandro Ulloa.
Montaje: Jean Feyte.
Música: Daniel White.
Dirección Artística: Antonio Cortes.
Reparto: Mabel Karr, Estella Blain, Fernando Montes, Guy Mairesse, Jess Franco, Daniel White, Howard Vernon, Marcello Aroitta, Lucia Prado, Albert Bourbon, Antonio Jiminez Escribano, Ana Castor, Alberto Dalbes.

Udo Kier: Entrevista con el Vampiro

Udo Kier: Entrevista con el Vampiro Vicio, sexo, canalleo y aristocracia decadente. Encuentro en la tercera fase con el actor que más veces se ha paseado por el lado oscuro del cine raromalo. De Carne para Frankenstein a Historia de O. De Sangre para Drácula a Blade. De Suspiria a Barb Wire. Del Ultragore Alemán al Dogma Danés. 35 años dando ambiente al lado de personajes como Fassbinder, Madonna, Warhol, Borowczyk, Von Trier, Polanski, Van Sant, Korn y Kitten Natividad. Perversiones de arte y ensayo y cotilleos de cuarto oscuro.

Hay actores que se transforman física y mentalmente en los personajes que interpretan. Pierden y ganan peso, sueltan chapas a los periodistas, se van de la olla y hasta ganan Oscars. Otros, en cambio, siguen siendo ellos mismos en cualquier circunstancia. Udo Kier forma parte de este selecto grupo de elegidos para la gloria de culto. Desde mediados de los años 60, ha encarnado en la gran pantalla a numerosos vampiros, aristócratas, chuloputas, mad doctors, nazis y satanistas, sin borrar de su cara esa expresión de ahí-me-las-den-todas que caracteriza a los auténticos aventureros. Detrás de esa mirada de acero se esconde un tipo que sabe reirse de sí mismo. En esta entrevista —que tuvo lugar durante la celebración del Festival Internacional de Cine de Barcelona-Sitges ’99, y que después ha sido completada y corregida vía fax—, lo demuestra con creces.

DEL DIABLO Y OTROS MALES Udo bebe vino tinto a pleno sol, en el jardín del hotel, poniendo en entredicho su condición de criatura de ultratumba. Me espera con la sonrisa puesta, dispuesto a comerme crudo. Debería tener 55 años (ahora 56), pero no los aparenta. Ha venido a promocionar Possessed, una peliculita danesa con olor a azufre (en el momento de escribir estas líneas, está editada en vídeo por Filmax). El distribuidor español vigila, así que decido empezar el interrogatorio con la pregunta de rigor.

¿Qué pasa con Possessed?
—Interpreto a un personaje que persigue al Demonio por toda Europa. En realidad, voy detrás de un virus que se contagia por el tacto. El virus es el Demonio. En mi pasaporte dice que soy sacerdote. La policía cree que soy un terrorista. El director, Anders Ronnow-Klarlund, la ha rodado con un estilo que recuerda al Dogma. Está bastante bien. Curiosamente, acabo de hacer de siervo de Satanás en El final de los días, una superproducción americana protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Estoy familiarizado con los temas diabólicos.

¿A qué crees que se debe esta fiebre por el Fin del Mundo?
—Es por el miedo que se le tiene al cambio de milenio. La gente está cagada y hace películas sobre catástrofes, profecías, maldiciones. Es una moda que pasará en cuanto nos demos cuenta de que, en el 2001, todo seguirá igual que antes.

¿Cómo te imaginas al Diablo?
—El Diablo vive en la casa de al lado. Es la gente corriente que se comporta como un demonio. Si lees las noticias cada día, siempre encuentras algo al respecto. Hace unas semanas leí un artículo sobre una mujer joven que asesinó a sus dos hijos y los metió en la nevera. Los tuvo allí seis meses, mezclados con la comida. Para mí, esa es la Maldad.

¿Eres un experto en maldades?
—No sé nada sobre el tema, a pesar de haber interpretado a un montón de villanos. En la vida real tengo dos perros recogidos de la calle. Son perros buenos que no muerden. Paso las mañanas cuidando mi jardín, que tampoco es un jardín diabólico con cadáveres enterrados.

Cualquiera lo diría, viendo tus películas...
—Empecé a ser conocido en 1973, gracias a Carne para Frankenstein y Sangre para Drácula. Después me ofrecieron muchos papeles parecidos y, de la noche a la mañana, me convertí en un malo de cine. Yo creo que fue por el contraste. Un villano con cara de ángel es más interesante que un monstruo deforme.

De todas formas, se nota que a ti te gustan este tipo de papeles.
—Sí, no voy a negarlo. Disfruto haciendo cosas en la ficción que nunca haría en la realidad.

¿Por qué piensas que te has convertido en un actor de culto?
—Me imagino que porque he trabajado con directores de culto: Rainer W. Fassbinder, Lars Von Trier, Gus Van Sant, Paul Morrissey… A todos me los he ido encontrando por casualidad. Soy muy perezoso y no voy detrás de la gente. En los festivales paso de relacionarme con la gente importante. Los directores que quieren trabajar conmigo me lo piden. No tengo yo que ir a decirle a nadie lo maravilloso que soy para que me contrate. Por suerte, trabajo continuamente. He hecho un montón de películas. Algunas buenas y algunas malas.

¿Qué te gusta más: rodar o ver una película?
—Disfruto más rodando que viéndola, por supuesto. El rodaje es el proceso creativo. El momento creativo. Nunca veo premontajes ni nada de eso. Ni siquiera las imágenes del monitor. Para eso está el director. Él es quien tiene que decidir si lo hago mal o no y corregirme. En general, no me gusta verme. Tengo que hacerlo en algunos estrenos, pero no me gusta. En mi casa no tengo ni un vídeo de mis películas. No quiero ser uno de esos actores que invita a los amigos a cenar y les dice: "¡Qué casualidad! Tengo aquí mi última película. ¿La queréis ver?" Conozco a gente así y la odio.

¿Odias a muchos compañeros de profesión?
—No, al contrario. Me gusta la gente y esta profesión es la mejor para conocer gente. Yo vivo solo en casa. Hago vida normal. Salgo al mercado y a pasear a los perros. Y luego hago películas, viajo, conozco gente. Con algunos mantengo el contacto, con otros no. En general, más con los directores que con los actores.

Hablemos de Carne para Frankenstein y Sangre para Drácula.
—Son mis películas más famosas. Las que me pusieron en órbita, por así decirlo. Se rodaron a la vez por decisión del productor italiano, Carlo Ponti. Una detrás de la otra. Con el mismo equipo técnico y un presupuesto de 300.000 dólares. Primero fue Carne para Frankenstein, en tres dimensiones. Tardamos tres semanas en rodarla. El número tres estaba por todas partes. Nos dieron unos días de descanso antes de empezar Sangre para Drácula. Tuve que adelgazar diez kilos, así que no comí nada. Por eso salgo en silla de ruedas. ¡Apenas si podía ponerme en pie!

¿Aprendiste algo rodándolas?
—Yo hablaba bastante mal en inglés. Tuve que concentrarme mucho. También aprendí a improvisar. Fue una experiencia increíble. Rodamos en un castillo auténtico. El dueño estaba loco. Lo habían encerrado en un manicomio y sus familiares alquilaron el castillo a la productora para poder pagar la factura de la clínica.

¿Cómo te ofrecieron los papeles?
Morrissey y yo nos conocimos en un avión. Él me habló de su carrera y yo de la mía. Prometimos llamarnos. Unas semanas más tarde, me ofreció trabajar en una nueva versión de Frankenstein. Le dije que sí y le pregunté que cuál sería mi personaje. "¡El doctor Frankenstein!", me respondió. Aluciné y empecé a hacerme a la idea. Pensaba que el rodaje iba a ser un pasote de drogas, sexo y rock’n’roll, teniendo encuenta que era un proyecto de la Factory de Andy Warhol. Luego resultó que no. Nos levantábamos temprano, trabajábamos todo el día y no había tiempo de juergas.

¿Se pasó Warhol por el rodaje?
—Vino un día a hacernos fotos glamourosas. Ya sabes. Para su revista. Nos puso guapos y gastó unos cuantos carretes. Yo estaba fascinado con Joe Dallessandro porque era el protagonista de la famosa Trilogía (Trash, Flesh y Heat). Me sentía en el centro de la modernidad.

Existe el rumor de que fue Antonio Margheritti quien realmente dirigió las dos películas. ¿Es cierto?
—En absoluto. Son cosa de Morrissey. A Margheritti apenas le vi. Supongo que se ocupaba de la segunda unidad, de supervisar al equipo italiano. Hubo que poner su nombre en los créditos por una normativa legal sobre las coproducciones.

¿Cuál te gusta más?
—Quizás Sangre para Drácula. Es más personal, más atrevida, más sugerente. Al principio, no estaba previsto que yo la protagonizase. Fue al acabar Carne para Frankenstein cuando me la ofrecieron. La interpreté como en trance, en parte por lo poco que comía.

Tu Conde Drácula enferma cada vez que bebe sangre no virginal. Es como una premonición simbólica del problema de sida.
—Desde que existe el virus del sida, el significado de la sangre en el cine de terror ha variado. Ahora es totalmente distinto. Provoca un terror más visceral, más clínico. En el vampirismo moderno, si muerdes a alguien tú también puedes infectarte. Tiene su punto de ironía. Desgraciadamente, muchos amigos míos han muerto de sida, así que no me lo tomo a broma.

¿Cuál es tu película de vampiros favorita?
El baile de los vampiros, de Roman Polanski. Es alegre, ligera, original. Me gustan los trajes, el decorado, la ambientación decadente y los bailes. Los personajes bailan y se muerden, bailan y se muerden...

¿Conoces a Polanski?
—Solíamos salir juntos a tomar copas cuando yo vivía en París. Él fue quien me convenció para que aceptase hacer Historia de O. Yo pensaba que no era más que otra de esas película porno de la época. Roman me dijo que no, que era un clásico de la literatura erótica, que me daría prestigio.

¿Y te lo dio?
—Bueno, me lo hubiese dado si la película llevase la firma de Fassbinder en vez de la de... la de...

Just Jaekin.
—Eso. Me cuesta recordar su nombre.

Quizás porque no te gustó trabajar con él.
—Quizás.

A pesar de todo, Historia de O es un clásico del cine erótico de los 70.
—La prohibieron en varios países. Creo que en España también. Teníais que subir a Francia para verla ¿no? Ahora piensas en ello y te sorprende. Entras en Internet y sale Pamela Anderson follando con Tommy Lee. Los tiempos han cambiado. De mi etapa parisina prefiero Docteur Jekyll et les femmes, de Walerian Borowczyk. Es mucho más interesante.

Es una de mis películas favoritas. En esos años también rodaste Spermula, que es la hostia de rara.
—Estaba en el Festival de Cannes con Alejandro Jodorowsky, presentando el proyecto de Dune (que luego haría David Lynch). El director de Spermula, Charles Matton, era pintor. Un tipo bastante curioso. Cuando me ofreció el papel le dije: "¿Piensas que voy a aceptar trabajar en una película con semejante título?" Me respondió: "Antes se titulaba Love Is a River in Russia, pero el productor decidió cambiarlo". Me hizo tanta gracia que le dije que sí. El rodaje fue divertido y la película es rarísima, tienes razón, pero no es mala.

¿Desde cuándo estás afincado en Hollywood?
—Vivo en Los Angeles desde hace casi 10 años. En un barrio alejado de las colinas y las estrellas multimillonarias, rodeado de gente normal. Los fines de semana escucho tiroteos entre bandas. Estoy acostumbrado. Fui allí a rodar Mi Idaho privado, con Gus Van Sant. Lo conocí en el Festival de Berlín. Fue la película que me abrió las puertas de Norteamérica. Después del estreno, mi amiga Ana insistió en que me quedase una temporada para probar. Lo hice y todavía sigo allí. Para entrar en la industria americana se necesitan años. Hay que tener paciencia. Es un proceso lento. Llegar a rodar una película con Schwarzenegger me ha costado siete años. No es tan fácil como dicen. Hay que ir subiendo escalones poco a poco y ser bueno. Si no eres bueno, nada. Y si eres alemán, peor. Tengo un acento terrible, pero divertido.

Creo que eres un fan de la novela de Anne Rice Entrevista con el vampiro. ¡Que rabia que no salgas en la película!
—Sí, es uno de mis libros favoritos. Y es irónico porque, la primera vez que llegué a los Estados Unidos, me dijeron: "¿Has leído la novela? ¿No? Pues tienes que leerla. Si alguna vez se hace la peli, eres perfecto para el papel de Lestat". Se lo conté a mi agente de entonces y me advirtió: "¡Estás loco! Seguro que contratan a una gran estrella, no a ti". Resultó ser verdad: fue Tom Cruise. Y bueno, quedó bien, pero al estilo de Hollywood. ¿Entiendes?

Has hecho anuncios de Budweiser y Mercedes. En uno de Canon, sales con el tenista André Agassi, y en uno de Honda, con Anthony Hopkins. También has participado en videoclips de Supertramp, Madonna y Korn. En este último, te acompañaba Brigitte Nielsen. Has trabajado con Pamela Anderson en Barb Wire y la teleserie V.I.P. Posaste con Madonna en algunas de las mejores fotos del libro Sex. ¿No tienes prejuicios?
—¿Tú qué crees? Muchos hombres y muchas mujeres me tienen envidia por haber puesto la cabeza entre las tetas de Madonna. Me encantan las superrubias prefabricadas: Marilyn Monroe, Brigitte Bardot, Pamela Anderson, Madonna, incluso Brigitte Nielsen. Son algo más que mujeres. Son símbolos. Mi única preocupación siempre ha sido la de poder combinar este tipo de trabajos con las películas de, por ejemplo, mi amigo Lars Von Trier. Él me ha dicho que le importa una mierda lo que haga con los demás.

La sociedad americana es muy pacata en materia de sexo.
—Eso es en apariencia. En realidad, Norteamérica es el país donde más cosas relacionadas con el sexo se producen. Aunque sea a escondidas. La gente lleva una doble vida. Si toman cocaína, la toman hasta que se caen al suelo sangrando por la nariz. Si toman píldoras vitamínicas para la salud, agotan todo el abecedario: de la A a la Z. Son exagerados en todo. De sexo no hablan, pero son unos viciosos de cuidado. Es casi un asunto underground. Fíjate lo que les costó poner en pie la industria del porno, que es un invento europeo. Ahora son ellos los que controlan el mercado. Lo que no entiendo es porqué no se prohiben las armas. En Estados Unidos puedo comprarme una pistola cuando me apetezca. Si veo que alguien pisa las flores de mi jardín, le disparo. Así de fácil. Es una herencia de la cultura de los pioneros: coger un trozo de tierra, construir una casa y defenderla a tiros. El sexo no tiene nada que ver con la cultura de los pioneros.

EUROPA ÜBER ALLES Udo Kier nació el 14 de octubre de 1944, en Colonia, Alemania, en un hospital bombardeado por los aliados. Milagrosamente, su madre logró salir de debajo de los cascotes con él en brazos. Aunque ahora está afincado en California, el actor ha vivido en Italia, Francia e Inglaterra. Cada vez que visita Europa, aprovecha para rodar con cineastas tan marcianos como Christoph Schliengensief, uno de los cabecillas del Ultragore alemán, o con su amigo danés Lars Von Trier, al que conocío en una cervecería. Udo ha salido en todas sus películas menos en la primera, El elemento del crimen, y en Los idiotas, y es padrino de su hijo.

Cuéntame algo de tu infancia.
—Crecí en un barrio pobre. Cada domingo, mi madre se iba con alguien distinto a la cama. Me daba dinero para que me perdiese por ahí. Yo me compraba una gran bolsa de galletas rotas y me sentaba junto al río para ver pasar a los barcos. Quería largarme. Tuve que esperar a cumplir los 18.

¿Cómo conociste a Fassbinder?
—En un bar de mala muerte. Él tenía 16 años y yo 17. Él era feo y yo guapo. Hacíamos una buena pareja. Nos buscábamos la vida. Saliendo juntos, pillábamos más cacho que por separado. Le perdí la pista. Bastante más tarde, en Londres, vi una foto suya en la revista Stern. Se había convertido en un genio del cine alemán. Fui a verle a Munich y me dio trabajo. Los primeros días no quería ser muy amistoso conmigo. Supongo que porque yo le recordaba una etapa de su vida que él quería olvidar.

¿Udo Kier es tu auténtico nombre?
—No del todo. Kier tiene más letras detrás. Es un apellido medio polaco medio alemán. Cuando me hice actor, lo acorté.

¿Cuál fue tu primer curro como actor?
—La primera película que rodé fue The Road to Saint-Tropez. Se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián. Mi cara salió en la portada de la revista Fotogramas. No era un largometraje, duraba unos 40 minutos. Hacía de gigoló. Luego interpreté a un chuloputas con cazadora de cuero en una película que se rodó en Viena. La primera cult-movie de mi carrera fue Mark of the Devil, de Michael Armstrong, donde salgo de cazador de brujas junto a Herbert Lom.

¿Escribirás algún día tu biografía?
—Mucha gente se ha ofrecido para escribirla, pero prefiero dejarlo para más adelante. No la escribiría personalmente. Lo haría con un colaborador. Pondría una grabadora en marcha y empezaría a hablar. Eso sí, el libro tendría que publicarse después de mi muerte. Es la única condición que impondría a los editores. Los beneficios irían a parar a una fundación contra el sida o las enfermedades del corazón. No quiero ganar dinero con mi vida. Es ridículo.

¿Si se hiciese una película sobre tu vida qué actor podría interpretarte?
—No tengo ni idea. Algunos periodistas dicen que Brendan Fraser tiene unos ojos parecidos a los míos. Todo el mundo se fija mucho en mis ojos. Pero no me parece una buena elección.

¿La película estaría clasificada X o sería para todos los públicos?
—Sería para todos los públicos... que fuesen capaces de resistirlo. Supongo que para adultos. Lo mejor sería que me inventase todo, como Marlene Dietrich. Mis fans quieren que cuente historias sobre orgías en castillos, drogas duras, chulazos y mujeres viciosas. Mi obligación es no defraudarles. Me pagan por ser misterioso.

Acabas de rodar tu primer largo como director. ¿Es autobiográfico?
—Se titula >i>Broken Cookies (Galletas rotas) y se subtitula The Story of Lola Stein. Lola soy yo: un transexual que vive en Hollywood y se desplaza en silla de ruedas. Trabajo con otros transexuales que van en silla de ruedas, en una empresa de telefonía erótica. No es un documental, pero tiene espíritu de documental. Me he basado en algunas cosillas de mi vida. Está protagonizada por transexuales auténticos con las tetas así de grandes. También sale Francesca Kitten Natividad, que es una buena amiga mía. La he rodado siguiendo los preceptos del Dogma 95. Al menos, eso creo. Lo gracioso del Dogma 95 es que, si rompes alguna de las reglas, tienes que confesarte públicamente. ¡Y a mí me encanta confesarme!


FILMOGRAFIA

1966
La route de Saint-Tropez/Road to St.Tropez, de Michael Sarne

1968
Schamlos, de Eddy Saller
La stagione dei sensi, de Massimo Franciosa

1969
La Horse/Il clan degli uomini violenti, de Pierre Granier-Deferre

1970
Hexen bis aufs Blut gequält/Mark of the Devil, de Michael Armstrong

1971
Proklisis/Provocation, de Omiros Efstratiadis
Erotomaneis, de Omiros Efstratiadis

1972
The Salzburg Connection, de Lee H.Katzin
Analikes amartoles/Sexual Eroticism, de Omiros Efstratiadis y Apostolof Tegopoulos

1973
Pan, de George Moorse

1974
Flesh for Frankenstein/Andy Warhol’s Frankenstein/Il mostro è in tavola, barone... Frankenstein!, de Paul Morrissey
Blood for Dracula/Andy Warhol’s Dracula/Dracula cerca sangue di vergine... e mori di sete!, de Paul Morrissey

1975
Der Letzte Schrei, de Robert Van Ackeren
Histoire d’O, de Just Jaeckin
Exposé/Trauma/House on Straw Hill, de James Kenelm Clarke

1976
Goldfloken, de Werner Schroeter
Spermula, de Charles Matton

1977
Suspiria, de Dario Argento
Quel maledetto treno blindato, de Enzo G.Castellari
L’alba dei falsi dei/Das Fünfte Gebot, de Duccio Tessari
Bolwieser, de Rainer Werner Fassbinder (TV)
Belcanto oder Darf eine Nutte schluchzen?, de Robert Van Ackeren

1978
Krétakör, de Gabor Body

1979
Magyar rapszódia, de Miklòs Jancsò
Die Dritte Generation, de Rainer Werner Fassbinder

1980
Berlin Alexanderplatz, de R.W.Fassbinder (TV)
Lulu, de Walerian Borowzcyk
Nàrcisz és Psyché, de Gabor Body
Deustchland Privat, de Robert Van Ackeren

1981
Lola, de R.W.Fassbinder
Lili Marleen, de R.W.Fassbinder
Docteur Jekyll et les femmes, de W.Borowzcyk

1982
Die insel der blutigen Plantage, de Kurt Raab

1983
Die Wilden Fünfziger, de Peter Zadek
Pankow ’95, de Gabor Altorjay

1984
Hur und Heiling, de Cornelia Schlingmann

1985
Verführung: Die grausame Frau, de Elfi Mikesch y Monika Treut
Der Unbesiegbare, de Gusztav Hamos
Die Einsteiger, de Siggi Gotz

1986
Die Schlacht der Idioten, de Christoph Schliengensief
Am nächsten Morgen kehrte der Minister nicht an seinen Arbeitszplatz zurück, de Monika Funke-Stern
Egomania - Insel ohne Hoffnung, de Ch.Schliengensief

1987
Medea, de Lars Von Trier (TV)

1988
Epidemic, de Lars Von Trier
Mutters Maske, de Ch.Schliengensief

1989
100 Jahre Adolf Hitler - Die letzte Stunde im Führerbunker, de Ch.Schliengensief

1990
Das Deutsche Kettensägen Massaker, de Ch.Schliengensief

1991
Europa, de Lars Von Trier
My Own Private Idaho, de Gus Van Sant

1992
Terror 2000 - Intensivstation Deutschland, de Ch.Schliengensief

1993
Plötzlich und unerwartet, de Michael Brynntrup
Josh and S.A.M., de Billy Weber
Even Cowgirls Get the Blues, Gus Van Sant
Three Shake-a-leg Steps to Heaven, de Andy Bausch
For Love and Money, de Barry Sonnenfeld

1994
Rotwang muss weg!, de Hans Christoph Blumenberg
Riget/The Kingdom, de Lars Von Trier (TV)
Ace Ventura: Pet Detective, de Tom Shadyac

1995
Paradise Framed, de Paul Ruven
Die Gebrüder Skladanowsky, de Wim Wenders
Ausgestorben, de Michael Pohl
Johnny Mnemonic, de Robert Longo
Nur über meine Leiche, de Reiner Matsutani

1996
Lea, de Ivan Fila
United Trash, de Ch.Schliengensief
Barb Wire, de David Hogan
Breaking the Waves, de L. Von Trier
The Adventures of Pinocchio, de Steve Barron
The End of Violence, de Wim Wenders

1997
Betty, de Richard Murphy
Die 120 tage von Bottrop, de Ch.Schliengensief
Prince Valiant, de Anthony Hickox
Riget 2/The Kingdom 2, de Morgen Arnfred y L. Von Trier (TV)

1998
Simon Says, de Jim O’Malley
Schuldig, de Markus Fischer
Modern Vampires/The Revenant, de Richard Elfman
Blade, de Stephen Norrington
Armageddon, de Michael Bay

1999
End of Days, de Peter Hyams
Doomsdayer, de Michael J.Sarna
Ice, de Jean de Segonzac
The Last Call, de Steve Curland
History is Made at Night, de Ikka Jarvilaturi
The Debtors, de Evi Quaid
The New Adventures of Pinocchio, de Michael Anderson
Besat/Possessed, de Anders Ronnow-Klarklund
Unter den Palmen, de Miriam Kruishoop

2000
The Shadow of the Vampire, de E.Elias Merhige
Dancer in the Dark, Lars Von Trier
Citizens of Perpetual Indulgence, de Alex Monty Canawati
Red Letters, de Bradley Battersby
Cadillac Tramps, de Thomas Sjölund
There’s No Fish Food in Heaven, de Eleanor Gaver
Just One Night, de Alan Jacobs
Invincible, de Werner Herzog
Critical Mass, de Fred Olen Ray
Dogme 7 - Broken Cookies, de Udo Kier
Die Gottensanbeterin, de Paul Harather
Die Blutgräfin/The Bloodcountess, de Ulrike Ottinger

2001
Revelation, de Stuart Urban
Megiddo: Omega Code 2, de Brian Trenchard-Smith
The Last Minute, de Stephen Norrington
Double Deception, de Shundo Ohkawa
Auf Herz und Nieren, de Thomas Jahn y Til Schweiger
All the Queen’s Men, de Stefan Ruzowitzky
Der Achte Tag, de Lars Henning-Jung y Alexander Tava

Veranos de cine: Belleza robada

Veranos de cine: Belleza robada Hay veranos que son como dormir la siesta encima de un hormiguero de besos. Bernardo Bertolucci, cineasta de tonos cálidos y ocultas intenciones, lo sabe. Más que una película, lo que le apetecía en esta ocasión era tomarse un respiro a la sombra de un árbol solitario plantado en medio de un recuerdo adolescente. Muchos críticos no le perdonaron el capricho y le retiraron el saludo. Allá ellos. La protagonista yanqui de su historia, Liv Tyler, toda morritos y piernas largas, viaja a la vieja Europa subida en un videoclip ultramoderno con alas. Nada más bajarse de las nubes, se pone colorada sabiéndose extranjera en tierra extraña. En la Toscana italiana, que es donde la reciben con los brazos abiertos, se respira un ambiente de retozo continuo, como de teleserie erótica de los años setenta. Las personas mayores se acuestan de madrugada y se levantan tarde. Contemplan cada anochecer pintándolo con la mirada. En medio de este grupo de veraneantes ricos, elegante en su imparable decadencia, Jeremy Irons interpreta a un caballero enfermo. Cuando nadie le presta atención, se entretiene jugando al escondite intelectual con la ingenua quinceañera. A cambio, ella trata de reordenar sus revoltosas hormonas haciéndose un lío. Del lío surge una tensión sexual que provoca no pocos equívocos. En el último rollo, encajada en un extraño limbo espaciotemporal, se celebra una fiesta de disfraces de lo más pedante, que deja paso al clímax amoroso del relato, resuelto a contraluz y adoptando la postura del misionero. Lo demás son retazos de estío —que no de estilo— envueltos en esteticismos de viejo verde. El más memorable quizás sea el chapuzón nudista de la bella Rachel Weisz en una piscina de aguas lentas.

Belleza robada (Stealing Beauty), de Bernardo Bertolucci. Inglaterra-Italia-Francia, 1996.

Veranos de cine: Belle Epoque

Nabokov lo sabía: hay veranos de primitas al sol que calientan toda una vida. Belle Epoque, la película que obligó a Fernando Trueba a pronunciar la frase más ingeniosa de la historia de las ceremonias de entrega de los Oscar (aquella que le hacía un feo a Dios piropeando, de paso, a Billy Wilder), describe con motivación y sutileza uno de esos veranos inolvidables. Cuatro son las adolescentes guapas que le pegan un buen bocado en el corazón al protagonista, Jorge Sanz, siempre atento a los guiños del azar en su condición de prisionero en fuga hacia ninguna parte. Aleccionado por Fernando Fernán Gómez, que es un viejo verde que pinta cuadros en blanco, el chaval recibe su homenaje por cuadruplicado, descubriendo, de paso, el significado del carpe diem. El marco es una casa de campo con aire portugués, rodeada de minúsculos paraísos de verdura republicana propensos a la alegría zarzuelera. Allí se suceden los envites amorosos. A Maribel Verdú, una de las ninfas, le tiembla el trasero mientras solloza tumbada sobre su cama. Miryam Díaz Aroca se deja ir junto a la corriente de un río que va hacia la mar, que es el morir (aunque esté mal decirlo). Ariadna Gil, la más delgada, se disfraza de militar y se pinta un bigote con carbón para marcarle el ritmo en la entrepierna a su asustado galán, convenientemente ataviado de sirvienta por una noche (de carnaval). Antes de que termine la función, es la pequeña Penélope Cruz, con los ojitos rojos, la que esboza el mohín erótico definitivo, con una ingenuidad de ésas que desarman y encabritan al mismo tiempo. Tan amable y luminosa es la película, que se permite llegar al final justo cuando las cosas van a ponerse realmente feas. Un ruego: que nadie haga nunca la secuela.

Veranos de cine: La ardilla roja

Veranos de cine: La ardilla roja La segunda película de Julio Medem huele a verano inventado. De ésos que todos creemos haber experimentado al menos una vez en la vida. Es una historia de amor entre un chico y una chica que chocan el uno contra el otro justo cuando más falta les hacía un buen meneo. El, Nancho Novo, ha borrado todas las letras de su nombre menos una: la J mayúscula. Ella, Emma Suárez, se repone de un accidente de moto con el que pretendía perder la cabeza y, de paso, la memoria. Animados por la indefinición de un guión escrito a golpe de intuición adolescente, enseguida entablan conversación espolvoreada de mentirijillas. De telón de fondo tienen un camping bañado al sol. Los campings, en temporada vacacional, son como microcosmos improvisados a partir de un big-bang de temporada. En ellos, abundan los taxistas, los mirones, las calenturas, las neveras portátiles, los niños curiosos y las ensaladas frescas. Como a ella le gusta que le metan mano "por detrás y hacia delante", se divierte atrapando caricias con los muslos, entre las costuras del vaquero. Más que una mujer misteriosa, es una mujer secreta que muerde con su sexo. Por fortuna, a él le encanta pillarse los dedos. Igual que a todos. De esta forma pasa el tiempo sin que pase nada, que es como mejor pasa el tiempo entre julio y agosto. Los minutos van transformándose en besos, y las horas, en preguntas sin respuesta. Cuando Carmelo Gómez, ex-amante tortuoso, surge de la última curva atropellando cuanto encuentra a su paso, nos pilla pensando en una frase ingeniosa de ida y vuelta. Al final, las imágenes de una fotografía se mueven solas y el tesoro del amor aparece en un zoológico. Sección: ardillitas. Al cine español le sale un diente.

La ardilla Roja, de Julio Medem. España, 1992.
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Doble X: 20 años de cine porno made in Spain

Doble X: 20 años de cine porno made in Spain La X tacha, elimina, cierra, prohibe y censura, pero también señala el lugar en el mapa donde se encuentra enterrado un tesoro. Por regla general, cuando no se disfraza de madre de todas las incógnitas o indica un empate futbolero, sirve para elevar la temperatura del entorno. Del conjunto de letras de nuestro alfabeto, la X es la que más llama la atención: se la ve de lejos y suena bien fuerte. En la palabra ’sexo’ funciona como perfecto reclamo icónico y auditivo que atrae y previene, seduce y repele al mismo tiempo. A nadie debería sorprenderle el hecho de que, en menos de medio siglo, haya acabado convirtiéndose en principal seña de identidad de la industria del porno. Pocas etiquetas poseen tanta capacidad de adaptación al medio. A cualquier medio.

GUARRERIDAS ESPAÑOLAS. La calificación X se implantó oficialmente en España hace dos décadas, en 1983, mucho más tarde que en otros países civilizados. Supuso la culminación de un proceso iniciado 18 años antes, después de la muerte de Franco. En este intervalo, los españoles pasaron del ’destape’ al erotismo clasificado "S"; de las suecas en biquini al desnudo integral de Susana Estrada; de los penes flácidos a la contundencia golosa de Garganta profunda. Se quemaron etapas a toda prisa, de forma desordenada y divertida. Con la apertura de las primeras salas X, todo el mundo pensó que el porno le cambiaría la cara a la industria del cine español. Sucedió justo lo contrario: la presión fiscal y la aplicación de leyes restrictivas obligaron a los profesionales a refugiarse en un ghetto. En medio de este caos, el gran público empezó a exteriorizar síntomas de hartazgo. La situación fue empeorando progresivamente y, a finales de los 80, el erotismo canalla y el sexo explícito dejaron de estar de moda.

Diez años ha invertido la pornoindustria española en reinventarse a sí misma, con resultados muy positivos. Entre otras cosas, ha consolidado un pequeño star-system autóctono con proyección internacional; ha propiciado la aparición de un nuevo tipo de pornófago, más curioso y mejor preparado, y ha incrementado sus posibilidades de interactividad con otros lenguajes artísticos. La pornografía ya está al alcance de millones de consumidores a través de sex-shops, quioscos de prensa, Internet, líneas 906, plataformas digitales, canales de pago y televisiones de barrio. Según cifras oficiales, la facturación anual del sector ronda los 350 millones de euros, cada mes se venden 75.000 películas en vídeo o dvd, y la media de novedades sobrepasa los 12 títulos semanales.

GANG-BANG COLECTIVO EN BCN. Un reflejo de cómo van las cosas en nuestro planeta X particular lo tenemos en el espectacular crecimiento experimentado en los últimos años por el FICEB-Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona. La primera feria, montada en 1993, atrajo la atención de 1.500 curiosos; la del 2002 recibió la visita de 40.000 personas. Se espera que la asistencia a la décimoprimera edición, que se inauguró el pasado miércoles y se prolongará hasta la medianoche del domingo, aumente en un 30 por cierto.

El evento en sí se celebra en La Farga de L’Hospitalet, muy cerca de Barcelona, en un gigantesco pabellón repleto de expositores, escenarios para actuaciones en vivo, salas de proyección y zonas reservadas. Como podréis suponer, todo parecido entre el FICEB y un festival de cine convencional es pura coincidencia. Lo importante aquí no son las películas que integran la sección oficial competitiva. De hecho, casi nadie las ve. A pesar de lo mucho que se empeñan cada año los responsables del certamen en comisariar exposiciones y programar ciclos de conferencias, la mayor parte del público que pasa por taquilla va en busca de otro tipo de emociones.

Dentro del recinto ferial uno puede entretenerse de muchas formas. Cada stand ofrece algo distinto: novedades cinematográficas, juguetes sexuales, lencería erótica, complementos fetish, gastronomía afrodisíaca. Los espectáculos van de la lucha en barro al sexo en vivo, pasando por números de striptease, sesiones de sadomasoquismo y castings improvisados. Estrellas X nacionales e internacionales firman autógrafos, posan junto a sus fans y hasta se dejan meter mano. Abundan las cámaras, los mirones, los exhibicionistas, los famosetes y los periodistas. Huele a testosterona recalentada.

Al otro lado de esta orgía colectiva, los profesionales aprovechan la celebración del festival para intercambiar ideas, firmar contratos, improvisar escenas y petardear a fondo. Nunca faltan fiestas privadas a cuenta de las productoras más potentes. A muchos invitados también les atrae la posibilidad de recibir algún Premio Ninfa (el Oscar porno del FICEB). Los concede un jurado de expertos presidido por Luis García Berlanga. Este año compiten cerca de cien películas cortas y largas, gays y heteros, españolas y extranjeras, en categorías que van de la mejor starlette a la mejor escena de sexo anal. Las recompensas se entregan en el transcurso de una cena de gala sólo para vips. Siempre hay bofetadas por conseguir invitaciones.

DEL CATRE AL CIBERESPACIO. En sus 20 años de historia oficial, el cine X español ha evolucionado mucho. La primera época estuvo marcada por el entusiasmo y la chapuza. Jess Franco y su musa Lina Romay rodaron más de media docena de pornetes intercambiables: Una rajita para dos, Un pito para tres, Falo Crest y cosas así. Incluso Jaime Chávarri se animó a abordar el género con la simpática Regalo de cumpleaños. A partir de 1993, el realizador Jose María Ponce y la actriz María Bianco fueron asentando las bases de la futura industria. Juntos sacaron adelante las primeras ediciones del FICEB, rodaron clásicos de culto como Perras callejeras, y lanzaron a la primera generación de intérpretes españoles que triunfó en Europa y los Estados Unidos: Nacho Vidal, María de Sánchez, Toni Ribas, Sophie Evans, Max Cortés y Ramón Guevara, entre otros. Con la llegada del nuevo milenio, el mercado interior volvió a revitalizarse gracias a las propuestas de realizadores como Narcís Bosch, Alex Romero, Conrad Son, Dani Rodríguez, Sandra Uve y los hermanos Lapiedra, felices beneficiarios de la primera revolución digital.

En la actualidad, el cine X producido a este lado de los Pirineos se parece bastante al que triunfa en el resto de países occidentales. Su futuro depende de temas que están tratándose ahora mismo en el FICEB: sensibilidad femenina versus sensibilidad masculina; límites entre cine convencional y cine para adultos; influencia de la estética porno en el arte moderno; normalización de la industria del sexo en Internet, y otros asuntos de peso. Aunque muchos todavía se empeñan en no darse por aludidos, la pornografía del siglo XXI ha iniciado un proceso de mutación irreversible.

La polémica del momento es la que enfrenta a los partidarios del porno tradicional contra los fanáticos del gonzo, que es la tendencia que puso de moda hace unos años el realizador y productor John Stagliano con la serie Buttman. Básicamente, el estilo gonzo consiste en grabar encuentros sexuales con distintas chicas de la forma más casual posible, en primera persona e improvisando sobre la marcha. Uno de los trucos narrativos más utilizados por los gonzistas es la visita turística a ciudades como Praga y Budapest, actuales capitales mundiales del porno; otro recurso muy manido es el del casting de jóvenes debutantes. El realismo de las situaciones se acentúa filmando en lugares públicos, habitaciones de hotel, casas particulares e incluso vehículos alquilados para la ocasión. En el gonzo, las escenas de sexo duran lo que tengan que durar. Nadie se preocupa demasiado por el artificio. Ni luces ni filtros ni trucos de montaje: cuando más fresco y descarado sea el resultado, mejor. En su día, el realizador danés Lars Von Trier, autor de joyas como Rompiendo las olas y Bailar en la oscuridad, confesó haberse inspirado en el gonzo para redactar las diez normas del Dogma 95.

En nuestro país, los que más y mejor se manejan en esto del gonzo son Max Cortés y Nacho Vidal, actores kamikaze reconvertidos en realizadores todoterreno. También Rocco Siffredi, la superstar X mejor pagada de todos los tiempos, siente fascinación por este subgénero. Él mismo financia, dirige y protagoniza varios gonzos al año por puro placer personal. Está obsesionado con alcanzar el grado máximo de verismo sexual antes de cumplir los 40, aunque sea a costa de la integridad física de sus partenaires femeninas.

Frente a la rudeza machista del gonzo han surgido voces discordantes dentro de la propia industria. Se están buscando alternativas comerciales a toda prisa. Una de las más interesantes ya tiene nombre: ‘línea femenina’. Se lo han sacado de la manga los franceses para atraer a los medios de comunicación. Consiste en promover la realización de pornos más imaginativos, mejor filmados y menos estereotipados. Es decir: que gusten a las mujeres (y, a poder ser, escritos y dirigidos por mujeres). Suena a camelo oportunista, pero menos da una piedra.

Curiosamente, una de las mejores películas presentadas a concurso en el FICEB de este año es la que ha servido como presentación oficial de la ‘línea femenina’: Le parfum du désir, de Angela Tiger. A Sandra Uve, antes conocida como Tatiana Lies, primera y única directora porno de nacionalidad española, le ha gustado mucho. En su opinión: “No se trata de hacer películas más bonitas y sensibleras, sino más estimulantes. Todavía quedan muchas cosas originales por descubrir en el cine porno”. Dentro de un par de meses, Sandra rodará su segundo largometraje, 616 DF: El Diablo Español vs. Las Luchadoras del Este (ver foto), protagonizado por fornidos enmascarados, guapas terroristas y cantantes de rock’n’roll adictas al fetish. “No sé si será de línea femenina o masculina, pero espero que le guste a Jesús Franco”.

(Apoyo)
DE LAS SALAS X A LAS PÁGINAS WEB. Las primeras películas X españolas se rodaron en la clandestinidad. Hace poco, el productor Jose Luis Rado y el periodista Sigfrid Monleón descubrieron por casualidad, ocultos en un archivo, tres cortometrajes fechados entre 1920 y 1926, titulados El ministro, Consultorio de señoras y El confesor. La Filmoteca de la Generalitat Valenciana se encargó de su restauración. Según sus investigaciones, el Conde de Romanones, actuando en nombre del rey Alfonso XIII, encargó los cortos personalmente a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, dueños de la productora barcelonesa Royal Films. El 90 por ciento de este tipo de material se encuentra hoy en paradero desconocido, pero ya nadie duda de su existencia. Durante las primeras décadas del siglo pasado, en los mejores burdeles españoles se exhibieron películas semejantes, casi todas procedentes de Francia, Argentina y México. En los años 60, la censura franquista frenó la expansión de cualquier tipo de erotismo cinematográfico dentro de nuestras fronteras. Mientras tanto, entre 1966 y 1968, Dinamarca y Suecia legalizaron la pornografía. Posteriormente lo harían Suiza, Alemania, Holanda y Francia. En 1972 y 1973 se estrenaron en los Estados Unidos los dos largometrajes porno más famosos de la historia: Garganta profunda y Detrás de la puerta verde. De esta época datan los peregrinajes de españolitos al sur de Francia para ver El último tango en París y Emmanuelle. Después de la muerte de Franco surgió la moda del ’destape’. El primer desnudo integral del cine español fue el de María José Cantudo en La trastienda, allá por 1976. En 1977 desapareció la censura. Desde ese momento hasta 1982, las películas eróticas pasaron a denominarse "clasificadas S". Los primeros vídeos porno salieron al mercado en 1982. El lunes 5 de marzo de 1984 se abrieron las puertas de las salas X, diez meses después de aprobarse un decreto elaborado por Pilar Miró, entonces al frente de la Dirección General de Cinematografía. La ley obligaba a los dueños de las salas X a pagar un porcentaje de taquilla superior al 30 por ciento, y les prohibía promocionar sus películas con carteles e imágenes fotográficas. Con semejantes medidas, la crisis no se hizo esperar. De las 85 salas X que había en funcionamiento en 1987, sólo quedaban 16 en 1995. El número se redujo a 6 nada más inaugurarse el nuevo milenio. La pornografía ahora se disfruta en solitario, en casa, a cualquier hora del día y de la noche, en vídeo, dvd o cdrom, a través de Internet, fibra óptica o antena parabólica. En un futuro no demasiado lejano aparecerán los videojuegos sexuales para adultos y los entornos de Realidad Virtual triple X.
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